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Reflexiones desde la ciencia y la tecnología por Roberto Betancourt A.

La Ley de Brandolini entre los escombros

Un terremoto que sacude el suelo también convoca, minutos, horas y días después, a expertos autoproclamados e influencers inescrupulosos que difunden alertas falsas, imágenes antiguas y explicaciones que apelan a la compleja psique de algunas personas. Estas falacias, en mayor o menor medida, pueden provocar evacuaciones caóticas, distorsionar las prioridades, desviar a los equipos de rescate y minar la confianza pública.

La desigual competencia entre la verdad y la manipulación conspiratoria de la realidad fue expuesta en 2013 por el hasta entonces desconocido Alberto Brandolini. Su célebre aforismo, bautizado como «ley», sostiene que «la cantidad de energía necesaria para refutar una mentira es un orden de magnitud mayor que la necesaria para producirla». Inventar, por ejemplo, que «habrá un tsunami esta noche» lleva segundos a una sola persona, pero desmentirlo requiere que cientos o miles de personas consulten redes sismológicas, centros de alerta, especialistas y registros audiovisuales. Para entonces, el rumor ya habrá circulado por miles de teléfonos.

Tras los terremotos del 24 de junio de 2026, Venezuela comprobó esa asimetría. Los equipos de verificación (también conocidos como fact-checking) documentaron una falsa alerta de tsunami, un supuesto apagón nacional, imágenes creadas con inteligencia artificial, videos de otros eventos y muchos otros desaguisados. Incluso se atribuyeron los terremotos al programa HAARP mediante una grabación fabricada que circulaba desde meses antes. La falsedad era breve y visual, y demostrarla exigió rastreo digital, análisis geofísico, consulta a expertos y divulgación científica.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud popularizó el concepto de «infodemia» para describir la sobreabundancia de información (tanto verdadera como falsa) que acompaña a las crisis y dificulta que la población encuentre orientaciones fiables. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja también ha destacado en su Informe Mundial sobre Desastres 2026 que este tipo de información constituye una crisis humanitaria que erosiona la confianza, dificulta el acceso a la asistencia y aumenta los riesgos para las comunidades y los equipos de rescate. Por tanto, la comunicación no puede seguir tratándose como un accesorio de la respuesta, ya que también salva vidas.

Este fenómeno se ha documentado en emergencias similares. En Haití, en 2010, la iniciativa «Mission 4636» procesó más de 80.000 mensajes de alerta para las autoridades. De manera similar, en 2017, México anticipó esta tendencia a través de la organización «Verificado 19S», que proporcionaba información fidedigna a la población y a los equipos de respuesta. En Noto (Japón), en enero de 2024, se determinó que el 10 % de las solicitudes de rescate eran falsas, lo que dificultó la ayuda a las personas que sí la necesitaban.

Las investigaciones demuestran que este fenómeno puede mitigarse construyendo una cultura de comunicación basada en fuentes oficiales muy reconocidas y actualizaciones permanentes. La lección aprendida es sencilla: la confianza pública se construye con paciencia y (mucho tiempo antes del desastre) mediante instituciones creíbles, transparencia y educación científica.

Venezuela puede crear un protocolo nacional de integridad informativa que incluya una sala de verificación, boletines periódicos (con hora exacta), fuentes y niveles de incertidumbre, un registro estructurado de solicitudes de rescate, educación preventiva sobre predicciones, réplicas y tsunamis, entre otros contenidos De este modo, sería posible distinguir al creador malicioso, del amplificador coordinado y de quien reenvió por mero temor. La integración de las comunidades organizadas es indispensable.

La Ley de Brandolini no afirma que la verdad esté condenada, sino que nos recuerda que defenderla resulta costoso cuando se comienza demasiado tarde. Ese esfuerzo puede reducirse con instituciones transparentes, científicos accesibles, periodistas especializados rigurosos, archivos forenses, comunidades organizadas y ciudadanos que renuncien a compartir mensajes meramente «por si acaso». Tras un terremoto, cada minuto cuenta. También cada palabra.

@betancourt_phd

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Duro golpe al empleo por Arturo Tremont

La aplicación tecnológica de la Inteligencia Artificial (IA), la contracción económica generada por los conflictos armados Rusia- Ucrania, Estados Unidos- Irán, aunado a las políticas neoliberales, han ocasionado un duro golpe al empleo de las trabajadoras y trabajadores.

Las grandes Corporaciones de los Estados Unidos han declarado que disminuirán los puestos de trabajo que sean susceptibles de sustituir por la Inteligencia Artificial, lo cual significa el despido de miles de trabajadoras y trabajadores.

En Alemania, la empresa de automóviles Volkswagen anunció el cese de empleo a más de cien mil trabajadoras y trabajadores, en sus cuatro plantas en el país.

En Argentina, fue liquidado el Programa Volver al Trabajo, con casi un millón de beneficiarios que recibían un promedio de 78.000 pesos mensuales. Este Programa estaba protegido por una acción cautelar en los Tribunales, pero finalmente la Justicia eliminó esa protección social, dejando libre al gobierno de Javier Milei para eliminarlo en forma definitiva, otra acción mas de esta orientación neoliberal.

En Chile, el Presidente José Antonio Kast ha propuesto reformar la jornada laboral de 40 horas a 52 horas, calculando su ejecución en el período de un año.

Recordemos que la disminución de la jornada laboral en Chile fue progresiva, de 48 horas semanales a 40 horas semanales, una reforma impulsada por la Ministra del Trabajo, Jeanett Jara y la dirigente política Camila Vallejo, llevaron adelante ese proyecto de reforma laboral, finalmente aprobado por el Congreso Nacional de Chile.

En este contexto, las organizaciones sindicales y sociales tienen un rol importante, la defensa del derecho al trabajo digno y decente, la protección social a los cesantes, mediante los programas de seguro de paro forzoso y otros mecanismos institucionales.

Caracas.

arturotremont@gmail.com

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Cantar en coro por Alí Ramón Rojas Olaya

El martes 15 de julio de 1930, en la esquina caraqueña de Cipreses donde se erige el teatro Nacional, el maestro Vicente Emilio Sojo dirigió el Orfeón Lamas. Esa noche, el primer coro estable de Venezuela se estrenó oficialmente con un repertorio venezolanista pleno de madrigales y canciones corales que se estrenaban mundialmente. Aquellos orfeonistas, como los de hoy, sabían que cantar en coro es el acto de ser muchos siendo uno. No es una suma de individualidades, sino una comunión de almas que exhalan el mismo sueño en registros distintos. Cantar en coro es despojarse del ego para habitar la escucha. Es el arte de desaparecer en la belleza del todo, donde la voz propia se vuelve invisible, pero absolutamente imprescindible. Cantar en coro es un pacto de respiración compartida. Es cuando inspirar y espirar se vuelven un territorio común. Es aprender a ceder el paso a la voz prójima para que el colectivo canoro trascienda la suma de sus partes.

El canto coral es un acto de fe horizontal en el que cada diafragma es un hilo frágil, pero varios tejen un manto sonoro que cobija, sostiene y eleva. Es la certeza de que la propia nota suena mejor cuando está afinada con la nota del otro. El canto coral en esencia es arquitectura invisible hecha de ondas. Como una catedral gótica donde los tenores y bajos son los arbotantes que cimientan la tierra y las sopranos y contraltos son las agujas que perforan el cielo, y en el centro, la armonía es la bóveda de luz que sostiene el espacio vacío. El canto coral es a la vez vuelo de pájaros en bandada en la misma dirección, pero con distintos aleteos, y oleaje marino con sus crestas y valles de melodía que se funden en la misma marea. Pero, sobre todo, el canto coral es el latido colectivo de la tribu. Es el primer ritual humano para tocar el cielo con las manos vacías, un espejo de la sociedad ideal donde la diversidad de timbres no desafina, sino que enriquece, y donde el silencio entre notas también se respira en comunión.

En la Venezuela de estos días, el canto coral no busca disfrazar la tragedia ni endulzar el horror. Busca, más bien, ser la vibración que contrarresta el estruendo, la frecuencia humana que le recuerda a la tierra que, aunque se mueva, hay una comunidad que elige vivir en armonía con ella y permanecer unida en sus acordes.  Porque al fin y al cabo, cantar en coro es un ejercicio de amor en el que se renuncia al protagonismo para que, al unísono, florezca algo más grande que cualquier voz solitaria: la voz plural, la voz colectiva, la voz de todos. Aún en este duelo, decimos con Aquiles Nazoa, «creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable» y «creo en los poderes creadores del pueblo». Aún en este duelo decimos con Argimiro Gabaldón, «no permitas que tu dolor se esconda. Somos la vida y la alegría en tremenda lucha contra la tristeza y la muerte». ¡Feliz Día Nacional del Canto Coral!

 

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Semillas de Soberanía por José Alfredo Ureña

VENEZUELA DEBE INVERTIR EN EL CAMPO: EL DOBLE DESAFÍO DE LA SEGURIDAD SÍSMICA Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

Los recientes eventos sísmicos que afectaron la región centro-norte costera de Venezuela deben ser interpretados como una advertencia de la naturaleza y una oportunidad para replantear el modelo histórico de ocupación del territorio nacional. Más allá de la atención inmediata de la emergencia y de la reconstrucción de las zonas afectadas, el país necesita asumir una visión estratégica de largo plazo que integre la gestión del riesgo sísmico con la planificación territorial y el desarrollo agroproductivo, que garantice la seguridad y la soberanía alimentaria

La historia sísmica de Venezuela demuestra que los terremotos más destructivos se han concentrado en el eje centro-norte costero, donde están las fallas de Boconó, San Sebastián, Morón, Oca – Ancón y El Pilar. Desde la época colonial hasta nuestros días, ciudades como Caracas, La Guaira, Cumaná, Mérida, El Tocuyo y otras poblaciones han sufrido terremotos que evidencian que esta región forma parte de la zona de mayor amenaza sísmica del país

Paradójicamente, durante décadas Venezuela ha continuado concentrando su crecimiento urbano precisamente en esa franja territorial de mayor vulnerabilidad. Diversos análisis de ordenamiento territorial estiman que alrededor del 80 % de la población venezolana se encuentra asentada en aproximadamente el 20 % del territorio nacional, representado en el eje centro-norte costero. En contraste, el 80 % restante del territorio, donde se localizan extensas reservas de agua dulce, tierras agrícolas, bosques, biodiversidad y recursos estratégicos para la producción de alimentos, permanece escasamente poblado

La respuesta del Estado no puede limitarse a reconstruir donde existe el riesgo y el peligro es inminente. La verdadera solución consiste en iniciar una política nacional de desconcentración territorial, promoviendo el desarrollo equilibrado del interior del país y reduciendo progresivamente la presión demográfica sobre las áreas de mayor riesgo sísmico

Esta estrategia coincide, además, con uno de los mayores desafíos nacionales: alcanzar la soberanía alimentaria. Venezuela dispone de millones de hectáreas con alto potencial agroecológico, abundantes recursos hídricos y una extraordinaria diversidad biológica; sin embargo, la población rural representa cerca del 11% de la población total nacional, lo que limita el aprovechamiento sostenible de ese enorme patrimonio territorial

El fortalecimiento de la ruralidad debe dejar de verse únicamente como una política agrícola y convertirse en una política de seguridad de Estado, de ordenamiento territorial y de reducción del riesgo de desastres

Los recientes eventos sísmicos deben convertirse en un punto de inflexión. Venezuela tiene la oportunidad de corregir un modelo de ocupación territorial que ha concentrado población, infraestructura y actividad económica en la región de mayor amenaza geológica, mientras amplias zonas del país con extraordinarias condiciones para la producción agroalimentaria permanecen subutilizadas. Proteger la vida de los venezolanos, garantizar la soberanía alimentaria y construir un desarrollo territorial equilibrado no son objetivos separados; forman parte de una misma visión de Estado que debe orientar las decisiones públicas durante las próximas décadas

En este contexto, se proponen las siguientes acciones prioritarias para el Gobierno Nacional:

  1. Elaborar la microzonificación sísmica de La Guaira y de todas las ciudades ubicadas en el eje centro-norte costero antes de autorizar nuevos desarrollos urbanísticos
  2. Actualizar y hacer cumplir estrictamente las normas venezolanas de construcción sismorresistente, fortaleciendo la inspección técnica durante la ejecución de las obras
  3. Diseñar un programa progresivo de reubicación de familias asentadas en zonas de riesgo no mitigable, garantizando viviendas seguras, servicios públicos y oportunidades de desarrollo construyendo las ciudades agroproductivas
  4. Impulsar un Plan Nacional de Desarrollo del Interior, orientado a consolidar ciudades agroproductivas, parques agroindustriales y nuevos asentamientos planificados en regiones con menor amenaza sísmica y mayor potencial productivo
  5. Crear la Gran Misión Vuelta al Campo para incentivar la migración productiva hacia el medio rural mediante programas de producción agropecuarios, créditos, infraestructura, sistemas de riego, conectividad digital, educación, salud y servicios en general, programas de apoyo a jóvenes productores, con el propósito de incrementar la población rural y fortalecer la producción nacional de alimentos
  6. Integrar la planificación territorial, la política de vivienda, la seguridad alimentaria y la gestión del riesgo dentro de una misma estrategia nacional de desarrollo sostenible
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Musiquemos por Andrés Felipe García Torres

Lo primero que llega al presentarse una catástrofe con riesgos para la vida humana es la ayuda más cercana: la del núcleo familiar primero, luego la vecindad, el estado y después la ayuda exterior. Hay quien cree que los rescatistas deben estar presentes apenas ocurre el siniestro, técnicamente parece razonable, pero por razones geográficas y humanas obvias, esta ayuda llega tarde, así que los primeros en llegar y ayudan son los están allí al momento del suceso. Sí, la cultura venezolana aplaude, conserva y practica la solidaridad, hacer el bien sin mirar a quien, el respeto mutuo, asumir que somos iguales sin distingo entre nosotros, profeses la religión o partidismo político que fuere, damos pan y cobijo a quien lo necesita sin preguntar ni esperar ganancia por ello, recibimos visita y ofrecemos asiento y café, apenas al conocernos compartimos el trago y hoy, luego de las penurias causadas por las medidas coercitivas, nuestras reuniones sociales son de “traje” y cada quien aporta algo al condumio. En los años 50 acción democrática usó la imagen de “Juan Bimba”, un campesino pobre, pero honrado como se decía y con ello lograron muchos adeptos que perdieron cuando se elitizó. Tampoco es casual que el discurso igualitarista y solidario con el más débil del comandante Chávez lograra gran apoyo y es que el venezolano se coloca siempre del lado del débil. Esta venezolanísima actitud quedó demostrada en la multitudinaria acción la tarde de San Juan, en la zona de desastre en La Guaria, Caracas y otros lugares, con esa pulsión esencial y natural humana de proteger la vida y es que hacer lo contrario sería antivenezolano.

Otros aprendieron por la escuela y la mediática que todo lo extranjero es bueno y mejor, compraron el discurso imperial sin filtro ni medida, dispuesta a destruir hasta los cimientos con tal de abrir las puertas a la intervención extranjera. Personas que viven para tener, obviando el ser, sobre todo el ser de los demás. Practican la caridad y no la solidaridad. Una minoría amplificada mediáticamente y cree que es mayoría, que asume como verdad lo que les dicen y comprenden la vida desde una cultura ajena a la venezolana, que quiere ver otro país en este territorio, sin venezolanos. Muchos migraron. Otros actúan cual animal carroñero, ignoran el contexto al informar sobre aquél loable impulso humano y mienten descaradamente diciendo que el vecino es un rescatista del estado, ocultando que estas labores requieren un orden, que lleva tiempo organizar, localizar y movilizar personal. Pero se les ve la costura, la mala intención y mezquino interés.

Nuestro País, como todos, contiene lo bueno y lo malo y para salir adelante, aun con dolor, nos corresponde musicar como una orquesta, donde cada cual toca el instrumento que sabe tocar bien y así aporta a la sinfonía que se requiere para reconstruir este país, nuevo y armónico donde se equilibren sus opuestos.

*Músico docente

andresgarciator@gmail.com

Bolivar america

Bolivarianismo, histórica visión Nuestramericana Por: Irán Aguilera

Pudiera asegurarse que el Bolivarianismo y el Monroísmo son los dos proyectos que desde hace doscientos años se han enfrentado para definir el curso de la historia del hemisferio. El primero enarbola la bandera del antiimperialismo mediante la unidad de las repúblicas que existen entre el Río Bravo y la Patagonia; el segundo busca la integración de todo el continente, pero bajo la hegemonía de Estados Unidos (EE.UU.). Mientras el bolivarianismo defiende la unión exclusiva de las naciones de origen hispano o latinoamericano para salvaguardar su soberanía política y económica, el monroísmo busca alinear a los gobiernos de la América Nuestra con los dictámenes de Washington.

La versión monroísta conocida como Panamericanismo apareció a finales del siglo XIX, impulsada por James G. Blaine, promotor de la Primera Conferencia Internacional Americana de 1889. Este fue un intento de manipulación ideológica del pensamiento de Bolívar sobre los propósitos del Congreso de Panamá, presentándolos como una integración de alcance geográfico total (incluyendo a EE.UU. y Canadá). Dicha propuesta se montó sobre el eje del comercio bilateral, el arbitraje “pacífico” y la seguridad hemisférica, según lo establecido por la política exterior estadounidense y bajo el lema monroísta de 1823: «América para los americanos».

Históricamente, la hegemonía de EE.UU. en el continente se ha articulado en torno a tres conceptos clave: el Destino Manifiesto, pretendida justificación de su supremacismo por un supuesto mandato divino; la noción de «patio trasero», arraigada en la Doctrina Monroe, con la que intenta confinar a la región como su zona de influencia exclusiva; y la OEA, creada en 1948 como su marco diplomático y multilateral. De este modo, se constituyó todo un engranaje institucional que no solo estructuró una estrategia económica orientada al libre mercado para el control continental, sino que le concede a Washington el derecho de intervenir para garantizar su dominio sobre el hemisferio.

Por el contrario, el bolivarianismo tiene en el Libertador Simón Bolívar a su ideólogo original con el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826. Este hito impulsó un pacto de asistencia mutua y una gran alianza defensiva ante la amenaza real de las potencias globales de reconquistar o asimilar las repúblicas nacientes. A diferencia del enfoque de su contraparte, el proyecto bolivariano es exclusivo de Hispanoamérica, sustentándose en la soberanía nacional, la solidaridad, el carácter defensivo y el protagonismo popular.

A dos siglos de distancia, esta contradicción sigue vigente. El bolivarianismo fue resignificado en el siglo XXI por gobiernos verdaderamente nuestroamericanos. Con el liderazgo del Comandante Hugo Chávez comenzó a rescatarse el nacionalismo patriótico, con la mirada puesta en los propósitos del Congreso de Panamá. El ideario de Bolívar ha sido la fuente de inspiración contemporánea de bloques regionales como el ALBA-TCP, la CELAC o UNASUR, concebidos para resistir y construir un polo que coadyuve en la búsqueda de un mundo mucho más equilibrado.

 

palcarito3@gmail.com

Barcelona/Edo. Anzoátegui

Terremoto 1812

Historia: Los terremotos de 1812

Es habitual que eventos catastróficos se sigan recordando por meses, por años, por décadas e, incluso, por siglos. En lo que se refiere a terremotos, hasta bien entrado el siglo XX, se seguía hablando del sismo que estremeció a Cúcuta en 1878. Hay otras inseguridades del suelo que dan pie a los estremecimientos de ánimo, a las reflexiones y a las meditaciones durante siglos. Todos hemos oído hablar de las terribles violencias de tierra que asolaron a nuestro país el 26 de marzo de 1812.

1812: fueron tres terremotos

          Sucedió hace más de dos siglos y aún tenemos viva la tragedia en la memoria. Algunos la siguen llamando el terremoto de Caracas de 1812. Y digo que la siguen llamando porque no debería ser así. Estudios recientes obligan a ver este fenómeno de la naturaleza desde una perspectiva más cabal. Por esa razón he optado por el título en plural y no en singular, como suele acostumbrarse.

En efecto, estudios recientes adelantados por el colega Rogelio Altez han podido comprobar que se trató de tres fuertes sacudidas que asolaron a Venezuela y no de una, como suele repetirse. Se produjeron casi en forma simultánea. La primera, tuvo lugar en Caracas a las 4 (otros dicen que a las 4:07) de la tarde; a los 20 minutos aproximadamente, hubo otro que tuvo a Mérida como epicentro; el tercero, fue en Barquisimeto. Casi toda la geografía de esos amplios territorios quedó devastada.

Sé que todavía hay más que aprender de aquellos sismos de 1812. Por ejemplo, poco se sabe que hubo otro (supongo que una réplica) el 4 de abril a las 3:30 de la tarde. Varios testimonios del momento lo referencian. Pero, en lo que se refiere al primero, el del día 26, entre otras razones fue devastador porque, cuando menos en Caracas, duró 1:50 minutos, similar en tiempo al del 24 de junio de 2026 .

Los testimonios del momento

Sobre esos terremotos de marzo de 1812, hubo varios testimonios de quienes sufrieron la catástrofe natural. Tal vez, el más conocido sea el volumen del médico realista José Domingo Díaz; hablo de aquel que tituló Recuerdos sobre la rebelión de Caracas (la primera edición es de 1829). Ahí registró este autor las que, según él, habrían sido palabras del joven Simón Bolívar cuando se irguió sobre las ruinas del convento de San Jacinto. Todos los nacionales de este país las conocemos: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Obviamente, lo que pretendía el libelista era demonizar al Libertador al acusarlo de sacrílego.

No fue el único testimonio. Como he apuntado, hay otros autores que consignaron el hecho. Por ejemplo, el mismo año de este sismo de 1812, se generó el apuntamiento del francés amigo del Libertador, Luis Delpech, impresor que junto a Juan Baillío publicó importantes periódicos que apoyaban la causa republicana, como el Semanario de Caracas y El Patriota de Venezuela. Recordó de manera puntual cómo el suelo comenzó a ondular bruscamente «como el mar en calma» antes de descargar su total fuerza destructiva.

También quiero llamar la atención en este momento sobre la edición de Gaceta de Caracas que salió el 25 de abril de 1812. Esas páginas son valiosas porque no sólo se detuvieron en el sismo del 26 del mes anterior, sino que informaron sobre otros movimientos sísmicos que habían abatido nuestro país.

El testimonio de una monja

En este rápido recuento de los textos que dieron cuenta de estos sismos de 1812, vale la pena detenernos en otros registros discursivos. En particular, es de importancia llamar la atención sobre un par de escritos que son menos conocidos. Diría que estamos escasamente familiarizados con ellos.

El primero de ellos es un poema. Fue escrito por una monja caraqueña que había nacido en 1765. Esta religiosa escribió unos versos que tituló, precisamente, «El Terremoto».  Como cabe suponer, vivió directamente los hechos. Son cincuenta y cinco estrofas que se detienen en detalles singulares.

La singularidad consiste en que nos sitúa en la intimidad de la vida de estas carmelitas, obligadas a abandonar temporalmente el claustro. Al estar al descampado, buscaron refugio en una carpa improvisada que un par de voluntarios las ayudaron a instalar en las faltas del monte El Calvario, acá en Caracas. Se infiere que la escritura se generó en 1813, porque en la segunda estrofa manifiesta: “Qué triste son los asuntos/ que se nos han presentado/ en el discurso de un año/ al pie del Monte Calvario”. Hago la acotación de que la palabra “discurso” debemos entenderla en la acepción de “transcurso”.

En determinado momento, se refirió al plano personal. Habló de cómo asumir una experiencia tan dolorosa como aquella y de cómo enfrentarla. Su consejo no pudo ser más propio de una persona creyente y practicante de la religión que profesaba. Recomendó a todos que, después de las quejas, debía asumirse la conformidad. Una conformidad (hoy los psicólogos la llaman aceptación) que debe ser de tal fuerza y densidad que (y son sus palabras): «enternecerá las piedras».

          Después de vivir esas indeseadas experiencias, quedaba sembrado el temor en cada uno de los habitantes. Todo ruido inesperado, toda sensación de mareo, toda inseguridad del suelo generaba fuertes reacciones de pánico. Y se sucedían las idas a los espacios de oración, los rezos prolongados y las oraciones interminables.

Una novela singular

          Supe del otro texto que quiero recordar en esta oportunidad, porque me lo referenció hace algún tiempo el Dr. José Gregorio Linares, actual director del Archivo Histórico de Miraflores. El escrito en cuestión fue generado por el oficial de la Legión británica Richard Vowell. El libro había sido publicado originalmente en Londres bajo el título de The Earthquake of Caraccas (sic) en 1831. La versión al castellano es de 1974.

Se trata de una novela. Ese relato tiene significación para nosotros porque está ambientado en la Caracas de 1812 y porque, además, dedica (obviamente) varias páginas a describir el fenómeno. De manera que estamos comprobando de qué manera catástrofes de esta naturaleza no sólo afectan la vida privada, no sólo introducen terrible afectación en la vida colectiva sino que, además, dan un salto y se vuelcan en la literatura.

Venezuela se levanta

Una importante enseñanza me llevó al convencimiento de que el país se reconstruye. De los más conocidos momentos catastróficos de naturaleza sísmica generados en los siglos XIX y XX, se ha derivado el mismo aprendizaje: Venezuela se levanta y se rehace. Pero ese fenómeno sólo es posible cuando todas y todos nos comprometemos con esa agenda de reconstrucción.

T / Mirla Alcibíades Rondón

Lingote de Oro

Werther Sandoval: El silencio de Inglaterra delata su interés por apropiarse del oro venezolano

El silencio como respuesta dada hasta la fecha por el gobierno de Inglaterra a la solicitud de devolución del oro venezolano hecha por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, añade otro antecedente al obsesivo y extenso prontuario Británico de usar cualquier tipo de artimañas para apropiarse del metal amarillo de los países pobres del planeta.

Incluso, en la realidad venezolana y geopolítica actual, caracterizada por la tragedia del doblete terremoto del 24 de junio, y el creciente reconocimiento de la autoridad legítima del gobierno bolivariano y de su presidenta, Delcy Rodríguez, argumentar desconocer al gobierno bolivariano o reconocer al fantoche de Juan Guaidó para retener las 31 toneladas del oro venezolano, carece de todo fundamento político y mucho menos de sostén jurídico.

En una desacertada cadena de decisiones, Venezuela y otras naciones incluidas las excolonias del Imperio Británico, bien por coerción de propaganda mediática política y/o presión militar, terminaron colocando ingentes reservas de oro en las bóvedas inglesas, con excusas de lograr garantías para pedir préstamos, seguridad y valorización de sus activos.

Las primeras colocaciones venezolanas fueron realizadas a mediados del siglo XX, cuando el oro nacional fueron a tener a los centros financieros de Nueva York, Suiza y Londres. Con ese antecedente, una decisión similar, prontamente corregida, también fue adoptada en 2008 por el presidente Hugo Chávez, quien colocó lingotes en el Banco de Inglaterra.

No obstante, al percatarse del riesgo que implicaba mantener uno de los más valiosos activos del país en en las arcas del insaciables sistema financiero inglés, a los tres años, en 2011, Chávez decide repatriar 160 toneladas de oro, aunque dejó 31 toneladas.

Como antecedente funesto a esta errada decisión de haber depositado el oro en el Banco de Inglaterra, la historia registra que el despojo de los 159.500 kms cuadrados del venezolano Esequibo fue ejecutado por el Imperio Británico mediante la ilegal movida de la falsa línea fronteriza Schomburk, para así ejercer una jurisdicción sobre el robado territorio que legitimara robar los grandes yacimientos de oro depositados en la cuenca de venezolano rio Yuruari.

Es tal la codicia por los recursos venezolanos del Imperio Británico, que lo llevó a crear un movimiento autonomista en la Guayana Venezolana, con sede en Ciudad Bolívar, para ser incorporada a la Guayana Británica.

Pero sigamos. La decisión de Chávez de repatriar 160 toneladas envió un mensaje de soberanía nada agradable para un decadente imperio como el Británico, caracterizado por invadir y hacer uso de cualquier artilugio para apropiarse de los recursos naturales de las naciones objetos de su codicia.

Basta citar como ejemplo, entre muchos, la reseña del portal informativo Spunick. Informa que en una de sus antiguas colonias, Australia, tercer país con mayores reservas auríferas del mundo, la cuantía del robo del oro cometido por Inglaterra es hoy inauditable. Solo se tienen estimaciones.

El Banco de la Reserva de Australia (RBA) afirma tener 80 toneladas de este metal precioso en las bóvedas del Banco de Inglaterra en Londres y una cantidad muy pequeña en la sede central del RBA en Sídney. Sin embargo, afirma que hay dudas sobre si el oro sigue ahí o no, según Manly.

«Nunca ha habido una auditoría física independiente de este oro, lo que significa que no hay manera de verificar la afirmación del RBA de que tiene todo el oro que dice tener», dijo Manly a RT.

Según se informa, la última auditoría parcial de las existencias de oro de Australia se llevó a cabo en el 2013, pero los resultados de la verificación nunca han sido publicados por el Banco de Inglaterra ni por el RBA.

De allí que el actual silencio a la petición de Delcy, el haber desconocido al presidente Nicolás Maduro y haber reconocido al monigote de Guaidó se anotan en la lista de falsas excusas del gobierno inglés para apropiarse de las 31 toneladas de oro venezolano.

T / Werther Sandoval
F / Cortesía

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Al CNP: En mi nombre, no

El Código de Ética del Periodista de Venezuela obliga a tener como norma irrenunciable la verdad, a defender la paz y a denunciar cualquier manipulación o interés que distorsione los hechos e impida que se garantice la información oportuna y veraz. No se puede, por tanto, dejar pasar por alto la ocurrencia del CNP- Caracas de emitir un comunicado contra el conductor del programa Con el Mazo Dando, Diosdado Cabello, quien en su espacio de opinión denunció la actuación de periodistas que en una rueda de prensa de la presidenta Delcy Rodríguez evidenciaron su posición en contra de la Revolución Bolivariana y dejaron al descubierto intereses mercenarios bien alejados de la verdad y muy contrarios a la ética periodística. Afortunadamente la firmeza de la Mandataria, la precisión en sus respuestas y la defensa de la verdad aplastaron las pretensiones de quienes vinieron más que a conocer lo ocurrido a sembrar división y estimular brotes de violencia. A ello nos tienen acostumbrados la canalla mediática, las transnacionales de la información y los francotiradores del teclado que estimulan desde medios tradicionales o redes sociales una campaña contra el pueblo venezolano, contra el Gobierno Bolivariano y contra la paz y la tranquilidad a la cual tenemos derecho quienes aquí vivimos, trabajamos y luchamos. Son miserables.

A esa campaña mercenaria se suma el Colegio Nacional de Periodistas, Seccional Caracas, organización que vi fundar cuando apenas era una estudiante de la UCV, que dio paso a la Asociación Venezolana de Periodistas de la cual formé parte como miembro cooperador y que años después tuve el honor de integrar varias juntas directivas de las diferentes instancias gremiales y en especial al frente de la Secretaría General de CNP-Caracas.

Pero nadie, absolutamente nadie, puede decir que por encima de mi actuación gremial puse la posición política. Jamás.

Siempre actuamos contra las campañas difamatorias, defendimos la verdad, nos opusimos a las manipulaciones, las desviaciones y defendimos la paz y el respeto al derecho de nuestro pueblo a recibir información veraz y oportuna, vieja aspiración gremial que quedó plasmada en los artículos 57 y 58 de la Constitución Bolivariana de Venezuela y que me tocó el privilegio de presentar y defender como Constituyente 1999.

Por eso hoy quiero sumarme a las voces que rechazan las campañas contra mi país, contra el Gobierno Nacional, contra la presidenta Delcy Rodríguez, campañas que buscan socavar la paz. He sido testigo, desde apenas instantes de haberse producido el doble terremoto del 24 de junio, de la labor desplegada, de la atención y del esfuerzo de las autoridades nacionales, regionales y locales para brindar auxilio y protección a las víctimas.

Por eso repudio la manipulación, la tergiversación y las mentiras que ha pretendido imponer, gracias a Dios sin lograrlo, el periodismo cloaca, mercenario.

Soy la afiliada 1500 del Colegio Nacional de Periodistas, estoy inscrita en la Seccional Caracas, pero esa directiva que hoy se pone al lado de la mentira no me representa por lo que aclaro que, en mi nombre, no habla.

 

Desirée Santos Amaral