El silencio como respuesta dada hasta la fecha por el gobierno de Inglaterra a la solicitud de devolución del oro venezolano hecha por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, añade otro antecedente al obsesivo y extenso prontuario Británico de usar cualquier tipo de artimañas para apropiarse del metal amarillo de los países pobres del planeta.
Incluso, en la realidad venezolana y geopolítica actual, caracterizada por la tragedia del doblete terremoto del 24 de junio, y el creciente reconocimiento de la autoridad legítima del gobierno bolivariano y de su presidenta, Delcy Rodríguez, argumentar desconocer al gobierno bolivariano o reconocer al fantoche de Juan Guaidó para retener las 31 toneladas del oro venezolano, carece de todo fundamento político y mucho menos de sostén jurídico.
En una desacertada cadena de decisiones, Venezuela y otras naciones incluidas las excolonias del Imperio Británico, bien por coerción de propaganda mediática política y/o presión militar, terminaron colocando ingentes reservas de oro en las bóvedas inglesas, con excusas de lograr garantías para pedir préstamos, seguridad y valorización de sus activos.
Las primeras colocaciones venezolanas fueron realizadas a mediados del siglo XX, cuando el oro nacional fueron a tener a los centros financieros de Nueva York, Suiza y Londres. Con ese antecedente, una decisión similar, prontamente corregida, también fue adoptada en 2008 por el presidente Hugo Chávez, quien colocó lingotes en el Banco de Inglaterra.
No obstante, al percatarse del riesgo que implicaba mantener uno de los más valiosos activos del país en en las arcas del insaciables sistema financiero inglés, a los tres años, en 2011, Chávez decide repatriar 160 toneladas de oro, aunque dejó 31 toneladas.
Como antecedente funesto a esta errada decisión de haber depositado el oro en el Banco de Inglaterra, la historia registra que el despojo de los 159.500 kms cuadrados del venezolano Esequibo fue ejecutado por el Imperio Británico mediante la ilegal movida de la falsa línea fronteriza Schomburk, para así ejercer una jurisdicción sobre el robado territorio que legitimara robar los grandes yacimientos de oro depositados en la cuenca de venezolano rio Yuruari.
Es tal la codicia por los recursos venezolanos del Imperio Británico, que lo llevó a crear un movimiento autonomista en la Guayana Venezolana, con sede en Ciudad Bolívar, para ser incorporada a la Guayana Británica.
Pero sigamos. La decisión de Chávez de repatriar 160 toneladas envió un mensaje de soberanía nada agradable para un decadente imperio como el Británico, caracterizado por invadir y hacer uso de cualquier artilugio para apropiarse de los recursos naturales de las naciones objetos de su codicia.
Basta citar como ejemplo, entre muchos, la reseña del portal informativo Spunick. Informa que en una de sus antiguas colonias, Australia, tercer país con mayores reservas auríferas del mundo, la cuantía del robo del oro cometido por Inglaterra es hoy inauditable. Solo se tienen estimaciones.
El Banco de la Reserva de Australia (RBA) afirma tener 80 toneladas de este metal precioso en las bóvedas del Banco de Inglaterra en Londres y una cantidad muy pequeña en la sede central del RBA en Sídney. Sin embargo, afirma que hay dudas sobre si el oro sigue ahí o no, según Manly.
«Nunca ha habido una auditoría física independiente de este oro, lo que significa que no hay manera de verificar la afirmación del RBA de que tiene todo el oro que dice tener», dijo Manly a RT.
Según se informa, la última auditoría parcial de las existencias de oro de Australia se llevó a cabo en el 2013, pero los resultados de la verificación nunca han sido publicados por el Banco de Inglaterra ni por el RBA.
De allí que el actual silencio a la petición de Delcy, el haber desconocido al presidente Nicolás Maduro y haber reconocido al monigote de Guaidó se anotan en la lista de falsas excusas del gobierno inglés para apropiarse de las 31 toneladas de oro venezolano.
T / Werther Sandoval
F / Cortesía
