Bolivar america

Bolivarianismo, histórica visión Nuestramericana Por: Irán Aguilera

Pudiera asegurarse que el Bolivarianismo y el Monroísmo son los dos proyectos que desde hace doscientos años se han enfrentado para definir el curso de la historia del hemisferio. El primero enarbola la bandera del antiimperialismo mediante la unidad de las repúblicas que existen entre el Río Bravo y la Patagonia; el segundo busca la integración de todo el continente, pero bajo la hegemonía de Estados Unidos (EE.UU.). Mientras el bolivarianismo defiende la unión exclusiva de las naciones de origen hispano o latinoamericano para salvaguardar su soberanía política y económica, el monroísmo busca alinear a los gobiernos de la América Nuestra con los dictámenes de Washington.

La versión monroísta conocida como Panamericanismo apareció a finales del siglo XIX, impulsada por James G. Blaine, promotor de la Primera Conferencia Internacional Americana de 1889. Este fue un intento de manipulación ideológica del pensamiento de Bolívar sobre los propósitos del Congreso de Panamá, presentándolos como una integración de alcance geográfico total (incluyendo a EE.UU. y Canadá). Dicha propuesta se montó sobre el eje del comercio bilateral, el arbitraje “pacífico” y la seguridad hemisférica, según lo establecido por la política exterior estadounidense y bajo el lema monroísta de 1823: «América para los americanos».

Históricamente, la hegemonía de EE.UU. en el continente se ha articulado en torno a tres conceptos clave: el Destino Manifiesto, pretendida justificación de su supremacismo por un supuesto mandato divino; la noción de «patio trasero», arraigada en la Doctrina Monroe, con la que intenta confinar a la región como su zona de influencia exclusiva; y la OEA, creada en 1948 como su marco diplomático y multilateral. De este modo, se constituyó todo un engranaje institucional que no solo estructuró una estrategia económica orientada al libre mercado para el control continental, sino que le concede a Washington el derecho de intervenir para garantizar su dominio sobre el hemisferio.

Por el contrario, el bolivarianismo tiene en el Libertador Simón Bolívar a su ideólogo original con el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826. Este hito impulsó un pacto de asistencia mutua y una gran alianza defensiva ante la amenaza real de las potencias globales de reconquistar o asimilar las repúblicas nacientes. A diferencia del enfoque de su contraparte, el proyecto bolivariano es exclusivo de Hispanoamérica, sustentándose en la soberanía nacional, la solidaridad, el carácter defensivo y el protagonismo popular.

A dos siglos de distancia, esta contradicción sigue vigente. El bolivarianismo fue resignificado en el siglo XXI por gobiernos verdaderamente nuestroamericanos. Con el liderazgo del Comandante Hugo Chávez comenzó a rescatarse el nacionalismo patriótico, con la mirada puesta en los propósitos del Congreso de Panamá. El ideario de Bolívar ha sido la fuente de inspiración contemporánea de bloques regionales como el ALBA-TCP, la CELAC o UNASUR, concebidos para resistir y construir un polo que coadyuve en la búsqueda de un mundo mucho más equilibrado.

 

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Barcelona/Edo. Anzoátegui

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