Melodias

MUSIQUEMOS: Guataca y PADMe

T / Andrés Felipe García Torres*

La Guataca es un saber que no se comparte visualmente, es decir, que es una habilidad anclada en conocimiento, eventos, historia y técnicas que no han sido etiquetadas, conceptualizadas, ni escritas porque desde hace siglos el musicar se viene abordando desde lo visual, dejando la percepción auditiva, oculta, borrada. La Guataca requiere conocer qué percibir de las estructuras sonoras formales, saber de secuencias armónicas que concretan estas formas, ubicar las estabilidades, inestabilidades y la gama intermedia que genera las relaciones sonoras. Si, sonoridades como un centro tonal, la tónica y su acorde, las funciones tonales, repetir, variar y contrastar. Estos saberes no vienen de teorías eurocéntricas, sino de convenciones populares y es gracias a esto que se puede improvisar muy bien en el marco de un tipo de musicar y no tanto en otros, ya que es necesario conocer los estilos típicos de cada modo de musicar.

El gran borramiento que la modernidad y en general la cultura centroeuropea, realizó en el musicar es la percepción auditiva, que no solo se percibe de oídas, la audición, sino también a través de la piel y demás órganos corporales, lo que podemos corroborar al sentir vibrar las partes bajas del cuerpo con sonidos graves o colocando la punta del dedo sobre la corneta de algún teléfono de hoy día. Por esta razón diseñé un método de enseñanza del musicar que trasciende estas falencias teóricas, sobre todo para el aprendizaje de los elementos básicos de la Guataca como fundamentos para musicar con o sin partituras.

El Proceso de Análisis y Deconstrucción de Melodías, el método PADMe, se basa en la percepción sonora, en lo que se entiende al escuchar, lo susceptible de etiquetar para luego nombrarle. Su mayor ventaja es que lo pueden aplicar docentes sin preparación musical alguna, es decir que no necesita ejercer el musicar de manera profesional, ni como amateur, basta con la voluntad de hacer y construir colectivamente con sus estudiantes. Funciona porque solo requiere oír y aprender a percibir lo que se oye, es decir que si se pone atención en qué se debe escuchar y luego se etiqueta, no importa con qué siglas, se comienza a tener conciencia del fenómeno sonoro, es un entrenamiento auditivo. Se analizan melodías, fundamental para aprender y entender un musicar. Se ubican auditivamente los elementos estructurales de la melodía según los tres principios básicos del musicar: la repetición, la variación y el contraste (RVC), lo que permite, no sólo conocer, sino construir nuevas estructuras melódicas.

De esta manera se va internalizando la escucha e identificación de cada elemento que estructuran una melodía y ese material posibilita construir otras. Con la práctica se va desarrollando la memoria musical, se conocen las estructuras y cómo funcionan en conjunto, lo que implica generar el dominio de saberes que sustentan la Guataca que nos permite musicar.

*Músico docente

andresgarciator@gmail.com

El Saladillo

Corazón, fuego y escuela: Beatriz, una mujer de corazón sensible

La «vieja Beatriz», como le dicen cariñosamente en la cuadra, en una semana cumplirá noventa años. Por las tardes, con la puesta de sol, suele sentarse en una antigua silla dormilona (o sillón dormilón), silla que, según su abuelo, perteneció en algún momento al General Rafael Urdaneta. Nadie recuerda cómo llegó a la casa, pero allí se sienta Beatriz, como se sentaba su madre, Coromoto, y antes, su abuela, Eloína.

Beatriz, desde su trinchera de descanso, escucha el tenue repicar de las tamboras, los furros y, en las voces de los gaiteros, aquellos versos coloridos que tanta ama. Eran tiempos en que la gaita rebelde le cantaba al trabajo, a las desigualdades sociales, al Lago, al daño a la naturaleza, a las costumbres de los campesinos, a la familia, a los personajes emblemáticos o pintorescos y hasta a los patinadores.

La consentida anciana disfruta del horizonte, del cielo despejado y de la brisa que el Lago trae para refrescar la tarde marabina. Así como la noche llega, el puerto se va silenciando, pero en la calle, en su calle, inicia la algarabía de dominó, de bullicio, de chistes y noticias, algunas recalentadas. Beatriz se siente feliz en este mundo de gente conocida. La abuela nunca ha salido del Saladillo; allí está su vida y su regocijo, todos la conocen y ella los conoce a todos, creció con ellos y a otros los ha visto crecer.

Beatriz sabe de hierbas, de sobaduras, de clima, y puede decir con certeza a qué hora lloverá durante el amanecer gaitero. También es partera y ha recibido más niños que el hospital. Como si fuera poco, sus hallacas son las favoritas entre la familia y muchos dicen que son las mejores de la ciudad.

Ella trajo al mundo, con su propio vientre, como suele decir ella, catorce muchachos, y la cuenta va por cincuenta nietos y un montón de bisnietos a los que ella confunde sus nombres, pero no sus rostros.

Es jueves, pasadas las cinco de la tarde. Beatriz se mece al ritmo de una suave, antigua y conocida brisa lacustre. Un rumor como ola de ventarrón agita la paz de los vecinos; y a los amables oídos de Beatriz llega la fatal noticia: «El presidente Rafael Caldera ordenó la destrucción del Saladillo». Beatriz llena sus ojos de tristeza, su voz se ahoga y, como un reloj al que se le acaba la cuerda, su corazón se detiene. Beatriz jamás salió del Saladillo.

T / Rafael Contreras

Terremoto AVN

La noche en que la tierra tembló: la Venezuela bolivariana entre la solidaridad de clase y el imperialismo del desastre

La noticia llega al teléfono cuando ya es de noche en Europa, con ese sonido intermitente que en nuestro oficio siempre anuncia la tragedia. Al otro lado de la línea, desde Caracas y desde La Guaira, las voces de los compañeros y de los colegas de los medios comunitarios no tiemblan, pero están cargadas de la gravedad de las horas que definen la urgencia de un pueblo. Se difunde en tiempo real el mapa del epicentro del sismo –el estado Yaracuy– y el de las zonas más afectadas, así como las primeras imágenes de los derrumbes. Se desploma también parte del edificio de la televisión de Estado –VTV–, pero los colegas permanecerán en el lugar durante toda la noche, continuando con la transmisión de las noticias. No hay espacio para las agencias de prensa occidentales cuando la crónica se hace carne y escombros en toma directa.

Te dicen que la tierra rugió desde lo profundo, un estruendo sordo poco después de las seis de la tarde, en un día festivo, cuando las familias de la clase obrera estaban reunidas en sus casas o en la calle compartiendo un trago. Dos sacudidas consecutivas, con un minuto de diferencia, la más fuerte de magnitud 7.5 según los relieves geológicos. El mayor terremoto que ha golpeado al país en más de un siglo. El balance provisional que los compañeros en el terreno actualizan de minuto en minuto, comentando los momentos en que el gobierno encargado habla en directo al país, es dramático. Al momento de escribir estas líneas, se habla ya de más de 188 muertos y casi 1.000 heridos, con más de treinta réplicas ssmicas que continúan haciendo estremecer el barro y el cemento, y el temor ante la llegada de un tsunami.

La Guaira, el histórico estado costeño –uno de los más afectados por los drones estadounidenses el 3 de enero–, ha sido declarada zona de desastre por la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Las imágenes que llegan desde los colectivos de Catia La Mar muestran rascacielos sventrados, mientras que en Macuto un hotel entero frente al mar quedó reducido a polvo. Incluso el aeropuerto internacional Simón Bolívar está sellado, con los techos caídos y los pasillos cubiertos de detritos. En la capital, los derrumbes afectaron a los barrios populares y a los municipios históricos: desde San Bernardino a Pinto Salinas, desde El Paraíso hasta las zonas acomodadas de Chacao y Baruta, donde se cava a mano limpia para extraer a los sobrevivientes.

Para entender la magnitud del trauma que ha golpeado al país –un cataclismo que sigue al inédito secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, su esposa, perpetrado por los Estados Unidos el 3 de enero–, es necesario explicar qué significaba para el pueblo venezolano ese miércoles 24 de junio. No se trataba de un día de descanso cualquiera, sino de la celebración nacional de la Batalla de Carabobo de 1821, el momento cumbre en el que el ejército patriota liderado por Simón Bolívar derrotó definitivamente a las tropas coloniales españolas, sellando la independencia de la nación. En el código genético de la Revolución Bolivariana, Carabobo no es una efeméride de museo, sino el símbolo viviente de la ruptura de las cadenas coloniales y del nacimiento de la patria soberana.

Es precisamente en este día de fiesta nacional, mientras las familias de los trabajadores estaban reunidas en sus casas o en los bares, y los cuadros populares celebraban la memoria histórica de la resistencia anticolonial, cuando se abatió el cataclismo. La coincidencia temporal añade una carga emotiva inmensa, pero también devela la rapidez de la respuesta organizada: el espíritu de Carabobo, para nada apagado durante esta fase de retirada estratégica bajo chantaje, se tradujo inmediatamente, en el lapso de pocos minutos, del plano de la memoria histórica al de la movilización de protección civil y solidaridad de clase en las calles sventradas de La Guaira y Caracas.

Mientras tanto, desde el exterior, la extrema derecha del ex candidato Edmundo González emitía comunicados de pillaje para denunciar las “culpas” del gobierno en el desastre, como si años de “sanciones” pedidas a gritos a los Estados Unidos no hubieran significado nada. Y como si el análisis de una catástrofe natural pudiera desvincularse de las condiciones materiales y estructurales en las que se consume.

Se los ingenieros burgueses interpelados por los medios transnacionales se apresuran a explicar que los derrumbes se deben a la vulnerabilidad de los edificios construidos en los años cincuenta y sesenta, el análisis concreto impone desvelar la verdad subyacente. Esos barrios, esa misma Caracas expandida sobre las laderas de las montañas, lleva las marcas urbanísticas de la vieja especulación inmobiliaria de la IV República, cuando el beneficio privado determinaba dónde y cómo debía hacinarse el proletariado urbano. A esto se suma el impacto criminal de años de sanciones y bloqueo económico unilateral orquestado por Washington. Las medidas coercitivas que afectaron a la compañía estatal PDVSA y a la industria petrolera no son abstracciones diplomáticas: significan la imposibilidad sistemática de importar piezas de repuesto para la maquinaria pesada, limitaciones en la renovación tecnológica de las infraestructuras y un asedio financiero orientado a estrangular la planificación urbana del Estado.

Sin embargo, precisamente en el momento del mayor dolor, se activa la inmensa maquinaria de la solidaridad de clase y del poder popular organizado. En las calles de San Bernardino y Altamira, mientras el ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello coordina las inspecciones de riesgos y la interrupción de las líneas de gas para evitar explosiones, son los propios ciudadanos, los miembros de los consejos comunales, los sanitarios cubanos –inmediato el pronunciamiento del presidente cubano Miguel Díaz-Canel– y los más de 500 rescatistas de la Protección Civil quienes forman cadenas humanas.

Nada describe mejor la proyectualidad del chavismo, que no se resigna a dispersarse en el individualismo atomizado, sino que se organiza colectivamente para distribuir cuerdas, remover escombros y defender la vida. La propia presidenta encargada respondió no con las recetas de la austeridad, sino con la protección social inmediata: suspensión de las clases por una semana, paralización de las actividades no esenciales, fondos para la reconstrucción de las viviendas y de los hospitales, refugios en los hoteles, líneas de crédito especiales a través de la banca pública y privada para quienes perdieron su actividad y una asignación especial mediante la plataforma Patria para los trabajadores que quedaron sin empleo. El FMI anunció la liberación de un fondo de emergencia de 200 millones de dólares.

La dialéctica geopolítica de esta emergencia devela además la profunda hipocresía de las potencias imperialistas. Mientras Donald Trump y su secretario de Estado Marco Rubio se apresuran a declarar en las redes sociales que los Estados Unidos “están listos y equipados” para enviar ayuda, los compañeros desde Caracas recuerdan la ferocidad del sincronismo político: esta repentina filantropía llega por parte de quienes, hace solo unos meses, reivindicaban con orgullo “la captura” del presidente Nicolás Maduro, violando la soberanía nacional e intentando imponer un cambio de régimen en tres fases en este momento complicado y resbaladizo. Es la doctrina del shock aplicada a la desventura: el imperialismo ofrece equipos de rescate con una mano mientras mantiene el lazo al cuello de la economía venezolana con la otra. Como sucedió en Ecuador tras el terremoto, el objetivo es imponer el imperialismo “humanitario” en un país, ya duramente probado, en el que las ONG deben por ley declarar la procedencia de sus fondos y sus objetivos: ¿para hacer de Venezuela la Haití de América Latina?

De muy distinto signo es la solidaridad internacionalista de los países aliados que reconocen la dignidad soberana de la República Bolivariana. China, por boca del portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores Guo Jiakun, confirmó la solidez de la asociación estratégica integral, declarándose dispuesta a brindar asistencia de emergencia apropiada en función de las necesidades reales indicadas por Caracas, sin condiciones ni injerencias, fuerte de un vínculo político y de inversiones infraestructurales que resiste a los intentos de aislamiento. El mismo agradecimiento del Estado venezolano se extiende a Rusia, a Serbia y a aquellos países que mantienen relaciones firmes, rechazando la lógica del chantaje occidental: como Irán, que ya activó las actividades de socorro mediante la Media Luna Roja.

A las siete de la noche de Venezuela, mientras en las plazas de América Latina se difunde el llamado a la oración colectiva y a la movilización, las consignas lanzadas a través de la aplicación VenApp y de los medios públicos definen la línea de resistencia: usar exclusivamente las fuentes oficiales para combatir la guerra psicológica de la derecha, mantener la calma y permanecer en sus viviendas si no están comprometidas, para facilitar el trabajo logístico de quienes aún buscan a los desaparecidos bajo los escombros. En estas horas dramáticas, mientras llega desde la carcel norteamericana el mensaje de aliento del presidente sequestrado, el abrazo fraterno va para los trabajadores de los medios comunitarios y alternativos, centinelas de la verdad contra el pillaje. Venezuela no es una víctima inerme de la naturaleza o del imperio; es una comunidad política que demuestra, una vez más, que solo el pueblo salva al pueblo y que la solidaridad colectiva e internacionalista es la única respuesta posible ante la barbarie del capital.

 

T / Geraldina Colotti
F / AVN

 

Delcy La Guaira

La trinchera antiimperialista

Hace años leí la expresión «todo está atado y bien atado» en un artículo de prensa y me llamó la atención. En ese tiempo no había internet ni redes, y lo único disponible era la experiencia y sapiencia de algún conocido o una biblioteca que nos diera luces sobre los temas. Así fue como dilucidé de dónde provenía la frase y su valor. No, no te voy a echar el cuento completo: te toca investigar. De ese poder atado y bien atado vamos a hablar hoy:

VENEZUELA: EL PODER REAL

Mientras los agoreros de la oposición (mcm y cia) llevaban meses predicando que este era un gobierno débil, que estaba a punto de caer, que la «encargaduría» de Delcy Rodríguez era un castillo de naipes, la tierra tembló en Venezuela y el país entero se puso a prueba. No con discursos, sino con hechos. Y lo que vimos fue una estructura de poder que no solo se mantuvo en pie, sino que se reafirmó con una contundencia que los vendehumo no esperaban.

LA TRIADA DEL PODER: DELCY, DIOSDADO Y JORGE

En momentos de crisis, los gobiernos débiles se desmoronan. Los fuertes se consolidan. En 1999, con la Tragedia de Vargas, lo vimos cuando el Comandante Chávez asumió las riendas de la situación demostrando lo que tenía en la vejiga, el Arañero de Sabaneta. Y lo que hemos visto en estos días es una triada de poder que ha tomado las riendas del país con una eficacia que ha dejado en evidencia a quienes pronosticaban su colapso.

Delcy Rodríguez asumió su rol institucional sin titubeos. Decretó la emergencia, articuló la ayuda internacional y se convirtió en la vocera del país ante el mundo. No hubo vacilaciones, no hubo improvisación. La presidenta encargada mostró que el Estado venezolano, a pesar del secuestro del Presidente Nicolás Maduro, sigue funcionando con una cohesión que sus detractores no quisieron ver.

Diosdado Cabello, por su parte, tomó el mando operativo de la situación. Su control sobre los cuerpos de seguridad y rescate, como ministro de Relaciones Interiores, le dio la potestad para coordinar las labores de emergencia. Pero más allá de lo institucional, lo que se vio fue la articulación del PSUV desplegado en los urbanismos de la GMV: los CLAP, las escuadras, toda la organización del partido llevando ayuda a quienes más la necesitaban. Las críticas y la frustración no desaparecen, pero la presencia del Estado y del partido está ahí. La «vieja del CLAP», como la llaman desde la oposición, es el vínculo real entre el poder y el pueblo.

Jorge Rodríguez se convirtió en el vocero de la tragedia. El que lee los partes, actualiza las cifras, informa sobre lo que se hace y dónde se hace. No hay ministros de Comunicación o Defensa que se vean visibles. Los tres han copado la escena institucional. Y esa imagen de unidad, en medio del caos, es la que proyecta un poder que no se tambalea.

🛑 LA OPERETA DE mcm: AVIÓN DEVUELTO, CIERRE DE ESPACIO AÉREO Y MISA EN EL ISTMO

Mientras la triada del poder se desplegaba en La Guaira, la Sayona intentaba regresar al país. mcm, que había salido de Venezuela en diciembre de 2025 para recibir el Premio Nobel de la Paz en Noruega, había dilatado su regreso por «razones de seguridad». Pero cuando finalmente quiso volver para armar el bochinche en el país, el guion se torció.

El jet privado que la traería de regreso fue devuelto por el gobierno estadounidense cuando iba a una de las Antillas Holandesas. La aeronave no pudo continuar su ruta. Poco después, el espacio aéreo venezolano fue cerrado por órdenes del gobierno estadounidense, impidiendo que otra aeronave —de una línea aérea panameña— pudiera despegar de Panamá y traerla a Venezuela.

El drama, sin embargo, no terminó ahí. mcm tuvo que conformarse con una misa en el itsmo, en Panamá, como consuelo. La Sayona, que había prometido regresar para encabezar una transición, se quedó varada a pocos kilómetros de su país, sin poder pisar suelo venezolano. La revolución sigue mandando. El poder real, el que controla el territorio, los cielos y las fronteras, no es el que ella representa.

📸 LA FOTO QUE DIBUJA EL PANORAMA

En medio de esta reconfiguración del poder, una imagen circuló por las redes sociales: John Barrett, encargado de negocios de la embajada estadounidense, tomando del brazo a Diosdado Cabello. El gobierno de Washington mantiene una recompensa de 25 millones de dólares por la captura del hijo de doña Felicia. Y sin embargo, el funcionario estadounidense posa con él en actitud de camaradería .

Es una anécdota que dibuja el panorama. Porque lo que esa foto muestra no es un gesto de amistad, sino la constatación de que el poder real no está en los discursos de mcm ni en las declaraciones de la oposición. Está en quienes controlan el territorio, en quienes pueden cerrar un espacio aéreo, en quienes articulan la ayuda humanitaria en medio de una tragedia .

Los agoreros de la oposición y muchos pseudochavistas dijeron que este gobierno era débil. Que caería. Que no tenía control. Los hechos demuestran lo contrario. La triada Delcy-Diosdado-Jorge ha demostrado que el poder en Venezuela está atado y bien atado. Y que, a pesar de todo lo que han hecho para desestabilizarlo, la revolución sigue mandando.

📌 CONCLUSIÓN

Los terremotos del 24 de junio no solo sacudieron la tierra. Sacudieron también las profecías apocalípticas de quienes anunciaban el colapso del gobierno encargado. La triada del poder se consolidó. Y la oposición, una vez más, se quedó con las ganas de regresar a la silla que nunca ocupó.

mcm sigue en Panamá. El avión no llegó. El espacio aéreo se cerró. La revolución, con sus aciertos y sus errores, sigue mandando. Y el imperio, que mantiene una recompensa por Diosdado, hoy se da la mano con él en medio de los escombros. La foto es un símbolo de esta nueva realidad: un poder atado y bien atado. Y los que predecían su caída, simplemente, no supieron leer el tablero.

Por: Luis Rodríguez | #Guaniamo68

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El terremoto más desastroso y las vidas que salvó la ciencia

Cada tragedia nacional merece ser contada con respeto, pero también con precisión. Los terremotos de Venezuela de 2026 han dejado una profunda herida que se relata a través del dolor de vidas perdidas, familias desplazadas, edificios derrumbados y la angustia que permanecerá en la memoria del país. Más allá, cuando se afirma que han sido «los más devastadores de nuestra historia», conviene detenerse. La historia sísmica de Venezuela nos enseña que la magnitud del dolor está también en la proporción de la población de las ciudades afectadas, por la capacidad constructiva disponible en cada época y por el tamaño real del parque inmobiliario expuesto.

A la luz de estos datos, el terremoto de 1812 sigue siendo, sin duda, el desastre sísmico más devastador de nuestra historia. Las estimaciones varían, como ocurre con los eventos históricos antiguos, pero muchas fuentes sitúan el número de víctimas en decenas de miles, en una Venezuela mucho menos poblada, con ciudades pequeñas y construcciones de adobe, tapia, bahareque y mampostería vulnerable. En términos per cápita, aquello supuso una ruptura civilizatoria. Además de sacudir la Primera República, destruyó la infraestructura y con ella la forma de habitar, gobernar, rezar y sobrevivir. Así pues, si se compara la cifra de fatalidades con la población afectada, 1812 conserva una gravedad histórica difícil de superar.

Ahora bien, reconocer esa diferencia tampoco minimiza la gravedad de la situación actual. Al contrario, la ordena. Estos nuevos terremotos nos obligan a examinar el país construido durante los siglos XX y XXI. En él se revela una verdad pocas veces expresada, y es que muchas edificaciones resistieron. Miles de columnas, vigas, pórticos, muros, juntas, cimientos y detalles constructivos cumplieron silenciosamente su función. Mientras la conversación pública se centra, con razón, en los edificios que no resistieron, la ciencia debe recordar también los que sí lo hicieron y protegieron vidas. Esos edificios pueden no ser noticia, pero son una prueba.

Por tanto, la ingeniería sismorresistente debe ser juzgada no solo por sus derrotas visibles; debe examinarse en su totalidad. Allí donde hubo colapsos, se debe investigar el diseño, el tipo de suelo, la construcción, el mantenimiento, las modificaciones realizadas sin autorización, el deterioro natural, la calidad de los materiales empleados y la gestión de la obra. Sin embargo, donde hubo daños reparables, evacuación segura o continuidad funcional, se deben reconocer los aciertos en las normas, el cálculo, la supervisión, la labor técnica y el aprendizaje acumulado desde 1967. La prevención rara vez recibe aplausos, ya que su éxito consiste precisamente en evitar que ocurra una tragedia.

La experiencia de otros países ofrece una lección muy clara. En 1976, el gran terremoto de Tangshan (China), de magnitud 7,5, produjo una de las mayores catástrofes sísmicas del siglo XX. Sin embargo, en Qinglong, una localidad cercana, la combinación de ciencia, vigilancia, organización, comunicación pública y decisión administrativa permitió reducir de manera extraordinaria el número de víctimas (solo una persona), a pesar de que 180.000 construcciones colapsaron. Así la vulnerabilidad deja de ser un destino inevitable.

Por ello, en nuestra Quinta República, la ciencia debe seguir subiendo la escalera perpetua de la excelencia. Cada peldaño salva a alguien que nunca sabrá que fue salvado. El próximo objetivo ético de Venezuela debe ser claro: que cualquier nuevo suceso encuentre más y mejor ciencia, construcciones más seguras, mejores datos, instituciones más sólidas y una ciudadanía más comprometida. El saldo perfecto es cero víctimas. Parece una aspiración elevada, ¡lo es! Pero toda nación que aprende de su dolor tiene derecho a convertir la memoria en método y el método en protección.

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Nota al pie: invito a visitar o descargar el Atlas Sismológico de Venezuela, que publicamos en octubre de 2023, en www.funvisis.gob.ve/atlas_sis.php. Es sumamente esclarecedor y singularmente educativo.

 

Roberto Betancourt A.
@betancourt_phd
Netanyahu y Trump22

Ya que la III Guerra Mundial comenzó

Estemos claro, la guerra ilegal de EEUU porque no fue aprobada por su Congreso, en conjunto con Israel, contra el digno pueblo de Irán, se está desenvolviendo, hora tras hora. Una guerra que involucra a todo el planeta. Pero además Israel esta invadiendo El Líbano y continua el sistemático genocidio del pueblo palestino.

No podemos olvidar, el recién creado Escudo de las Américas, una iniciativa estadounidense para exportar su política exterior de guerra en América Latina.

Centenares de miles de muertos en Gaza, muerte en El Líbano, muerte en Irán por hacer valer su derecho a la soberanía. Y, en este punto quiero volver a reiterar que, en Venezuela, donde, durante años hemos desplegado por el mundo la Diplomacia de Paz, en la búsqueda de establecer relaciones de cooperación, complementariedad, y de respeto de la soberanía de cada pueblo, sabíamos que la opción estaba entre la vida o la muerte y la destrucción. Y, el Gobierno Bolivariano escogió la vida.

Aun sabiendo lo que es el Gobierno de los Estados Unidos, que, por ejemplo, llegó a “creer” y planteó bajo el gobierno de Ronald Reagan que Nicaragua los iba a invadir; Así Bush mintió sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak; Clinton destruyó Yugoslavia; Barack Obama destruyó Libia, entre todos asolaron a Siria, y que Trump declaró a Cuba una amenaza inusual y extraordinaria para los EEUU.

Y, ahora, además, Trump, en pleno proceso de negociación con Irán, inició una guerra, porqué “sintió”, que Irán iba a atacar a Israel, entonces EEUU debía de atacar primero a Irán, y como primer objetivo, ¡una escuela primaria de niñas! Una escuela que tuvo que atacar dos veces: un primer misil y 40 minutos más tarde, el segundo misil para garantizar la muerte de esas infantas.

Estoy consciente de lo que ocurre más allá de La Guaira. Tiempos de cambios profundos, y es en estos tiempos, que podríamos reconsiderar, ya que nos toca velar por nuestra humanidad en tierra venezolana, al menos dos cosas, por ahora: en este mes de marzo, mes de visibilizar las luchas de las mujeres, reconsideremos la despenalización del aborto.

Ante un avance brutal de la derecha en el mundo, reivindicar una posición del Estado a favor de la despenalización del aborto sería un avance significativo en defensa de nuestra humanidad, un avance de justicia social.

El segundo punto, por ahora, insisto, seria eliminar de tierra venezolana la tauromaquia. Sería un paso concreto en torno a prácticas de tortura de un ser sintiente bajo el paraguas de una “fiesta tradicional”. Esto lo digo porque autoridades del estado Aragua informaron sobre los avances en la restauración de la Maestranza César Girón, para disfrute de maracayeros y visitantes como espacio para eventos y actividades en la nueva Plaza de Todos.

Ya que la III Guerra Mundial comenzó, liberemos nuestra tierra de la tortura de seres sintientes y despenalicemos el aborto que es una reivindicación histórica de las mujeres venezolanas que merecen ser respetadas de manera integral, en especial en torno a este tema que es determinante en sus vidas.

 

T/Ana Maneiro Brumlik
F/Reuters
trump (6)

Para evitar lo inevitable

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, está resquebrajando aún más a su propio país, mientras amenaza a otros países, instituciones multilaterales, y aliados para, pareciera ser, que haya otros temas en la mesa y no el hecho de que está en los archivos de Epstein. No es solo que “está” en los archivos, sino que se le menciona miles de veces, hay registro fotográfico de su “amistad”, en una red transnacional de tráfico de niñas, niños, mujeres jóvenes para satisfacer el sadismo sexual de personas con poder político, económico o de la realeza.

Trump dijo que arrasaría con Cuba, y decidió implementar un bloqueo energético total a la Isla, amenaza con matar a millones en Irán, continuó con el genocidio sistemático del pueblo palestino, con el objetivo expreso de construir un desarrollo inmobiliario de cara al mediterráneo en la franja de Gaza. Bombardeó Venezuela, secuestró a la pareja presidencial y, prácticamente se declaró presidente del país, y tutela la producción petrolera. Ejecuta con misiles, a la vista de todos, a las personas que van en lanchas en el Caribe y en el Pacífico, sin averiguar que llevan, nada, con el argumento que son “narcolanchas”.

Amenazó con tomar por las buenas o por las malas la Isla de Groenlandia, amenazó a Colombia y México, con secuestrar a Petro o con “operaciones terrestres” para su guerra contra las drogas. Humilló y sometió a Argentina, amenazó a Panamá hasta el punto que echaron para atrás contratos con China para la administración de puertos, intervino en las elecciones en Honduras y en Chile, y metió tropas estadounidenses en Perú. No podemos olvidar que renovó la doctrina Monroe como Doctrina Donroe 2.0: todo el continente de América es de los Estados Unidos.

Trump convirtió el ICE en una fuerza paramilitar para perseguir a todo aquel que no es blanco en territorio estadounidense, y si son blancos, y se manifiestan contra el ICE, son asesinados y declarados terroristas domésticos. Retiro a EEUU de decenas de organismos multilaterales, y ataca sin piedad a la ONU como organismo internacional para crear una “Junta de Paz” que, por supuesto, él preside. Asegura que Canadá le roba a EEUU desde hace décadas, pone su nombre a todo lo que puede y recibió un premio de la FIFA, el primero que entrega la FIFA, por promover ¡la paz¡

Pero, además, insulta diariamente a periodistas, políticos, censura comediantes y publicó, en su muy personal red social Truth Social, a la expareja presidencial, los Obama, como orangutanes.

Y ahora quiere liberar los archivos en torno a los alienígenas. Y mientras tanto, renuncian a sus cargos en Europa y en EEUU personas que se han visto involucradas en los Archivos Epstein, El ex príncipe Andrés, hermano del Rey Carlos de Inglaterra, está bajo investigación por la policía de Londres. ¿Y Trump? Bien gracias, por ahora. No le importan los marcos jurídicos internacionales, su poder, según él, solo se limita por su propio sentido de lo moral, pero no podrá evitar lo inevitable.

Ana Maneiro Brumlik

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Panama

Miranda y el canal de Panamá

La idea de abrir un paso entre las aguas del Mar Caribe y las del Océano Pacífico es bastante antigua. Se dice que Vasco Núñez de Balboa, en 1513, fue el primero (entre los conquistadores, por supuesto) en darse cuenta de que la tierra que separaba ambos cuerpos de agua era muy estrecha; aunque en el momento los conocimientos habidos no llegaban al extremo de imaginar la posible construcción de un canal entre ambos mares. Faltaría investigar en los sobrevivientes códices de las culturas originarias que, como los Mayas, habitaron esa región desde tiempos inmemoriales, si también éstas lo habían pensado.

En todo caso, durante los primeros siglos de la ocupación europea de tierras americanas, la idea fue planteada una que otra vez a la Corona española; quien siempre la rechazó por considerarla perjudicial para sus intereses de dominio total sobre la región. Llegado el siglo XVIII, siglo en el que las verdades instituidas por el racionalismo cartesiano fueron puestas en cuestión por la ciencia experimental, el interés por contrastar las verdades reveladas con la experiencia sensible, llevó a las nuevas generaciones de pensadores, a recorrer el globo terráqueo más allá de los límites conocidos. Por ello, será éste el siglo de los descubrimientos científicos y de la exploración del mundo natural; y entre las interrogantes planteadas, destacaba la de conocer lo que realmente existía en el vasto océano que separaba al occidente de América, del oriente de China y la India. Y, sobre todo, cuál podría ser la vía más corta para conectarlas.

Entre las muchas obras publicadas a ese respecto, destacó la escrita por Arthur Dobbs, de origen irlandés, titulada: Un resumen de todos los descubrimientos que se han publicado de las islas y países adyacentes al gran océano occidental entre América, India y China, etc., señalando las ventajas que se pueden obtener si se encuentra un paso corto a través del estrecho de Hudson hasta ese océano. (1744). Si bien esta obra plantea la construcción de un paso entre ambos océanos muy al norte de Canadá, lo cual lo hacía tan poco atractivo como el paso por el estrecho de Magallanes al sur del Río de la Plata, su éxito se debió a que puso en evidencia la necesaria y urgente conexión que debía establecerse entre el Atlántico y el Pacífico, a fin de asegurar la superación de la grave crisis provocada por una revolución industrial que exigía no sólo una vía segura sino más rápida, para la salida de la producción de las nuevas mercancías. Salida que para la Europa no española resultaba ilusorio plantearla atravesando territorios ajenos; como lo eran las posesiones de la corona borbónica en el Caribe; a menos que se lograra primero la liberación total de esas colonias en América.

La misma obra contenía, además, un cálculo de cómo aumentarían las exportaciones al construirse ese paso entre los dos océanos y, sobre todo, un cálculo de las ganancias que este paso le traería a comerciantes y gobiernos de ambos lados del mundo.

Miranda no sólo leyó este libro sino también otros publicados sobre el mismo tema, y sabrá utilizar esta idea para despertar aún más el interés de los ingleses por lograr la independencia de toda la América Española; lo que significaba, al mismo tiempo, la real posibilidad de construir ese canal por la parte más estrecha de tierra que separaba ambos mundos, y al que España se seguía oponiendo.

Una vez de nuevo en Inglaterra, luego de su recorrido de cuatro años por gran parte de Europa, norte de África y el imperio ruso, Miranda se siente ya preparado para echar a andar su plan de liberación de todo el territorio americano en posesión de España. Su primer gran paso será tratar de conseguir la aquiescencia y el financiamiento del gobierno inglés; tradicionalmente enfrentado a España y Francia, tanto en Europa como en el Caribe. Será Thomas Pownall, miembro del Parlamento y antiguo gobernador en algunas provincias norteamericanas antes de su independencia, quien le consiga la entrevista y lo acompañe en su primera conversación con William Pitt.

Las ideas discutidas en esta reunión, celebrada el 14 de febrero de 1790, en Hollwood, casa de campo del Primer Ministro inglés, serán plasmadas por Miranda en su primera Propuesta para la Independencia americana; presentada al gobierno inglés y a la que hemos hecho referencia en publicaciones anteriores. En ella, además de formular la razón substancial que lo mueve a solicitar el apoyo de Inglaterra para que la América del Sur  pueda “sacudir la opresión infame en que la España la tiene constituida”, Miranda le ofrece a la nación inglesa como retribución, además de “un vastísimo comercio” y tesoros con los que se le pagarían puntualmente los servicios que ésta le preste, otras ventajas como “la posibilidad de formar sin mayor dificultad un canal de navegación en el istmo de Panamá, que facilite el comercio de la China y del Mar del Sur, con innumerables ventajas para la Inglaterra, América, etc.”

A medida que el proyecto de independizar América de toda forma de sujeción política, económica y cultural se fue perfeccionando, la idea de construir ese Canal se hizo un arma estratégica para lograr el apoyo requerido.

Así, vuelve a retomar el tema en el Acta de París, de 1797, cuando huyendo de la persecución del gobierno napoleónico y decepcionado por la ruta tomada por el gobierno revolucionario francés, decide regresar a Inglaterra y replantear su proyecto independentista de América a las autoridades del momento; ya no como una aspiración individual sino como una solicitud colectiva que involucra a otros americanos conscientes de la imperiosa necesidad de liberar definitivamente su patria del dominio español. Como también lo reafirmará, con mucha fuerza, en su más completo alegato sobre la urgente necesidad de hacer realidad la Independencia de la América del Sur, por tantos siglos espiritualmente oprimida y materialmente saqueada por la Corte de Madrid; como lo es su Proclama a los Pueblos del Continente Colombiano, alias Hispanoamérica, de 1806.

Pero en Miranda, Panamá no sólo se convertiría en el centro del comercio entre ambos océanos, sino que por su propia ubicación geográfica en la Colombia liberada y constituida en nación desde el Mississippi hasta la Patagonia, simbolizará igualmente el centro físico de tan vasto territorio y, en consecuencia, se convertirá también en su centro político; ubicándose allí el Concilio Colombiano, especie de Congreso General de Colombia, así como los dos Incas (nombre americano para el gobernante máximo) que detentarán el Poder Ejecutivo; como queda bien explícito en sus diversos Proyectos Constitucionales. Para todo lo cual, el Canal se convertía en una urgente necesidad.

T/ Carmen Bohórquez
F/Tomado del «Atlas de los Estados Unidos de Colombia, antigua Nueva Granada», 1865

 

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La comuna Greenwood

Booker T. Washington (1856-1915) fue un educador, orador y líder nacido esclavo, que abogó por el progreso económico de su gente a través de la educación y el trabajo, fundando el Instituto Tuskegee y convirtiéndose en la voz principal de los negros en Estados Unidos hasta su muerte, dejando un legado duradero en la educación negra y un enfoque pragmático para la igualdad.

E. B. Du Bois (1868-1963) fue un marxista, sociólogo, activista, historiador y líder de derechos civiles de los negros, cofundador de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), editor de la revista The Crisis y pionero en el estudio del racismo. Abogó por el panafricanismo y la igualdad plena.

En 1906, una comunidad del estado de Oklahoma decidió crear la comuna Greenwood en la ciudad de Tulsa, inspirada por Booker T. Washington. Para el año 1921, esta comuna era un ejemplo de convivencia, paz y prosperidad convirtiéndose en un boyante centro de negocios y servicios, al punto que era conocida como la Wall Street Negra. Contaba con 11.000 habitantes que vivían en 35 manzanas, con al menos 15 médicos, una docena de sastres, siete abogados, un joyero, una fábrica de ropa y una pista de patinaje entre sus más de 240 negocios, restaurantes, cines y periódicos. La comuna participaba en el auge petrolero de la región.

Cuando W.E.B. Du Bois visitó la comuna Greenwood, a principios de 1921, quedó impresionado por lo que encontró. El afamado intelectual llevaba semanas de gira dando conferencias por el sur. En su diario de viaje, escribió sobre linchamientos brutales y barbaries tan antiguas como la propia nación; más antiguas, de hecho. Lo que captó la atención de Du Bois fue lo que su gente estaba logrando a pesar de ello. «Se nota en todo el sur, con algunas excepciones, la nueva esperanza y el poder de la gente de color», escribió en su diario. «No se trata de una mayor fe en los blancos; todo lo contrario, es una clara conciencia de su propia capacidad».

Greenwood representó esta «nueva esperanza y poder» mejor que casi cualquier otro lugar del país. En menos de dos décadas, Greenwood se había transformado de una zona árida de tierras bajas al norte del centro de Tulsa en una comuna que era el centro de la actividad económica afroamericana del suroeste.

A las 10:30 de la noche del 31 de mayo de 1921, medio millar de blancos se concentraron ante la comisaría, donde prestaron juramento como “asistentes de policía” y, con el apoyo de algunos agentes, saquearon varias armerías. Siguieron horas de asesinatos racistas y persecuciones callejeras a tiros contra personas negras, de crímenes salvajes. Un indigente ciego y con ambas piernas amputadas fue amarrado a un carro y arrastrado hasta la muerte. La jauría blanca bloqueaba ambulancias para impedir la atención a las personas heridas y que, tras incendiar las primeras casas de Greenwood, amenazaba a los bomberos a punta de pistola para que no sofocaran el fuego. Difundían bulos sobre un “alzamiento” de la comuna y la supuesta llegada de “trenes llenos de negros” para ocupar Tulsa.

A las 5:08 del amanecer del 1º de junio de 1921, sonó una sirena, una metralleta disparó y comenzó la invasión de media docena de aviones privados a modo de ‘fuerza aérea’ que lanzaba dinamita y bombas incendiarias. Durante aquellas 18 horas de la masacre racial, respaldada por miembros del Ku Klux Klan y apoyada por las fuerzas de seguridad, el procedimiento se repetía: los grupos blancos llegaban a una casa, saqueaban los objetos de valor y la prendían fuego. Previamente sacaban a la calle a sus residentes negros para llevarlos a punta de pistola a un improvisado campo de reclusión. La policía se limitaba a colaborar con las ‘detenciones’. Más de 300 personas fueron asesinadas, más de 1000 resultaron heridas y más de 6000 fueron detenidas. Simón Rodríguez siempre nos dice: “Abramos la historia”. Sólo así podemos conocer al enemigo de la humanidad.

T/ Alí Ramón Rojas Olaya
F/Cortesía

elrectordelpueblo@gmail.com

 

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Cuando despertó, el país todavía estaba allí

Han pasado más de 20 días y el Gobierno Bolivariano sigue gobernando. Se están haciendo los preparativos para conmemorar el Bicentenario del Congreso de Panamá y la II edición de la Olimpiada Venezolana de Astronomía, la selección nacional de voleibol masculino sub-17 clasificó, por primera vez en su historia, al Campeonato Mundial y Venezuela participa en la 46.ª edición de la Feria Internacional de Turismo en Madrid.

Es decir, la vida continúa, pero hay algo distinto en el aire. Hay un proceso de reuniones, negociaciones y acuerdos con el país que ha marcado el pulso y el accionar de la oposición venezolana durante más de dos décadas. Y ese proceso lo lleva adelante el Gobierno Bolivariano, liderado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y lo está llevando a cabo sin que el país éste viviendo una convulsión social. Se han continuado realizando las excarcelaciones en pro de la reconciliación nacional, se llevará a cabo la primera Consulta Popular Nacional el 8 de marzo y no han parado las manifestaciones populares por la libertad y retorno del Presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.

Muy interesante que fue el propio EEUU quien fulminó a la principal representante de la derecha extrema que ellos mismos crearon, estamos hablando de María Corina Machado. Lo que ocurrió el 3 de enero fue un nuevo capítulo en el pulso de fuerza entre la voluntad del pueblo venezolano en decidir su destino y la nueva versión de la doctrina Monroe, ahora llamada “Donroe 2.0”.

Donald Trump, que conoce muy bien la dinámica mediática, declara constantemente, que él decide prácticamente todo en Venezuela. Pero, ¿realmente es así?

Trump, acostumbrado a reuniones de negocios, de pactos cerrados, de “tirar la piedra y esconder la mano”, y según los medios de comunicación de su propio país, de mentir, mentir y mentir, no puede comprender la variable del “ser venezolano”.

Todos los consejos comunales, comunas, todo lo fomentado en más de 25 años de Revolución Bolivariana en organización popular, en vivir lo posible (con todos los problemas con los que nos hemos enfrentado) late en el país. Late con fuerza.

En cada encuentro, cada conversa, cada vez que nos apoyamos y compartimos, construimos, no solo políticas desde nuestras propias realidades, sino lo más importante: lazos de afecto y de compañerismo.

Es que como pueblo no vivimos con miedo, si algo, tendemos a estar pendientes unos de otros y eso es algo que Trump no está en condiciones de asimilar. Él no funciona así, tiene otra lógica, la del más fuerte, la de hacer valer que son una potencia, que los EEUU no tiene que regirse por marcos jurídicos internacionales, y que prácticamente puede hacer lo que quiere. Pero el país, nuestro país, sigue aquí.

Entonces, así como durante cinco meses de asedio, continuamos con nuestra vida, no estábamos temblando, ni escondidos, ni mucho menos dejando de vivir, sigamos, porque la geopolítica se mueve, se está reconfigurando y aquí, no ha culminado nada.

Ana Maneiro Brumlik