Es habitual que eventos catastróficos se sigan recordando por meses, por años, por décadas e, incluso, por siglos. En lo que se refiere a terremotos, hasta bien entrado el siglo XX, se seguía hablando del sismo que estremeció a Cúcuta en 1878. Hay otras inseguridades del suelo que dan pie a los estremecimientos de ánimo, a las reflexiones y a las meditaciones durante siglos. Todos hemos oído hablar de las terribles violencias de tierra que asolaron a nuestro país el 26 de marzo de 1812.
1812: fueron tres terremotos
Sucedió hace más de dos siglos y aún tenemos viva la tragedia en la memoria. Algunos la siguen llamando el terremoto de Caracas de 1812. Y digo que la siguen llamando porque no debería ser así. Estudios recientes obligan a ver este fenómeno de la naturaleza desde una perspectiva más cabal. Por esa razón he optado por el título en plural y no en singular, como suele acostumbrarse.
En efecto, estudios recientes adelantados por el colega Rogelio Altez han podido comprobar que se trató de tres fuertes sacudidas que asolaron a Venezuela y no de una, como suele repetirse. Se produjeron casi en forma simultánea. La primera, tuvo lugar en Caracas a las 4 (otros dicen que a las 4:07) de la tarde; a los 20 minutos aproximadamente, hubo otro que tuvo a Mérida como epicentro; el tercero, fue en Barquisimeto. Casi toda la geografía de esos amplios territorios quedó devastada.
Sé que todavía hay más que aprender de aquellos sismos de 1812. Por ejemplo, poco se sabe que hubo otro (supongo que una réplica) el 4 de abril a las 3:30 de la tarde. Varios testimonios del momento lo referencian. Pero, en lo que se refiere al primero, el del día 26, entre otras razones fue devastador porque, cuando menos en Caracas, duró 1:50 minutos, similar en tiempo al del 24 de junio de 2026 .
Los testimonios del momento
Sobre esos terremotos de marzo de 1812, hubo varios testimonios de quienes sufrieron la catástrofe natural. Tal vez, el más conocido sea el volumen del médico realista José Domingo Díaz; hablo de aquel que tituló Recuerdos sobre la rebelión de Caracas (la primera edición es de 1829). Ahí registró este autor las que, según él, habrían sido palabras del joven Simón Bolívar cuando se irguió sobre las ruinas del convento de San Jacinto. Todos los nacionales de este país las conocemos: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Obviamente, lo que pretendía el libelista era demonizar al Libertador al acusarlo de sacrílego.
No fue el único testimonio. Como he apuntado, hay otros autores que consignaron el hecho. Por ejemplo, el mismo año de este sismo de 1812, se generó el apuntamiento del francés amigo del Libertador, Luis Delpech, impresor que junto a Juan Baillío publicó importantes periódicos que apoyaban la causa republicana, como el Semanario de Caracas y El Patriota de Venezuela. Recordó de manera puntual cómo el suelo comenzó a ondular bruscamente «como el mar en calma» antes de descargar su total fuerza destructiva.
También quiero llamar la atención en este momento sobre la edición de Gaceta de Caracas que salió el 25 de abril de 1812. Esas páginas son valiosas porque no sólo se detuvieron en el sismo del 26 del mes anterior, sino que informaron sobre otros movimientos sísmicos que habían abatido nuestro país.
El testimonio de una monja
En este rápido recuento de los textos que dieron cuenta de estos sismos de 1812, vale la pena detenernos en otros registros discursivos. En particular, es de importancia llamar la atención sobre un par de escritos que son menos conocidos. Diría que estamos escasamente familiarizados con ellos.
El primero de ellos es un poema. Fue escrito por una monja caraqueña que había nacido en 1765. Esta religiosa escribió unos versos que tituló, precisamente, «El Terremoto». Como cabe suponer, vivió directamente los hechos. Son cincuenta y cinco estrofas que se detienen en detalles singulares.
La singularidad consiste en que nos sitúa en la intimidad de la vida de estas carmelitas, obligadas a abandonar temporalmente el claustro. Al estar al descampado, buscaron refugio en una carpa improvisada que un par de voluntarios las ayudaron a instalar en las faltas del monte El Calvario, acá en Caracas. Se infiere que la escritura se generó en 1813, porque en la segunda estrofa manifiesta: “Qué triste son los asuntos/ que se nos han presentado/ en el discurso de un año/ al pie del Monte Calvario”. Hago la acotación de que la palabra “discurso” debemos entenderla en la acepción de “transcurso”.
En determinado momento, se refirió al plano personal. Habló de cómo asumir una experiencia tan dolorosa como aquella y de cómo enfrentarla. Su consejo no pudo ser más propio de una persona creyente y practicante de la religión que profesaba. Recomendó a todos que, después de las quejas, debía asumirse la conformidad. Una conformidad (hoy los psicólogos la llaman aceptación) que debe ser de tal fuerza y densidad que (y son sus palabras): «enternecerá las piedras».
Después de vivir esas indeseadas experiencias, quedaba sembrado el temor en cada uno de los habitantes. Todo ruido inesperado, toda sensación de mareo, toda inseguridad del suelo generaba fuertes reacciones de pánico. Y se sucedían las idas a los espacios de oración, los rezos prolongados y las oraciones interminables.
Una novela singular
Supe del otro texto que quiero recordar en esta oportunidad, porque me lo referenció hace algún tiempo el Dr. José Gregorio Linares, actual director del Archivo Histórico de Miraflores. El escrito en cuestión fue generado por el oficial de la Legión británica Richard Vowell. El libro había sido publicado originalmente en Londres bajo el título de The Earthquake of Caraccas (sic) en 1831. La versión al castellano es de 1974.
Se trata de una novela. Ese relato tiene significación para nosotros porque está ambientado en la Caracas de 1812 y porque, además, dedica (obviamente) varias páginas a describir el fenómeno. De manera que estamos comprobando de qué manera catástrofes de esta naturaleza no sólo afectan la vida privada, no sólo introducen terrible afectación en la vida colectiva sino que, además, dan un salto y se vuelcan en la literatura.
Venezuela se levanta
Una importante enseñanza me llevó al convencimiento de que el país se reconstruye. De los más conocidos momentos catastróficos de naturaleza sísmica generados en los siglos XIX y XX, se ha derivado el mismo aprendizaje: Venezuela se levanta y se rehace. Pero ese fenómeno sólo es posible cuando todas y todos nos comprometemos con esa agenda de reconstrucción.
T / Mirla Alcibíades Rondón
