Los resultados de las evaluaciones internacionales PISA 2025 evidencian un preocupante y sostenido retroceso en el rendimiento escolar de los estudiantes, consolidando una crisis profunda en los sistemas educativos de la región.
El informe de este ciclo detalla que los desempeños de los alumnos de 15 años mostraron caídas significativas en las áreas clave de Lectura, Matemática y Ciencias en comparación con las mediciones previas. Esta tendencia a la baja confirma un debilitamiento generalizado de las capacidades básicas que compromete el futuro académico y profesional de las nuevas generaciones.
En esta edición de las pruebas PISA participaron más de 760.000 estudiantes distribuidos en 91 países y economías, abarcando tanto a miembros de la OCDE como a sistemas asociados. Este amplio alcance global permite dimensionar el rezago relativo que presentan las naciones que no logran alcanzar los estándares internacionales mínimos.
Al analizar las métricas específicas, los puntajes promedio reflejan una contracción preocupante en todas las disciplinas evaluadas. Este decaimiento aleja aún más a los países con peor desempeño de la media esperada para las economías en desarrollo y desarrolladas.
Uno de los datos más alarmantes de la evaluación radica en la enorme proporción de alumnos que no logran superar el umbral básico de saberes. En el área de Matemática, una abrumadora mayoría de los jóvenes quedó por debajo del nivel 2, considerado por la OCDE como el requisito indispensable de desempeño, mientras que los porcentajes en los niveles de excelencia resultaron prácticamente imperceptibles.
El porcentaje se ubicó en el 36% durante los años 2006 y 2009, descendió al 34% en 2012, continuó su caída hasta el 31% en 2018 y tocó el 27% en 2022, hasta hundirse en un mínimo histórico del 24% en la más reciente evaluación.
La evolución histórica de estas mediciones refleja un deterioro prolongado en el tiempo. La porción de estudiantes que logra alcanzar el nivel mínimo de competencias ha venido achicándose de manera sistemática año tras año, lo que evidencia que el problema responde a fallas estructurales acumuladas y no a eventos aislados.
Especialistas en la materia advierten que este escenario se traduce en graves dificultades cotidianas para que los adolescentes puedan resolver ejercicios lógicos, calcular proporciones o interpretar textos abstractos de manera adecuada para su edad. Las caídas observadas de forma paralela en Lectura y Ciencias reafirman la transversalidad de la crisis.
Ante este panorama adverso, las reacciones políticas y ministeriales no se han hecho esperar en las distintas naciones afectadas. Diversas carteras educativas han señalado que los resultados son el reflejo directo de gestiones pasadas deficientes y de políticas públicas que descuidaron los aprendizajes fundamentales.
Por otro lado, analistas y funcionarios coinciden en que el retroceso también responde en parte a un fenómeno de declive regional, aunque advierten sobre la urgencia de aplicar transformaciones estructurales profundas. El objetivo central de estas medidas debe ser revertir la pérdida de saberes y rescatar a los sistemas educativos de un estancamiento prolongado.
