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Iron Maiden: Burning Ambition: un documental no solamente para metaleros

Ya llegó a los circuitos comerciales del país el filme Iron Maiden: Burning Ambition, un documental precisamente ambicioso (valga la redundancia) que intenta abarcar, en tan solo una hora y tres cuartos, 50 años de la historia de una de las bandas británicas más importantes e influyentes de todos los tiempos y referente obligatorio en el género del heavy metal.
Es lógico pensar que la obra es un obsequio para los seguidores y de hecho lo es. Durante la presentación a la prensa pudimos confirmar que los fanáticos toman el documental como un niño recibiendo un regalo la mañana del 25 de diciembre.
Sin embargo, y he aquí uno de los muchos valores del filme, la pieza dirigida por Malcolm Venville abre una ventana panorámica para que el público en general, no solamente conozca a la banda, sino también precie el valor de la perseverancia y del trabajo en equipo, así como todo el titánico trabajo, la resiliencia, dedicación, esfuerzo y amor necesarios para alcanzar el éxito y sostenerlo en el tiempo.
Los fanáticos, seguidores, o simplemente melómanos, escuchan un disco o van a un concierto a probar solo las mieles que resultan del intenso trabajo, disciplina y sacrificios de los músicos. Es justo ese, a nuestro juicio, el principal aporte del documental, la afectividad al conectar al público con lo que hay detrás de las tarimas y las grabaciones, para estimular la reflexión, en cualquier tipo de público, sobre el costo emocional y humano que implica llegar y mantenerse en la cima.

Hermanos de sangre

Otro valor de la producción es que no se limita a exponer una sucesión cronológica de anécdotas contadas por los protagonistas. Por el contrario, el filme con guion de David Teague incluye las voces de la fanaticada.
Sí, por supuesto, muchos de ellos famosos, como el bajista de The Cure, Simon Gallup; el rapero Chuck D (Public Enemy); el baterista de Metallica, Lars Ulrich; el excéntrico Gene Simmons de Kiss; el periodista y crítico musical brasileño, Gastão Moreira y el actor español, Javier Bardem, abiertamente declarado amante de la agrupación inglesa.
Pero también contiene testimonios de seguidores desconocidos, con múltiples ocupaciones profesionales y de diferentes latitudes. Absolutamente todos con un hipertrofiado sentido de pertenencia que, gracias a Iron Maiden, se sienten parte de una gran familia como si fueran “Hermanos de sangre”.
Por las obvias limitaciones temporales, Iron Maiden: Burning Ambition se detiene un poco más en algunos acontecimientos y pasa de manera rasante por otros que no quedan del todo resueltos o esclarecidos.
No obstante, el documental no deja por fuera los conflictos o dificultades como la quema de miles de ejemplares de sus discos cuando los acusaron de adorar al Señor de las Tinieblas, o el quiebre que significó la salida del vocalista, Paul Di’Anno, sustituido por Bruce Dickinson, así como la salida de este último (sustituido a su vez por Blaze Bayley) y su posterior regreso. Y la salida del guitarrista, Adrian Smith, quien regresó después, pero no para sustituir a quien había sido su reemplazo, Janick Gers, sino para formar un inusual trío de guitarras junto a Dave Murray.
No faltan tampoco los aciagos momentos cuando le detectaron, nada menos que cáncer de garganta, al cantante Bruce Dickinson y su feliz remisión. O el derrame cerebral que sufrió el baterista Nicko McBrain.
También se aborda la curiosidad que significó la decisión del cantante de convertirse en piloto comercial de aviones para seguir un sueño inspirado en sus verdaderos héroes, como un tío que perteneció a la Real Fuerza Aérea. Esta decisión permitió a la banda llegar, en aviones decorados con su nombre, a lugares que nunca formaron parte de las giras mundiales tradicionales de las bandas más afamadas, como El Salvador, San José de Costa Rica y Manaos, entre otras localidades, lo que da cuenta, como queda claro en el documental, la verdadera importancia que le confiere la agrupación a su fanaticada.
Otra demostración, plasmada en el filme, de ese fervor y retribución de la agrupación a la fidelidad de sus seguidores fue la transgresora visita de la agrupación, en 1984, a Polonia, para ofrecer conciertos en tres ciudades, en plena Guerra Fría, cuando la juventud detrás del «Telón de Acero” no era tomada en cuenta por otras agrupaciones.
Otro asunto importante es el papel fundamental, para la permanencia de la banda, de la perseverancia y liderazgo del fundador, el bajista Steve Harris, de quien se narran sus humildes inicios cuando apenas era un joven barrendero en Londres.
A lo largo del documental y como parte de la estructura narrativa aparece otro de los elementos fundamentales de Iron Maiden, Eddie the Head, más allá de una mascota que aparece en cada una de sus producciones discográficas y conciertos en vivo, una suerte de alter ego de todos los integrantes juntos.
En definitiva, Iron Maiden: Burning Ambition es un documental, no solamente para metaleros, que encierra una interesante lección de vida.
T/Luis Jesús González Cova
F/Cortesía

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