En el mundo existen siete especies conocidas de tortugas marinas, de las cuales, cinco de ellas eligen todavía las costas de nuestro país como su hábitat natural. Factores como el rápido crecimiento demográfico, la comercialización de estas especies y la explotación irresponsable del turismo, son algunos de los factores que el biólogo venezolano Pedro Vernet, analiza como las causas principales del acelerado decrecimiento de la población de tortugas marinas en el país.
Vernet es especialista en conservación de especies amenazadas, y su trabajo se enfoca en grandes reptiles, sobre todo tortugas marinas y cocodrilos. En su experiencia de más de 47 años de trabajo incansable en la preservación de estas especies, reconoce que en Venezuela se encuentran cinco variedades de tortugas marinas: la tortuga verde, la tortuga carey, la tortuga caguamo, la tortuga maní o guaraguá y la tortuga cardón, que es la de mayor tamaño en todo el mundo. Todas ellas están bajo diferentes situaciones de amenaza.
“Hay diferentes tipos de amenaza para las tortugas marinas en Venezuela. La más amenazada de todas, que está en peligro crítico de extinción, es la tortuga carey. Ha sido comercializada y sobreexplotada por su concha, que tradicionalmente se usaba para hacer peines, pulseras, zarcillos… eso más el consumo de la carne”, asegura el especialista. Luego están en peligro, en este mismo orden, la tortuga verde y la cardón, que aunque en el mundo ya no son consideradas como especies bajo amenaza de extinción, en Venezuela las condiciones de los hábitats y de la acción humana, aún las mantienen en riesgo.
Si bien factores como el cambio climático, la reorientación de las corrientes y la transformación natural de las playas han incidido en el cambio radical de las condiciones para la supervivencia de las tortugas marinas en Venezuela, es la mano del hombre la que más tiene que ver con esta afectación que las pone en serios peligros.
Áreas críticas afectadas para la vida de las tortugas marinas y el caso Nueva Esparta
A pesar de que son muchos los factores naturales que están incidiendo en la disminución de la población de tortugas marinas en Venezuela, la principal causa sigue siendo el factor humano. La caza ilegal, la comercialización de su carne, sus huevos o su caparazón y la destrucción de sus hábitats en aras del supuesto progreso, son la principal amenaza para el desarrollo de la vida de estos reptiles.
“Estamos destruyendo sus hábitats, nos las comemos, saqueamos los nidos y vendemos los huevos, destruimos las áreas reproductivas y los arrecifes de coral, zonas de manglares, que son esenciales para las fases de la vida de estas especies… a ello habría que adicionarle la pesca accidental o incidental, que es cuando el pescador no va a buscar tortugas, pero las captura”, opina el biólogo Pedro Vernet, quien además coordina el centro de investigación de Fundambiente.
De los 47 años de experiencia que tiene el especialista, 25 de ellos lo ha desarrollado profesionalmente en el estado Nueva Esparta, uno de los pocos lugares del país donde anidan las cinco especies de tortugas marinas que hay en Venezuela, y donde la población de estas especies ha sufrido con mayor rigor el efecto de la acción humana.
Vernet alerta sobre la proliferación del impacto lumínico, ruido estruendoso o exceso de tránsito en la playa, como razones adicionales para que las especies de tortugas que anidan en la orilla, hayan tenido que “retirarse de las zonas principales de puesta a playas marginales que no necesariamente son las mejores playas para la reproducción, porque a las tortugas marinas le gustan las mismas playas que a nosotros nos gustan”.
“Iluminación, construcciones costeras, carros que andan en las playas, las fiestas estruendosas”, son las principales causas que afectan la reproducción de las tortugas marinas. En tal sentido, Vernet refiere que el uso indebido de estos espacios, sobre todo en la época de anidación, aleja a estos animales de su espacio natural para concretar la reproducción.
Para el biólogo hay un punto de honor que la lucha por la preservación de las tortugas marinas, ha sufrido de manera drástica: en los últimos 50 años se ha perdido más del 80% de las playas del frente noreste de la isla de Margarita, que son las playas más importantes de anidación de la isla.
“Las mejores playas para la puesta de todas las especies también son las playas más impactadas por la actividad turística, construcciones, luces, carros metidos en la playa, fogatas, basura y todos estos elementos confluyen juntos en esta zona. Además, tenemos el efecto que no podemos controlar, que es la erosión de la playa, la profundidad de la arena y esa duna abierta para que las tortugas pongan”, añade.
La esperanza: “Esto se puede acomodar”
“Venezuela cuenta con un marco legal completo para proteger a las tortugas y proteger las playas y sus ambientes”, con esta aseveración, el biólogo asoma una luz de esperanza para revertir este proceso de amenaza contra las tortugas marinas. Añade que ese marco legal es firme y que se complementa de manera armónica entre las leyes que datan de los años 50, hasta las más actualizadas.
Enumeró entre estos instrumentos la Ley de protección de Fauna Silvestre, la Ley Penal del Ambiente, la Ley de Costas, que puede ser aplicada parcialmente debido a la erosión natural de algunas playas y otras normativas vigentes. Sostiene que “lo único que posiblemente haga falta es un buen reglamento que compile los objetos de estas leyes que funcionan para la conservación de las tortugas y la relación comunidad-medio ambiente, porque estamos hablando de ecosocialismo y algunas normas de convivencia para que sea menos dañino el impacto a estas importantísimas especies que llegan a nuestras costas”.
En tal sentido, saludó la Ordenanza de Protección Integral de las Playas ubicadas en el Municipio Bolivariano General en Jefe Juan Bautista Arismendi, de reciente aprobación, y que tiene por objeto establecer normativas de protección ambiental en todas sus playas. Esta ordenanza compromete obligaciones de personas naturales, de prestadores de servicios, prohibiciones y contempla las infracciones y sanciones a la violación de la normativa, que ya está vigente para la preservación de espacios naturales en las playas de esa localidad.
“Ya ha habido tres procesos de multas, cierres de comercios, sobre todo porque la gente no se termina de adecuar o no quieren aceptar la ley… pero esta ordenanza es para organizar el espacio marino-costero, para reorganizar el territorio e incluye toda una parte completa de tortugas, la parte ambiental, tratamiento de aguas negras, manejo de basura, la música a alto volumen, el manejo de las luces. La idea es que funcione la actividad económica para el desarrollo, a la par de enlazar perfectamente con el medio natural sin que eso implique la pérdida del trabajo o ganancias”, dijo.
Durante la conversación con Pedro Vernet, el biólogo reconoció que el camino de la preservación de especies amenazadas no es un camino de rosas, pero vislumbró que una posible solución a la problemática radica en dos puntos de partida que deben trabajar de manera mancomunada: el alto gobierno articulado y una base social involucrada en las zonas de conflicto.
Ello implica, según Vernet, la implementación de políticas coherentes y sólidas entre los entes del Ejecutivo, que actúen como un brazo armónico de aplicación de políticas de Estado, con la articulación de personas que habitan en las playas, los guardaparques, con los comerciantes, con las alcaldías y gobernaciones y el poder popular organizado.
“Si logramos articularnos en esos dos niveles, viene la solución mucho más rápida de lo que pensamos. Siempre hace falta que haya gente involucrada que tenga conocimiento, porque las buenas intenciones, por sí solas, no sirven”, apuntó.
Recomienda que es preciso acudir desde las instancias políticas ejecutivas a los sitios donde ocurren las cosas, “evaluar lo que está pasando y darle a la gente la información que necesitan” para lograr el éxito de las políticas públicas en materia de preservación del ambiente y de todas las especies.
En su opinión, el mayor tesoro está en la gente que conoce las playas y respeta su funcionamiento natural. Con ellos, asegura, se logrará la aplicación coherente y correcta de las políticas públicas para preservar la vida de las tortugas marinas. “A ese tesoro hay que sumarle gente, facilitarles la vida, buscar la manera que no haya conflicto con ellos ni entre ellos, porque son la gente que está tratando de salvar estas especies”, concluyó.
