Lo primero que llega al presentarse una catástrofe con riesgos para la vida humana es la ayuda más cercana: la del núcleo familiar primero, luego la vecindad, el estado y después la ayuda exterior. Hay quien cree que los rescatistas deben estar presentes apenas ocurre el siniestro, técnicamente parece razonable, pero por razones geográficas y humanas obvias, esta ayuda llega tarde, así que los primeros en llegar y ayudan son los están allí al momento del suceso. Sí, la cultura venezolana aplaude, conserva y practica la solidaridad, hacer el bien sin mirar a quien, el respeto mutuo, asumir que somos iguales sin distingo entre nosotros, profeses la religión o partidismo político que fuere, damos pan y cobijo a quien lo necesita sin preguntar ni esperar ganancia por ello, recibimos visita y ofrecemos asiento y café, apenas al conocernos compartimos el trago y hoy, luego de las penurias causadas por las medidas coercitivas, nuestras reuniones sociales son de “traje” y cada quien aporta algo al condumio. En los años 50 acción democrática usó la imagen de “Juan Bimba”, un campesino pobre, pero honrado como se decía y con ello lograron muchos adeptos que perdieron cuando se elitizó. Tampoco es casual que el discurso igualitarista y solidario con el más débil del comandante Chávez lograra gran apoyo y es que el venezolano se coloca siempre del lado del débil. Esta venezolanísima actitud quedó demostrada en la multitudinaria acción la tarde de San Juan, en la zona de desastre en La Guaria, Caracas y otros lugares, con esa pulsión esencial y natural humana de proteger la vida y es que hacer lo contrario sería antivenezolano.
Otros aprendieron por la escuela y la mediática que todo lo extranjero es bueno y mejor, compraron el discurso imperial sin filtro ni medida, dispuesta a destruir hasta los cimientos con tal de abrir las puertas a la intervención extranjera. Personas que viven para tener, obviando el ser, sobre todo el ser de los demás. Practican la caridad y no la solidaridad. Una minoría amplificada mediáticamente y cree que es mayoría, que asume como verdad lo que les dicen y comprenden la vida desde una cultura ajena a la venezolana, que quiere ver otro país en este territorio, sin venezolanos. Muchos migraron. Otros actúan cual animal carroñero, ignoran el contexto al informar sobre aquél loable impulso humano y mienten descaradamente diciendo que el vecino es un rescatista del estado, ocultando que estas labores requieren un orden, que lleva tiempo organizar, localizar y movilizar personal. Pero se les ve la costura, la mala intención y mezquino interés.
Nuestro País, como todos, contiene lo bueno y lo malo y para salir adelante, aun con dolor, nos corresponde musicar como una orquesta, donde cada cual toca el instrumento que sabe tocar bien y así aporta a la sinfonía que se requiere para reconstruir este país, nuevo y armónico donde se equilibren sus opuestos.
*Músico docente
