La temporada de ciclones comenzará oficialmente en mayo y traerá consigo un incremento notable en la frecuencia de las lluvias en todo el continente. Las naciones de América Latina enfrentan un panorama de mayor humedad y precipitaciones constantes bajo este ciclo meteorológico. Este cambio en el clima marca el fin de la sequía en diversas regiones y el inicio de un período de vigilancia climática intensiva.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOOA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos definió la nomenclatura para los primeros sistemas de gran magnitud. El nombre Amanda identificará al primer huracán que surja en las aguas del océano Pacífico durante este ciclo. Por su parte, el nombre Arthur designará al fenómeno inicial que se desarrolle en la cuenca del Atlántico.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) advirtió sobre la alta probabilidad de que el fenómeno «El Niño» coincida con esta etapa del año. Las proyecciones actuales indican una posibilidad superior al 60% para el desarrollo de este evento climático. Su presencia suele alterar los patrones de viento y temperatura de forma drástica en diversas latitudes.
Esta combinación de factores meteorológicos podría potenciar los efectos colaterales de los ciclones en las zonas costeras y del interior. Las autoridades recomiendan a la población el seguimiento constante de los informes oficiales para mitigar riesgos ante posibles inundaciones o tormentas. La preparación previa resulta vital frente a un año que promete una actividad atmosférica considerablemente alta.
