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Unearte homenajeó legado cinematográfico y humano de Román Chalbaud

La sala Horacio Peterson, emblemático espacio de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), se hizo eco de anécdotas, memorias y reflexiones sobre el cine venezolano como parte de un encuentro en el que se celebró la vida y obra del maestro Román Chalbaud, figura trascendental del quehacer fílmico en nuestro país.

La reunión fue moderada por la actriz y docente Irabé Seguías, quien destacó que el lugar de Chalbaud dentro de la memoria del país trasciende lo artístico. “Román ocupa uno de los sitiales más importantes, no solamente por su obra cinematográfica y teatral, sino también desde la parte afectiva. Todos sus compañeros se volvieron familia. Ese es uno de los aspectos más notables que pueda ostentar un ser humano”, expresó.

Asimismo, Seguías afirmó que las obras del maestro continúan conectando con nuevas generaciones porque “penetran profundamente en el imaginario colectivo del venezolano”, que hace de su visión sobre la idiosincrasia nacional una obra “atemporal y eterna”.

Como parte de este acto, se proyectó un video especial que recorrió en imágenes el inconmensurable legado artístico de Chalbaud, que comprende más de siete décadas dedicadas al teatro, el cine y la televisión. Filmes como El pez que fuma, Caín adolescente o La oveja negra, no solo retrataron las complejidades sociales del país, sino también la sensibilidad, el humor y la identidad del pueblo venezolano.

Complacido de participar en esta íntima celebración, también estuvo Josué Saavedra, director de sonido, documentalista y realizador audiovisual. Saavedra, quien trabajó junto a Chalbaud durante décadas, rememoró la profunda relación profesional y humana que forjó junto al cineasta y dramaturgo.

“Yo trabajé casi 40 años con el maestro, desde muy joven en ‘Cangrejo I’. Para mí todavía está acá y me guía, y me orienta con todo lo que estoy haciendo ahora”, comentó, incapaz de disimular su emoción.

Saavedra describió a Chalbaud como “el maestro, tanto del cine como del teatro”, resaltando su sensibilidad y cercanía con cada integrante de sus equipos de trabajo. “Lo caracterizaba una gran humanidad, era un ser especial, con una gran estrella. Aquí y en el mundo entero, donde iba dejaba una huella”, aseguró.

Saavedra también subrayó la importancia del cine de Chalbaud en la construcción de la identidad nacional. “Su trabajo destacaba lo popular, el venezolanismo. Para él era una misión de vida reflejar y retratar lo que somos como venezolanos, porque era un amante del país y lo quería muchísimo”, expresó, no sin antes concluir que “la inmortalidad no está en vivir mucho; está en dejar un legado con el que te recuerden, y por eso Román es inmortal”.

En el homenaje también participó la productora e investigadora audiovisual Pily Galán, quien recordó al director como un creador profundamente disciplinado y humano. “Todas las películas de Román son excepcionales, pero ‘La Oveja Negra’ es Román en toda su expresión; allí está todo su imaginario”, comentó.

Galán destacó además la rigurosidad profesional del maestro en cada rodaje. “Uno aprendía muchísimo con él, con ese respeto al tiempo, a los técnicos, a los actores y a todo el equipo de grabación”, subrayó la productora, que también recordó la capacidad de Chalbaud para aprovechar al máximo los recursos sin perder profundidad artística.

Desde lo personal, Galán lo describió como “un ser lleno de luz, con tanto amor para dar”, cualidades que resumían el humor y la calidez muy suyas dentro y fuera del set.

Más que un homenaje, la actividad se convirtió en una reafirmación del lugar que ocupa Román Chalbaud dentro de la cultura venezolana: un creador imprescindible cuya obra continúa iluminando el cine, el teatro y la memoria emocional del país.

 

Prensa MinCultura
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CNAC relanzará el clásico filme “El Pez que Fuma” en formato digital

En un acontecimiento sin precedentes para la memoria histórica y cultural del país, la obra cumbre del maestro Román Chalbaud, “El Pez que Fuma” (1977), ha sido recuperada digitalmente, marcando el inicio de un ambicioso plan de preservación fílmica nacional.

La reedición de la considerada obra maestra de Chalbaud es el primer resultado de un convenio estratégico suscrito entre el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y Bolívar Films.

Esta alianza, que se mantendrá vigente hasta el año 2028, tiene como objetivo principal la restauración visual y sonora de 15 películas emblemáticas del cine venezolano, en pro de garantizar la salvaguarda de un patrimonio artístico invaluable.

Tecnología al servicio de la memoria

El proceso de restauración ha permitido devolverle la calidad técnica original a esta pieza de culto, corrigiendo el desgaste del tiempo, tanto en la banda sonora como en el color y la textura de la imagen. Con esta transformación, la cinta está lista para ser exhibida nuevamente en las salas de cine modernas y plataformas digitales bajo los más altos estándares de calidad internacionales.

El realismo social sin concesiones

La filmografía de Román Chalbaud constituye un espejo incomodo pero fascinante de la realidad social venezolana contemporánea. A través de clásicos indiscutibles como Caín Adolescente (1959) —su ópera prima basada en su propia obra teatral—, Sagrado y Obsceno (1975), El Pez que Fuma (1977) y La Oveja Negra (1987), el director desnudó las dinámicas sociales del país, traducidas de vueltas en imagen narrativa para la reflexión.

Preservación del patrimonio fílmico

El primer paso de este convenio de restauración inició en 2024, tras un arqueo de incunables fílmicos venezolanos celosamente resguardados por la Cinemateca Nacional. La obra en cuestión, junto a otros títulos del universo cinematográfico venezolano, permaneció hasta ese momento en custodia de esta institución fundada por Margot Benacerraf hace 60 años y que por estos días está de aniversario.

Al resguardar una obra como la de Chalbaud, bajo condiciones óptimas de temperatura y humedad para frenar el “síndrome del vinagre” y la descomposición del celuloide, la Cinemateca no solo ha protegido hasta el presente una trama llena de actuaciones memorables; resguarda, además, el testimonio de una era, el lenguaje de una Caracas y una Guaira de finales de los setenta, y la genialidad técnica de los pioneros del cine nacional.

Su esfuerzo asegura que la gran pantalla nacional siga encendida, en una tarea de proteger las historias narradas en imágenes que nos definen, con la garantía de que las futuras generaciones también puedan disfrutarlas, ahora en su máxima resolución digital.

El Pez que Fuma de Román Chalbaud

Existe un antes y un después en la cinematografía venezolana, y en ese punto de inflexión lo marca “El Pez que Fuma” (1977), dirigida por el maestro Román Chalbaud y coescrita junto al reconocido dramaturgo José Ignacio Cabrujas.

Esta producción no solo es considerada la obra cumbre del cine nacional, sino también una de las piezas más audaces y descarnadas del cine latinoamericano del siglo XX.

Chalbaud, con su mirada irreverente, logra dignificar a los marginados sin romantizar la miseria. Los personajes de “El Pez que Fuma” están llenos de matices; son víctimas y victimarios a la vez, moviéndose al ritmo de la música.

A casi cincuenta años de su estreno, el ciclo vital que retrata la película resuena aún como un eco social

Hoy la película se mantiene viva gracias a los esfuerzos por su preservación y restauración digital. Su renacer no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un acto de justicia cultural que permite que las nuevas generaciones descubran el poder transformador del cine.

“El Pez que Fuma” es más que una película; es el alma de un país atrapada en celuloide, un clásico inmortal que nos recuerda la fuerza, la irreverencia y la genialidad del gran Román Chalbaud.

F/CNAC