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Con película, arte y fiesta multisensorial llega Noche Cinemateca al Museo de Bellas Artes este 26 de junio

La Cinemateca Nacional inaugura en junio Noche Cinemateca, un ciclo de eventos temáticos que toma una película como punto de partida para transformar la experiencia tradicional de ir al cine en una fiesta multisensorial que combina cine, música y performance dentro y fuera de la sala de proyección.

La cita será el último viernes de cada mes en el Museo de Bellas Artes (MBA), comenzando el próximo 26 de junio. La programación arrancará a las 6:00 p. m. con dos horas de película y continuará con tres horas de activaciones artísticas simultáneas distribuidas entre el lobby de la Cinemateca y la propia sala.

Habrá música, intervenciones performáticas en vivo, gastronomía, coctelería y más. Todo se extenderá hasta la medianoche.

En el marco de su 60 aniversario, la Cinemateca Nacional incorpora estos encuentros a su programación de la mano de movimientos culturales nacionales. La iniciativa busca convertir el cine en una experiencia para compartir y enaltecer el valor de la película como una obra de arte que no se queda en la pantalla, sino que dialoga con otras disciplinas y se transforma en una experiencia viva, lúdica y en movimiento.

Las entradas tienen un valor de Bs. 1.800 y estarán a la venta en línea a través del enlace de pago ubicado en la biografía de Instagram de la Cinemateca Nacional (@cinematecanacional_ve). Dado que el aforo es limitado, se recomienda adquirir los boletos con anticipación.

Así será su primera edición este 26 de junio

El estreno de Noche Cinemateca llega con propuestas vinculadas a las celebraciones que marca el calendario. El primer encuentro, el viernes 26 de junio, será “El eco de las custodias: Ensueño sensorial de San Juan”, una propuesta de Dayon Moiz, fundadora del colectivo Venezuela Indómita, en el marco de la Fiesta de San Juan.

La noche estará dedicada al rol de la mujer en el culto a San Juan Bautista y tomará los espacios del Museo de Bellas Artes con una Vigilia Sensorial de San Juan. La jornada comenzará con la proyección de la película Azú, alma de princesa, seguida de un laberinto inmersivo de sonido, cantos en vivo, esencias y una instalación con maniquíes. Todo diseñado para recorridos en grupos pequeños.

Cada edición de Noche Cinemateca tomará una película y una temática distintas para construir nuevas experiencias de encuentro entre el cine y otras disciplinas artísticas. Los detalles específicos de esta primera edición y de las próximas fechas se publicarán progresivamente en las redes sociales de la Cinemateca Nacional, donde también se informará sobre las actividades conmemorativas por los 60 años de la casa del cine.

F/Fundación Cinemateca Nacional
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Película Zafari se estrena hoy simultáneamente en Venezuela y Chile

Mientras en la Bienal de Venecia se programó para hoy 4 de septiembre la función para la industria y la crítica de la producción Aún es de noche en Caracas, dirigida a cuatro manos entre Mariana Rondón y Marité Ugás, en nuestro país se estrena Zafari, la película inmediatamente anterior, escrita por ambas, guiada por la primera y producida por la segunda. La misma fórmula de múltiples propuestas entre las cuales destaca Pelo malo, la ganadora de la Concha de Oro, en 2013, en San Sebastián, el mismo lugar que marcó el debut de la que hoy entra en los circuitos comerciales venezolanos.

Zafari ya lleva un amplio recorrido por festivales, aún en desarrollo, y a estas alturas de la trayectoria del filme su directora desea confrontar esta perturbadora historia con el gran público. El 28 del mes pasado entró en salas de Perú y hoy también se presentará por primera vez ante la audiencia chilena. Se espera que luego entre en salas de Brasil, México (donde ya tuvo una corrida), España, República Dominicana y Francia.

Potencia narrativa

Si bien este enfrentamiento con las audiencias  es necesario e intrínseco para que una obra de arte sea tal, Zafari completó una preparación que de alguna manera prefigura  su valor expresivo. El guion que de acuerdo a Rondón no tuvo menos de 18 versiones, recibió un total de siete premios que en definitiva atrajeron los aportes para su realización final.

El texto, acotó la realizadora barquisimetana, estuvo al menos en unos 12 certámenes.

“Nunca nadie te da dinero, menos para una película de arte, porque sí, por tu cara bonita o porque tienes alguna idea que les guste”. De manera que la historia se abrió camino por su potencial, delante de diversos jurados, de distintos lugares, “con distintas procedencias y distintas ideas”, celebró Mariana Rondón.

Lo humano como espacio

Para esta película Rondón se inspiró en una situación sumamente extrema y se atrevió a multiplicar los límites para contar una historia que cambia el espacio geográfico por el espacio de lo humano. Por supuesto, tiene escenarios como soporte, pero la historia que la misma realizadora describe como una “distopía”, transcurre en la condición humana, en la desfiguración (o configuración) de dilemas éticos y morales llevados a presiones límite.

Salvando los abismos y apoyada con la facilidad de los recursos del séptimo arte, Mariana Rondón logró hacer lo que Carlos Cruz-Diez nunca pudo con su propuesta plástica de mostrar el color como un todo que abarcara al mismo tiempo soporte, figura, luz…universo. Tampoco es algo nuevo en el cine, pero en Zafari las acciones se desarrollan en el espacio de lo humano.

En este universo llega un hipopótamo a un zoológico en decadencia y a partir de allí se generan tensiones entre vecinos de diferentes clases y maneras de enfrentar su realidad. Unos habitan en un lugar discreto que algunas vez fue esplendoroso, frente a otros menos afortunados a los que pertenece una familia encargada de cuidar al nuevo animal.

Las mismas situaciones extremas que los llevaban a “compartir” una piscina, donde de alguna manera se van borrando algunas diferencias, obligan a los personajes a confrontar sus principios y puntos de vista.

En este contexto y en respuesta a la nefasta evolución de los conflictos que ponen a prueba la condición humana, la protagonista, Ana, magistralmente interpretada por la chilena Daniela Ramírez, ganadora recientemente por este trabajo en el Sanfic 2025, se ve obligada a tomar una decisión tan extrema como el resto del planteamiento de la película

Mezcla de géneros

En esta película Mariana Rondón recurre por primera vez a una combinación de géneros, una decisión que respondió más a una necesidad expresiva que a un deseo de experimentación.

Comienzan con elementos de comedia negra y luego el suspenso como transición hacia el terror necesario para transmitir la tensión de la historia. Pero no se trata de un terror convencional. Tal vez, como en el caso de los zombies, es un terror a abandonar lo humano, pero desde otras salidas quizás más verosímiles.

La dirección de fotografía, a cargo del franco-mexicano Alfredo Altamirano, es un personaje fundamental dentro del largometraje. Los esquemas de luz marcan a rajatabla el arco de la historia,  al principio con un sol que bien puede ser tropical y poco a poco se trastoca en una espeluznante oscuridad.

“Era imposible lograr esa curva, ese abanico, si no empezábamos de la mayor luz, para que el ojo y el espectador sintieran cómo se iba hundiendo todo en la oscuridad. Cómo íbamos llegando a ese terror, a ese camino. Nosotros nos pusimos el reto de cuidar mucho la luz hasta que llegáramos a la no-luz”, explicó la realizadora.

Zafari es una película que intencionalmente causa estupor, perturbación y angustia, y es justa esa la base de su fuerza: “Con esa misma angustia la filmé”, reveló la barquisimetana que dice no estar segura de algunas de las intencionalidades de su obra, pero sí de algunas.

“A mí me gusta la posibilidad de mostrar un poquito la torpeza, usando la torpeza como eufemismo para no decir la estupidez del ser humano de caer una y otra vez en situaciones tan críticas”, es una de las certezas.

Y la otra, es que le importaban mucho las decisiones éticas a las que se enfrenta Ana. “Ella  al final, asume una decisión que la lleva a sacrificar algo que hemos visto durante toda la película que le importa mucho y que en circunstancias normales no lo haría”

Zafari es el resultado de una coproducción sin precedentes entre entidades de siete países Sudaca Films (Perú), Paloma Negra (México), Klaxon Cultura Audiovisual (Brasil), Still Moving (Francia), Quijote Films (Chile), Selene Films (República Dominicana) y Artefactos Films (Venezuela).

Los exteriores se rodaron en República Dominicana y los interiores en Perú, salvo la escena final que tuvo lugar en México. Para esta producción la directora se enfrentó al reto de trabajar con tres equipos técnicos diferentes en cada uno de esos países.

T/Luis Jesús González Cova
F/Cortesía Cinemapress
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Israel libera al codirector palestino ganador del Óscar tras agresión por colonos

Este martes, las autoridades israelíes liberaron en hora de la tarde a Hamdam Ballal, uno de los directores palestinos premiado por el Óscar, por el documental ‘No Other Land’, pasó la noche detenido tras sufrir un ataque de manos de colonos israelí en Susiya, localidad ubicada al sur de Cisjordania en la que reside.

«Después de estar esposado toda la noche y haber sido golpeado en una base militar, Hamdam Ballal es libre y está a punto de volver a su casa con su familia», anunció el codirector israelí de la cinta Yuval Abraham, en su cuenta digital.

El codirector de la galardonada cinta, asistía a una reunión para Iftar, el final del ayuno diario del Ramadán, en el pueblo de Susiya, cerca de Hebrón, cuando un grupo de colonos lo agredió y a la vez a todas las personas que se encontraban reunidos.

También, la policía israelí detuvo a tres hombres, entre ellos Ballal, que resultó herido durante el enfrentamiento. «No es la primera vez que los colonos atacan nuestra reunión, pero en los últimos tiempos los ataques han aumentado», declaró el codirector palestino y añadió que los colonos habían robado unas 10 ovejas de la aldea durante el ataque.

F/Medio Internacional
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Edgar Rocca buscará llegar a festivales internacionales con el filme Otro hombre

Dos Largometrajes venezolanos piensa llevar a la edición del festival de Cannes de este año el realizador venezolano Edgar Rocca, pero no para la competencia oficial, decisión que en todo caso corresponde a los organizadores del evento luego de evaluar diversos parámetros, sino para promover la comercialización de las dos nuevas producciones en el reconocido Marché du film, la sección dedicada a las ruedas de negocios dentro del prestigioso certamen francés.

Una de estas dos obras que actualmente completan su proceso de posproducción casi simultáneamente, y que deberán estar listas al menos en marzo, es Otro hombre, una propuesta que, a parte de la pretensión de comercializarla en Cannes, Rocca espera convertirla en su oportunidad para experimentar la experiencia, como realizador, en festivales dentro de los cuales se valoran las iniciativas autorales.

Versatilidad creativa

Además, con Otro hombre, al igual que con Seres, el segundo filme que espera tener listo en las próximas semanas, Edgar Rocca se planteó el reto de demostrar su versatilidad creativa y alejarse del riesgo de ser encasillado como un autor exclusivo de comedias románticas, género de sus tres primeros largometrajes de ficción, El peor hombre del mundo (2016), Infieles (2019), Tres son multitud, cuatro es un desastre (2022), filmes que buscaban la conexión con el público masivo desde la honestidad y la calidad, en un lenguaje que goza de amplia aceptación en la audiencia mundial.

Con Seres, Rocca también busca la conexión con el gran público, pero esta vez desde un género muy poco abordado en la cinematografía venezolana, la ciencia ficción, conjugada en esta iniciativa con el suspenso y el terror, otros lenguajes igualmente populares, aunque quizás un poco menos que las comedias románticas.

De qué va

Por el contrario, Otro hombre, es un proyecto que busca otros espacios, sin dejar de lado el importante aspecto que reviste la potencialidad de comercialización de una obra audiovisual. Se trata, a decir del propio autor, de una película “más autoral” que configura un drama familiar, sobre un actor, un galán al estilo de la vieja escuela de la televisión venezolana, interpretado por Carlos Manuel González (La sombra del sol) que por cuestiones familiares debe volver a su pueblo natal donde se enfrenta a problemas que dejó pendientes hace 20 años y ahora debe resolver para convertirse, definitivamente, en Otro hombre.

Esta historia que Rocca considera como “más seria, más autoral” que sus propuestas anteriores que no poseen las características de las películas que algunos califican como “festivaleras”. “Mis películas nunca las he pensado para festivales, sino siempre como una manera de mostrar trabajo, de ejercitar el músculo creativo y de comercio, de ir a la parte comercial, de ver cómo conectan con las audiencias”, reconoció

Inclusive, Rocca aspira a que Otro hombre pueda entrar en certámenes renombrados como los de Guadalajara o Locarno,” mostrarse quizás en San Sebastián, no necesariamente en las elecciones oficiales, pero sí tener ese recorrido y en algún otro (festival) donde pueda participar”. El plan es estrenar primero Seres, comercialmente en Venezuela y en España, aproximadamente en septiembre y Otro hombre estrenarla quizás en diciembre de este año.

La historia detrás de la historia

Aún cuando Otro hombre sería el sexto largometraje de Edgar Rocca, contando su documental sobre la cinematografía venezolana, Cine invisible, este proyecto tiene como base el primer guion del autor para un audiovisual de larga duración.

La génesis de las instrucciones para configurar esta historia se remonta a sus tiempos de estudiante, cuando estaba cerca de entregar su tesis de grado en la UCV (Universidad Central de Venezuela) y fue a mostrarle un cortometraje de su autoría al maestro Román Chalbaud, con quien tenía el privilegio de trabajar en ese momento

Por aquel entonces, estaba de visita en casa del autor de El pez que fuma, el dramaturgo barquisimetano Gilberto Agüero Gómez, a quien le tocó, por carambola, ver el cortometraje. Evidentemente, al larense le gustó el material, de lo contrario no le habría solicitado a aquel novato Edgar Rocca que lo ayudara con un el único guion que escribió para cine.

En concreto, el dramaturgo quería reescribir el texto para despojarlo un poco del enfoque teatral que le imprimió de manera orgánica.

 “Yo acepté, por supuesto. Me pareció súper halagador que esta persona que estaba conociendo me hiciera esa propuesta, y bueno, cuando me dio el guion, encontré una historia que no era como algo que hubiese escrito yo. Traté de respetarla al máximo, la reescribí en un par de meses, nos volvimos a reunir cuando él volvió a Caracas, y allí lo leyó, me dijo que le gustaba, que lo estaba viendo distinto, porque él principalmente escribía narrativa, teatro y teatro infantil. Nunca había escrito un guion”, contó Rocca.

 Agüero le hizo algunas observaciones a la intervención de Rocca, como agregar unas escenas que el novato suprimió y modificar otras, propuestas por su coguionista, y el texto se registró.

En un principio el guion no consiguió ningún apoyo, más allá de unas lecturas cruzadas, que ofrecía el CNAC (Centro Nacional Autónomo de Cinematografía), que consistía en la evaluación de la obra por parte de tres especialistas que luego emitían una suerte de reporte.

En 2019, lamentablemente, murió el maestro Agüero, no sin antes ganarle unas breves batallas al cáncer. Para ese momento a Rocca le tocó levantar, como productor ejecutivo, el último proyecto cinematográfico de Roman Chalbaud, Muñequita linda. En 2023 decidió saldar la deuda moral con Gilberto Agüero y llevar a la gran pantalla este drama familiar que aspira presentar en el Marché du film del Festival Internacional de Cine de Cannes

De manera que la realización de Otro hombre es también, para su autor, agradecer la primera oportunidad que tuvo de escribir un guion para un largometraje.

T/Luis Jesús González Cova – CO
F/Cortesía E. R
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Película Emilia Pérez, entre “joya cinematográfica” y “burla racista y eurocentrista”

Un total de 13 nominaciones a los premios Oscar consiguió Emilia Pérez, del director francés Jacques Audiard. Pero además, antes de eso, tuvo el privilegio de ganar el premio del jurado en el festival de Cannes, donde además las interpretaciones de Karla Sofía Gascón, Zoe Saldaña, Adriana Paz y Selena Gómez fueron reconocidas. Alcanzó ocho premios de 10 nominaciones que obtuvo en los Globos de Oro, y cinco galardones en los premios del cine europeo, entre los que se cuentan los correspondientes a la mejor película y guionista europeo.  El jurado de los American Film Institute le otorgó el premio a la mejor película del año. Y cuenta con nueve posibilidades de ganar premios en la próxima edición de los lauros de la Academia Británica (Bafta).

A pesar de ese rutilante palmarés, el filme generó fuertes críticas, especialmente luego de su estreno en Latinoamérica, el pasado 23 de enero, las más potentes desde México, donde se ambienta la historia en la que no actúan personajes principales mexicanos y tampoco se rodó en ese país.

El filme, contado en tono de musical, pero con características lejanas a los formatos hollywoodenses, narra la historia de un poderoso narcotraficante mexicano, Manitas del Monte, interpretado por la primera actriz transgénero nominada al Oscar, Karla Sofía Gascón, que desea desde niño ser mujer, algo impensable en el mundo dentro del cual creció y mucho menos en el que se desenvolvió. De manera que la transformación también le servirá para evadir la justicia y salir del mundo criminal.

Manitas emplea parte de su vasta fortuna para contratar a Rita, una abogada brillante encarnada por Zoe Saldaña, menospreciada profesionalmente, para encargarse de todo el trámite, desde buscar al cirujano adecuado para hacer la vaginoplastia hasta limpiar sus cuentas, ahora como Emilia Pérez, el nuevo Yo de Manitas, que además debe pagar el impuesto de alejarse de sus hijos y de su esposa, Jesse, una extranjera (con acento gringo) encarnada por Selena Gómez.

Años más tarde, Emilia entra de nuevo en contacto con Rita, para recuperar a su familia y la consecuente vuelta a su país donde se atreve a crear una fundación, dedicada a ayudar a las familias afectadas por la violencia a encontrar a sus seres queridos, desaparecidos por la violencia generada por el narcotráfico.

Sin duda el planteamiento de Audiard es sumamente atractivo, entonces ¿por qué tanta crítica? Obviamente molestaron algunas formas de plantearlo.

Por ejemplo, la periodista Leslie Galván escribió en el diario peruano, El Comercio, que “Audiard tiene buenas intenciones al contar esta historia, pero el problema es que su sensibilidad hacia temas como la identidad de género y las desapariciones forzadas en México se pierde en un abanico de decisiones estilísticas en esta, la ‘Mejor película extranjera’ de los Golden Globe 2025”.

La misma crítica señala la molestia de los mexicanos por la representación de la víctimas de un problema tan doloroso como profundo y complejo, en tono de musical, lo que Galván considera como una sátira de una realidad delicada.

Por su parte, el portal Infobae publicó un texto de Luis Angel Mora en el que critica al director por su supuesta falta de profundidad en su investigación sobre la realidad mexicana y, como guinda, se desvaloriza el trabajo actoral. Incluso una influyente figura como Eugenio Derbez calificó de “indefendible”, el trabajo de Selena Gómez, apreciación que generó polémica al inicio, pero luego fue respaldada.

¿Y si fuera en Maracaibo?

La irritación del público mexicano es completamente comprensible. Es como si se hiciera una película ambientada en Maracaibo, que no se ruede en la capital zuliana y sin ningún actor que al menos se haya criado en la “tierra del sol amada”, En ese caso, ardería la ciudad, y no precisamente por sus altas temperaturas.

En cuanto a los problemas álgidos que forman parte del contexto del drama, si bien es perfectamente comprensible un rechazo por parte de quienes lo tienen ahí cerquita, nos parece que el director francés no pone el foco en ellos. Al contrario, echa mano de esta realidad como un lecho dramático sobre el cual se despliegan los conflictos íntimos de Emilia Pérez.

Tal vez el error fue definir un lugar. Si el conflicto se sitúa en una locación indefinida, el drama tendría la misma potencia expresiva, pero sin las críticas de quienes se ofenden con el filme

Descomponer la fantasía

El uso de la fórmula del musical parece más bien una especie de cristal para descomponer la luz que emana la fantasía, como una estrategia  para imprimirle verosimilitud a la historia. En el lenguaje audiovisual la sintaxis del musical parece la más adecuada para trasladar a la audiencia a un plano en el que sea creíble el hecho de que un narcotraficante de gran envergadura se quiera convertir en una mujer. Y que además, después de ser un despiadado asesino, se sensibilice con víctimas de sus propias atrocidades.

Y además, el filme intenta encontrar un lenguaje propio, como ya se mencionó, con estilos, formas y fondos que no se toman de los musicales convencionales.

La misma Galván aporta el dato, en su publicación en El Comercio, que Emilia Pérez, inspirada en el libro Écoute del escritor francés Boris Razon, publicado en 2018, en un principio iba a ser una ópera de cuatro actos, otro lenguaje que le calzaba perfecto al planteamiento.

En este mismo orden de ideas, el medio Chileno, La Tercera, luego de enumerar los factores que más molestaron al público, especialmente el mexicano, cita la defensa que el autor argumentó en una entrevista con la BBC. Sobre la falta de actores de esa nacionalidad y el rodaje, aseguró que buscaron hacerlo e inclusive realizaron procesos de selección. La realidad de las calles de México le resultaron demasiado verdaderas para su intencionalidad artística, “Era demasiado prosaica, demasiado real. Tenía una visión mucho más estilizada en mi mente. Entonces fue cuando la llevamos a París y le inyectamos el ADN de una ópera”, explicó.

“En esta línea, para muchos críticos, la explicación de Audiard es suficiente: aseguraron que existe un gran mérito artístico, independiente de que sea una película mexicana (por la locación de la historia). En cualquier caso, el director francés pidió disculpas a quienes se sintieran ofendidos por su filme y aclaró que no es una película “realista”. “El cine no da respuestas, solo plantea preguntas. Pero tal vez las preguntas en Emilia Pérez sean incorrectas”, reconoció.

Después de todo ¿Los culebrones que exporta la industria audiovisual mexicana, se parecen a la realidad de ese país?

Nombre fatal

Lo que nadie ha señalado, y tal vez sea lo peor que tiene la película, aunque parezca una tontería, es el terrible nombre, Emilia Pérez. No se trata de que el nombre femenino, al lado del popular apellido, sea agradable o no. Es la extrema sencillez, la pereza de escoger el nombre de la protagonista para el proyecto, después de realizar un trabajo tan arduo que implica la producción de un largometraje en formato de musical. Esa decisión incluso contraviene cualquier manual de guión. Es un título que realmente no dice absolutamente nada.

De cualquier manera, Emilia Pérez, considerada por algunos como un insulto a la cultura mexicana, entre los que se cuentan el guionista Héctor Guillén, quien la calificó de “Burla racista eurocentrista” y alabada por otros, entre los que destacan figuras como Guillermo del Toro, para quien, según reseñó el diario español El País, le resultó “increíble y hermoso ver una película que fuera ‘verdadero cine’”, Esta obra ha generado un gran revuelo y, más allá de eso, merece la pena verla en la gran pantalla.

T/Luis Jesús González Cova – CO
F/Archivo CO
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‘Emilia Pérez’, la película francesa que indignó a México

La película de director francés Jacques Audiard aborda problemáticas como el narcotráfico y las desapariciones en México, un país que sufre a diario las consecuencias de ambas cosas, sin embargo, es justamente desde esta nación de donde ha surgido la repulsión al ya multipremiado filme.
La trama de la película gira sobre la historia de Juan del Monte, alias Manitas, un narcotraficante mexicano que cambia de género para dejar atrás su vida criminal y es así como nace Emilia Pérez, quien destinará su fortuna a localizar a los miles de desaparecidos en territorio mexicano y quien, al final, termina siendo víctima de la violencia criminal.
El narcotráfico, las desapariciones y el trabajo de las madres buscadoras mexicanas es retratado por medio de canciones y coreografías, ya que Emilia Pérez es también un musical.
El filme ha despertado toda una ola de críticas que van desde el trabajo de los actores, quienes al no ser hispanoparlantes cometen fallas en las interpretaciones, la falta de mexicanos dentro del elenco a pesar de ser una película que aborda problemáticas mexicanas, pero sobre todo la trivialización de tres temas que aquejan a diario a México: la inseguridad, la violencia de género y las desapariciones.
De acuerdo con datos del Informe de Seguridad del Gobierno, tan solo entre enero y diciembre del 2024, en el país fueron asesinadas 26.715 personas; es decir, diariamente en el país se registran en promedio 73 víctimas de homicidio.
Además, con base en datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en el último año, un total de 733 mujeres fueron víctimas de feminicidio, mientras que en el país suman 120.787 personas desaparecidas y no localizadas.

«Está vacía»

En entrevista con Sputnik, la periodista especializada en temas de género y derechos humanos, Gloria Piña, señaló que Emilia Pérez es una película cuya historia «podría haber sido interesante»; sin embargo, no hay ninguna reflexión sobre las problemáticas que plantea.
«La reflexión está vacía (…) En el tema de desapariciones es lo más lamentable, no hay ningún entendimiento sobre la causa, la lucha diaria de las mujeres y madres buscadoras, hay una exotización y también lo hacen de una manera muy burda, muy insensible, muy insignificante», aseveró.
De acuerdo con la también documentalista, el filme retrata un problema que ha calado hondo dentro de la sociedad mexicana como algo sencillo y cuya resolución depende de la buena voluntad de los mismos generadores de violencia.
«Como si en México no se resolviera el problema porque no se quiere hacer y porque no ha llegado un narcotraficante benévolo a decir: ‘Aquí enterré estos cuerpos o aquí hay ciertas fosas’. Se limita a una superficialidad que cae en lo burdo, en lo molesto y en lo grotesco para las personas en México», aseveró.
Gloria Piña abundó que la película francesa es una mirada eurocentrista y con ella coincide Julio César Durán, especialista, investigador y distribuidor cinematográfico mexicano, quien apuntó que el filme está hecho «a la medida de los premios gringos».

Una película hecha «al estilo» occidental

También en entrevista con Sputnik, Julio César Durán consideró que «cualquier autor y cualquier creador podría hablar de cualquier tema»; sin embargo, dijo, el punto es tener clara la visión y los intereses detrás de cualquier producto cultural.
«Yo veo una película que, en primer lugar, es un espectáculo, o sea es una película pop (…) este es un arriesgue interesante, sin embargo, está cargado el desinterés; es decir, suena más a que se está usando y se está aprovechando de un tema para tener esta proyección internacional (…) y eso es lo que nos pesa», ponderó.
Durán abundó que Emilia Pérez en un producto hecho para satisfacer el sistema de valores de Occidente y de la idea preconcebida que se tiene de México y sus complejidades.
«Es una película hecha bajo sus propios términos y como les gusta. Está hecha desde el estilo y desde las estructuras a la que Occidente está acostumbrado. Si Japón hiciera una película sobre el narco en México, o si la hicieran en China o en Sudáfrica o el mundo árabe, dudo mucho que tuviera este alcance, ¿por qué? Pues porque, claro, no estaría hecha bajo los términos europeos, no estaría hecha al gusto y no podría satisfacer la idea preconcebida que ya tienen de México», aseveró.

«Es una falta de respeto»

Durante una visita a México, el director de Emilia Pérez, Jacques Audiard, admitió no haber estudiado «tanto» al país y sus problemáticas para realizar el filme. «Lo que tenía que entender, ya lo sabía un poco», agregó el cineasta durante una entrevista.
Al respecto, tanto la periodista Gloria Piña como Julio César Durán coinciden en que esto es un reflejo de la visión eurocentrista y alejada de la realidad mexicana que se premia en la película.
«Sabemos que el director jamás investigó el contexto mexicano y eso se nota (…) Están narrando desde los que creen que pasa, desde lo que el estigma y estereotipo de México les intuye que ocurre en el país y esa es una falta de respeto a cualquier cultura, a la de México o la de cualquier otro país y ha pasado no solamente con esta película sino con múltiples», dijo la periodista y documentalista. «Es un extractivismo que no te compete, que no entiendes y que no quieres ni siquiera mostrar una realidad y eso es terrible, es una de las cosas más ofensivas de la película».
En tanto, el distribuidor cinematográfico consideró que el cine, como toda expresión artística contemporánea, es «inevitablemente político»; sin embargo, explicó, el eje narrativo de Emilia Pérez «es un tema de por sí político», lo que conlleva a una mayor responsabilidad por parte de los creadores, algo que no se cumplió en la cinta.
«No es una película de ciencia ficción donde el subtexto sea político, no; acá es muy obvio cuáles son los alcances del argumento de la película (…) Si vas a tocar un tema, si vas a crear algo sea música, sea literatura, sea una puesta en escena y estás tocando un tema delicado, escabroso, evidentemente lo tocas con respeto, te acercas con respeto, y creo que la primera demostración de respeto es precisamente conocer de lo que hablas», concluyó.
F/Sputnik
F/X / @EmiliaPerezFilm
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Película venezolana Visceral despliega un suspenso sicológico en plena pandemia

Desde la semana pasada se estrenó en las carteleras venezolanas el filme Visceral, una propuesta dirigida por César Manzano que aporta un aire fresco, no solo en la ya variada temática de la cinematografía venezolana, sino además a la búsqueda de estéticas y lenguajes que van más allá de lo experimental. Además, el largometraje es, en una escala reducida, un aporte al registro, desde la ficción, del impacto que tuvo la pandemia de la COVID 19.

Visceral simplifica, y al mismo tiempo potencia, la expresividad del lenguaje audiovisual con la articulación de solo tres planos secuencia, para contar una historia de suspenso psicológico en torno a una joven pareja resquebrajada, no solo por la crisis de la economía familiar golpeada mortalmente por la pandemia, sino además por la infidelidad de ella, con una relación que les abre la puerta, a ambos, a un infierno encendido por la corrupción policial y el lavado de dinero, e insuflado por una sorprendente venganza.

Con esa fórmula, el trabajo actoral cobra una importancia y una exigencia fundamental, sostenido principalmente con la banda sonora, enriquecida con la música de Luis Miguel Emmanuelli y Gonzalo Zubillaga, y especialmente por la pericia de la cámara, manejada en esta oportunidad por Manuel Díaz Casanova.

La fuerza de la actuación

De manera que en este caso, a diferencia de otras propuestas en las que una debilidad en la interpretación se puede compensar con otros elementos, las actuaciones soportan la mayor parte del peso, como columnas antisísmicas que se fundamentaron muy bien en el equipo conformado por Irene Esser, José Ramón Barreto, Vicente Peña y Fabiola Arace, todos premiados con galardones en el Festival de Cine Venezolano (Barreto con mención especial) y los tres primeros reconocidos además en el Festival ELCO (Entre Largos y Cortos de Oriente). Además interviene el propio César Manzano para completar los únicos cinco personajes de esta historia

En Visceral, Jhon, interpretado por Barreto, es un actor que, como todo ese sector, se ve profundamente afectado por la pandemia. Además, intenta lidiar con la infidelidad de Susana, encarnada por Esser, quien a duras penas logra mantener a flote la economía del hogar.

Tras una visita de Iván, interpretado por Manzano, jefe y amante de Susana, las vísceras de los protagonistas comienzan a trabajar tan aceleradamente como para influir en las pésimas decisiones que generan el quid del conflicto, agravado aún más con la aparición de Oscar, al que le da voz y cuerpo Vicente Peña, un perturbador policía, despiadado y sádico.

La historia, que no le sirve todo en bandeja a la audiencia, no carece de debilidades. No obstante, es capaz de lograr el objetivo de llevar al público al borde del asiento e incluso sorprenderlo.

La inspiración del encierro

En conversación con el Correo del Orinoco, Manzano confesó que “la experiencia de haber vivido la pandemia fuera de mi país, en medio de una crisis personal muy fuerte, fue la chispa que echó a andar la imaginación” necesaria para generar el guion que se llevó el premio correspondiente en la pasada edición del ELCO.

Desde ese proceso de escritura, el director y guionista pensó en Irene Esser y José Ramón Barreto para los personajes de Susana y Jhon, con quienes trabajó en proyectos anteriores “y siempre nos ha unido una necesidad de hacer y probar”. Vicente Peña se sumó después y, al igual que los otros dos, se incorporaron, además, como productores ejecutivos de la propuesta.

A decir de Manzano, incluyendo a Arace, cada uno como actor creó su propio espacio, su propio cine e hicieron equipo junto a él y los hermanos José y Manuel Díaz Casanova en la producción, con la intención de “generar una nueva manera de hacer cine”.

“La idea de usar el plano secuencia responde a la búsqueda de un lenguaje, como director, que se adapte a la realidad de una industria audiovisual que está renaciendo de las cenizas, por decirlo así. También una respuesta creadora al escaso interés de los capitales a apostar al negocio del cine en Venezuela. Al final no debemos hacernos dependientes de los costos, podemos crear caminos alternos que vayan ‘oxigenando el cuerpo’. En ese sentido, me parece que Visceral es una acto de rebeldía”, explicó.

Buen comienzo

Como usualmente ocurre, en su etapa de proyecto la propuesta tuvo diversos nombres antes de llegar al definitivo. Todo se definió luego de una “tormenta de ideas desesperada”, cuando ya casi todo estaba listo y el equipo se dio cuenta de que todos los personajes toman sus decisiones desde las vísceras.

Poco tiempo antes de su estreno, Visceral emprendió un trayecto festivalero que ha tenido un prometedor comienzo, marcado por su participación en la edición número 20 del festival de Cine Venezolano, que este año se realizó por primera vez en Margarita, donde el filme cosechó ocho premios incluyendo el especial del jurado, mejor cámara y mejor música.

También en la edición 12 del Festival ELCO el filme se destacó en cinco categorías, entre las que se cuenta el de mejor dirección.

Por si esto fuera poco, el largometraje de Manzano se exhibió en el Festival de Cine Independiente de Montreal, donde ganó en la categoría de mejor película independiente, en una competencia que incluyó además las obras A Lion’s Game, de Travis Demarus Brown; Patch de Bruce Belocchi (integrante del equipo de guionistas de la afamada serie Melrose Place) y Solitarium del francés Raoul Dattola.

Visceral es una realización de Infocus Producciones con la colaboración del CNAC (Centro Nacional Autónomo de Cinematografía), Ingenio Post, Cinequipos 2002 y The Roots House, distribuida en Venezuela por Mundo D Película.

T/Luis Jesús González Cova
F/Cortesía
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Documental ‘La Candidata’: un largo y complejo camino hacia el autoconocimiento

“En una noche tan linda como esta, cualquiera de nosotras, podría ganar”. Entre los venezolanos no hace falta explicar el origen de esa frase que, más allá de cualquier juicio, de alguna u otra manera forma parte de la identidad de varias generaciones que nacieron en la tierra de Bolívar. La inmediata identificación de esas palabras es apenas un indicio del peso que tiene el culto a la belleza en nuestro país, un tema que, tal vez de manera insuficiente, ha sido abordado en diferentes ámbitos.

Con un enfoque muy original, atrevido, descarnado, pero al mismo tiempo delicado y respetuoso, el culto a la belleza es precisamente el tema marco de La candidata, el primer largometraje documental de Emil Guevara Malavé y Ronald Rivas Casallas, una coproducción entre México y Venezuela que se ganó el codiciado premio del público en la edición número nueve del Festival Caracas DOC, donde también obtuvo el reconocimiento a

l mejor documental, lauro que también obtuvo en la edición número 20 del Festival de Cine Venezolano, que este año se realizó por primera vez en Margarita.

La candidata se aparta de la ruta convencional del lenguaje documental que le da prioridad a los testimonios frente a la cámara, para seguir el sueño de convertirse en reina de belleza de cuatro personas aficionadas, desde la infancia, del concurso Miss Venezuela. Cuatro sueños que en un principio parecían mucho más que imposibles, por el complejo hecho de que no se trata de cuatro chicas, sino de cuatro hombres que, contra todo pronóstico convencional, logran vivir “una noche tan linda como esta”, gracias al certamen Miss Gay Venezuela.

En ese seguimiento, La candidata logra un retrato profundo, íntimo, un desnudo de cuerpo y alma de Eduardo, Yanwaldo, Argenis, Daniela y Dayana, durante los procesos de transformación para alcanzar su ideal de belleza en un concurso que, para estas figuras, representó un parteaguas en la historia de sus vidas.

Cuando todo comenzó

El documental se comenzó a realizar en 2015, justo al inicio de uno de los momentos más complejos de nuestro país en lo social, económico y político. En ese momento Emil Guevara y Ronald Rivas sintieron la necesidad expresiva de mostrar parte de la identidad del venezolano, describir en el lenguaje audiovisual las formas de vivir de la Venezuela contemporánea, aquellas cosas que nos unen en un sentimiento de orgullo y que atraviesan al país en todos sus estratos sociales.

La idea de referirse a nuestro culto a la belleza surgió gracias a la experiencia de Guevara como parte del equipo de producción de la serie para TV, Todo por la corona. Eso se combinó con el hecho de que Rivas conocía a Oskarovsky Boyer, que ese año fue designado como maquillador oficial del Miss Gay Venezuela y por medio de él consiguieron el respaldo del productor general del evento, Ángel Díaz.

Una vez en el terreno y conocido el contexto, la intencionalidad artística fue marcada por la urgencia de acompañar a Argenis, Daniela, Eduardo, Dayana y Yanwaldo en sus procesos de transformación, un camino que las llevaría a un punto cumbre en sus historias personales. No se trataba, como estas mismas personas descubrieron más adelante, de alcanzar la corona, aunque una de ellas lo hizo, sino de vivir una noche como candidatas de un certamen de belleza, como el que tantas veces vieron en su infancia con devoción, frente a la televisión.

Ambos realizadores sabían que se estaban metiendo con un punto sensible de la venezolanidad, representada en el culto a la belleza a través de los concursos, un tema que, a juicio de ambos, se ha naturalizado en nuestro país y que sin embargo, en otros países es muy discutido y criticado.

“Pero ¿qué hace que las y los venezolanos estemos tan preocupadas y preocupados por nuestra apariencia física? Para poder contar la historia de nuestros personajes debíamos ahondar en sus motivaciones y comenzar a entender la importancia de lo que significa ser reconocidos por el peso que le ponemos a ese ideal de belleza que, en un principio, se ha colocado sobre los cuerpos femeninos pero que, en su construcción es ejecutada desde cuerpos masculinos. Para nosotros, ahí estaba la clave de este tema. El cuerpo como lugar para la discusión y reflexión: dónde está depositado lo másculino y dónde lo femenino”, explicó Ronald Rivas al Correo del Orinoco.

A lo largo de ese acompañamiento, configurado por una especie de versos audiovisuales que componen una poesía profana, el público que consigue deslastrarse de prejuicios puede ver ese cambio de los personajes, no solo en el aspecto físico sino también en lo personal.

“No se trata de querer parecer una mujer, es querer ser una miss, sentir lo que siente una reina de belleza, sentir por una vez que fui reina de belleza, que fui candidata. ¿Por qué no? ¿Por qué el mundo dice que tienes que ser mujer para vivir ese sueño? ¡No!”, se pregunta y se responde Argenis González en el filme.

El documental muestra el inmenso esfuerzo que implica convertir una figura masculina en un prototipo de belleza femenina, un trabajo sin duda mucho más sencillo para una reina de belleza convencional. Pero además, en este caso sus almas llegan a convertirse también en crisálidas, para luego madurar y conseguir las alas de unas personalidades con un vuelo más seguro y más claro sobre de su lugar en el mundo.

De acuerdo a los testimonios de los personajes, contados a los realizadores después de la producción, el propio documental contribuyó a que ellos mismos terminarán de comprenderse a sí mismos y afrontar la vida de una manera verdaderamente empoderada, con las herramientas necesarias para vivir con dignidad y en paz interior, en una sociedad que no alcanza a comprenderlas del todo.

El largometraje, más que un retrato, hace una radiografía de Eduardo, Yanwaldo, Argenis, Daniela y Dayana, casi un estudio topográfico que vislumbra algunos de los elementos que moldearon desde el magma la superficie de sus personalidades.

“La Candidata es para nosotros la oportunidad de mirarnos en el otro, de encontrar puntos en común y, quizás reconocer que la mirada del otro y el aplauso sí pueden ser elementos que contribuyan a un momento de autoconocimiento y de completud de la idea que tenemos de nosotros mismos”, comentó Rivas

Al mismo tiempo, el filme ofrece una mirada de soslayo, pero enfocada, a ese complejo contexto de nuestro país, en el cual el concurso Miss Gay Venezuela se pudo realizar hasta 2017, certamen que luego, en 2022 tuvo una primera versión Miss Gay Venezuela Internacional, en Chile.

Además, La Candidata, por medio del uso de imágenes de archivo, deja ver algunas vetas de una nostalgia por una época dorada en el imaginario venezolano, aquellos años 70 y 80 del siglo pasado donde un país lleno de dólares por la renta petrolera se daba el lujo de realizar superproducciones, eventos grandilocuentes, con las misses desfilan sobre elefantes y entre domadores de tigres de vengala o con la intervención de un cuerpo militar que acompañara a las bellezas, todo “para entretener a las masas y con la excusa de coronar a la mujer más bella de una Venezuela ilusionada con un futuro incierto y sin bases”, reflexiona Ronald.

La Candidata ha recorrido varios festivales a escala internacional y nacional y logró establecer alianzas con la distribuidora española Feel Sales, por medio de la producción ejecutiva y las gestiones de Nella Illas, Rubén Sierra Salles, Fina Torres y Whisky Films.

T/CO-Luis Jesús González Cova
F/Cortesía