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Por la alborada por Jimmy López Morillo

Las ha tenido muy duras nuestra Patria en los últimos años, desde que en 2015 Barack Obama nos declarara una «amenaza inusual y extraordinaria» para la nación más genocida en la historia de la humanidad.

A partir de entonces comenzaron con una guerra económica que luego se transformó en un implacable bloqueo financiero y comercial, con sus medidas coercitivas ilegales (mal llamadas «sanciones»), solicitadas a gritos por la derecha apátrida e intensificadas en el primer mandato del megalómano aspirante a emperador del mundo.

Este, instalado otra vez en la Casa Blanca, acentuó más ese bloqueo, llevándolo al plano naval y aéreo, hasta que finalmente concretó su invasión la funesta madrugada del 3 de enero, no solamente mancillando nuestro sagrado territorio con sus bombardeos y asesinatos de más de un centenar de personas, sino además secuestrando a nuestro presidente constitucional, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, todo ello festejado por la derecha extremista y quienes, manipulados, les hacen el coro en distintos sectores.

Mientras el cerco se ha mantenido, con la amenaza de más bombardeos todavía latente y la presidenta (e) Delcy Rodríguez gobernando con una pistola en la cabeza y los misiles frente a nuestras costas, otra tragedia se ha encimado sobre Venezuela: los dos terremotos del 24 de junio y, sobre las vidas perdidas, el dolor de millones de personas y los escombros, de nuevo han saltado las miserias de quienes tratan de sacar provecho político o económico a las desgracias del pueblo.

Pero más allá de toda esa carroñería, ha estado la respuesta sólida del gobierno y sus instituciones (a pesar de la feroz campaña de infamias), la solidaridad de innumerables rescatistas y naciones y, hay que resaltarlo, la firmeza y el coraje de un pueblo que se ha levantado sobre su dolor, de todas las dificultades, las de antes y las de ahora, para enfrentar y superar otro desafío de la naturaleza y de la historia.

Seguiremos derrotando a quienes siempre nos han menospreciado, siempre haciendo cálculos errados en función de sus desmedidas ambiciones, de sus nefastos intereses, todos apuntando las miradas hacia el imperio genocida del cual son incondicionales serviles.

Ahora, cuando celebramos los 243 años del Natalicio de nuestro padre, El Libertador Simón Bolívar, con él seguimos diciendo, con todos nuestros próceres, con Hugo Chávez, con Nicolás Maduro, que nuestro pueblo renacerá y como se lo prometimos a Alí Primera, seguiremos luchando por la alborada, que también es camarada y volverá a ser nuestra.