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Abiertas postulaciones para becas de investigación en cine por 60 años de Cinemateca Nacional

La convocatoria 2026 de las Becas de Estímulo a la Creación Literaria arranca oficialmente este 1 de junio y mantendrá abierta la recepción de propuestas hasta el 31 de agosto de 2026.

Esta convocatoria, organizada anualmente por el Centro Nacional del Libro (Cenal), agrega este año una línea exclusiva de Investigación Cinematográfica creada para conmemorar los 60 años de trabajo de preservación y difusión emprendido por la Cinemateca Nacional.

Por primera vez, el programa destinará cinco becas específicas a proyectos dedicados al estudio, análisis y documentación del patrimonio audiovisual venezolano. La idea es que cada una de ellas respalde una línea temática distinta, estimulando así nuevas miradas teóricas sobre el cine y su rol fundamental en la identidad cultural del país.

El llamado está dirigido a investigadores venezolanos y extranjeros residentes en el país, siempre que sean mayores de edad. Podrán postular sus proyectos en alguno de los siguientes ejes:

● Cine y mujer.
● Historia del cine venezolano.
● Cine y realidad latinoamericana.
● Experiencias en gestión de patrimonio audiovisual.
● El cine como herramienta para la paz y la convivencia.

Los proyectos seleccionados recibirán un aporte económico mensual equivalente al ingreso mínimo integral vigente en Venezuela durante seis meses, entre octubre de 2026 y marzo de 2027.

El último desembolso estará sujeto a la entrega de la investigación finalizada, como parte del proceso de seguimiento y evaluación establecido por la convocatoria.

Cómo postularse

Las postulaciones se gestionarán totalmente en línea a través de la página web oficial del Centro Nacional del Libro (https://cenal.gob.ve/) con la idea de facilitar la participación de los creadores en todo el territorio. Los proyectos deberán presentarse bajo seudónimo y estar acompañados de la siguiente documentación:

  • Datos personales: nombres y apellidos, cédula de identidad, teléfonos de contacto, dirección de habitación y una breve reseña biográfica de hasta 500 caracteres.
  • Fotografía reciente.
  • Proyecto de investigación en formato PDF identificado únicamente con el título del trabajo y el seudónimo. Este debe traer índice, sinopsis (máximo una cuartilla), avance equivalente al 50 % de la investigación o un mínimo de diez cuartillas y el cronograma de ejecución con una duración máxima de seis meses. El texto deberá estar en letra Arial, tamaño 12 e interlineado de 1,5.

Los 60 años de la Cinemateca Nacional se celebrarán durante todo el 2026, con diversas actividades de promoción audiovisual, formación y divulgación, que se informarán progresivamente a través de la prensa y los canales digitales de la institución.

F/Cinemateca Nacional
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CNAC relanzará el clásico filme “El Pez que Fuma” en formato digital

En un acontecimiento sin precedentes para la memoria histórica y cultural del país, la obra cumbre del maestro Román Chalbaud, “El Pez que Fuma” (1977), ha sido recuperada digitalmente, marcando el inicio de un ambicioso plan de preservación fílmica nacional.

La reedición de la considerada obra maestra de Chalbaud es el primer resultado de un convenio estratégico suscrito entre el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y Bolívar Films.

Esta alianza, que se mantendrá vigente hasta el año 2028, tiene como objetivo principal la restauración visual y sonora de 15 películas emblemáticas del cine venezolano, en pro de garantizar la salvaguarda de un patrimonio artístico invaluable.

Tecnología al servicio de la memoria

El proceso de restauración ha permitido devolverle la calidad técnica original a esta pieza de culto, corrigiendo el desgaste del tiempo, tanto en la banda sonora como en el color y la textura de la imagen. Con esta transformación, la cinta está lista para ser exhibida nuevamente en las salas de cine modernas y plataformas digitales bajo los más altos estándares de calidad internacionales.

El realismo social sin concesiones

La filmografía de Román Chalbaud constituye un espejo incomodo pero fascinante de la realidad social venezolana contemporánea. A través de clásicos indiscutibles como Caín Adolescente (1959) —su ópera prima basada en su propia obra teatral—, Sagrado y Obsceno (1975), El Pez que Fuma (1977) y La Oveja Negra (1987), el director desnudó las dinámicas sociales del país, traducidas de vueltas en imagen narrativa para la reflexión.

Preservación del patrimonio fílmico

El primer paso de este convenio de restauración inició en 2024, tras un arqueo de incunables fílmicos venezolanos celosamente resguardados por la Cinemateca Nacional. La obra en cuestión, junto a otros títulos del universo cinematográfico venezolano, permaneció hasta ese momento en custodia de esta institución fundada por Margot Benacerraf hace 60 años y que por estos días está de aniversario.

Al resguardar una obra como la de Chalbaud, bajo condiciones óptimas de temperatura y humedad para frenar el “síndrome del vinagre” y la descomposición del celuloide, la Cinemateca no solo ha protegido hasta el presente una trama llena de actuaciones memorables; resguarda, además, el testimonio de una era, el lenguaje de una Caracas y una Guaira de finales de los setenta, y la genialidad técnica de los pioneros del cine nacional.

Su esfuerzo asegura que la gran pantalla nacional siga encendida, en una tarea de proteger las historias narradas en imágenes que nos definen, con la garantía de que las futuras generaciones también puedan disfrutarlas, ahora en su máxima resolución digital.

El Pez que Fuma de Román Chalbaud

Existe un antes y un después en la cinematografía venezolana, y en ese punto de inflexión lo marca “El Pez que Fuma” (1977), dirigida por el maestro Román Chalbaud y coescrita junto al reconocido dramaturgo José Ignacio Cabrujas.

Esta producción no solo es considerada la obra cumbre del cine nacional, sino también una de las piezas más audaces y descarnadas del cine latinoamericano del siglo XX.

Chalbaud, con su mirada irreverente, logra dignificar a los marginados sin romantizar la miseria. Los personajes de “El Pez que Fuma” están llenos de matices; son víctimas y victimarios a la vez, moviéndose al ritmo de la música.

A casi cincuenta años de su estreno, el ciclo vital que retrata la película resuena aún como un eco social

Hoy la película se mantiene viva gracias a los esfuerzos por su preservación y restauración digital. Su renacer no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un acto de justicia cultural que permite que las nuevas generaciones descubran el poder transformador del cine.

“El Pez que Fuma” es más que una película; es el alma de un país atrapada en celuloide, un clásico inmortal que nos recuerda la fuerza, la irreverencia y la genialidad del gran Román Chalbaud.

F/CNAC
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Largometrajes venezolanos participaron en Festival de Cine de la India

Tres películas venezolanas brillaron en el Festival de Cine de la India, cita cinematográfica celebrada en la ciudad de Khajuraho, en colaboración con la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en la nación surasiática.

Los filmes “Los Herederos”, dirigida por Pablo de la Barra; “Turba”, de Andrés y Luis Rodríguez, y el documental “Kueka Memoria Ancestral”, de María de los Ángeles Peña, se exhibieron con gran receptividad al público asistente al festival, mostrándoles la diversidad del cine producido en el país suramericano.

La embajadora Capaya Rodríguez señaló que la participación en este festival permitió estrechar aún más los vínculos culturales entre India y Venezuela, al contribuir con la promoción de la cultura nacional, que ha brillado de manera especial.

Destacó que este año, a través de la gestión de la Misión Diplomática a su cargo, en colaboración con el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, la distribuidora nacional de cine Amazonia Films, Fest Hunters y productores nacionales, garantizaron la presencia del cine criollo en 15 festivales, con la participación de 16 largometrajes, con tres estrenos para la región de Asia y cuatro premios.

La jefa de Misión indicó que la cultura es un eje fundamental del Gobierno del presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, quien a través de distintos planes y acciones apoya a la industria del cine para que continúe fortaleciéndose, y que sin duda alguna constituye un frente de resistencia ante los embates imperialistas en marcha contra Venezuela.

F/Embajada de Venezuela en la India
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Festival de Cine Independiente de Valencia promueve la producción venezolana

La tercera edición del Festival de Cine Independiente Valencia 2025 se inauguró oficialmente en el Teatro Municipal de Valencia, estado Carabobo, donde se resaltó el gran aporte de los cineastas, productores audiovisuales, cultores y realizadores cinematográficos venezolanos, en un ambiente festivo y de gran alegría.

El evento fue organizado por los hermanos Daniel y Sergio Siugza, junto al equipo de la productora Rabo de Nube, llevan a cabo este festival que promueve el cine venezolano, y contó con el apoyo de los directivos y representantes del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía CNAC y de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC).

En representación del país invitado de honor del festival, estuvo presente la agregada Cultural de la embajada de la Federación de Rusia en Venezuela, Aleksandra Abramova. Además, contó con la presencia de la primera dama de la entidad territorial, Nancy de Lacava, la alcaldesa de Valencia, Dina Castillo, entre otras autoridades locales.

La alcaldesa Castillo resaltó la participación de más de 800 infantes en la primera jornada del Festival, “a través  del Programa La Escuela va al Teatro, niños y niñas que desde ya se involucran y empiezan a apreciar nuestro cine”, agregó.

F/Medio regional
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Acciones de EEUU caen tras aranceles del 100% al cine extranjero

La Bolsa de Nueva York abrió este lunes en números negativos, tras una nueva oleada de aranceles del 100% que fueron emitidos por el presidente. Donald Trump, hacia las producciones cinematográficas extranjeras. El Dow Jones de industriales perdió un 0,40 %, hasta los 41 mil 150 puntos; el selectivo S&P 500 cedió un 0,72 %, hasta los 5 mil 645 enteros y el tecnológico Nasdaq perdió un 0,73 %, para situarse en 17 mil 846.

Por ende, los inversores manifiestan mayor precaución y prima el impulso vendedor. Respecto a los filmes internacionales, Trump indicó que estos suponen “una amenaza a la seguridad nacional”, sin detallar cómo se aplicará esto a las plataformas de streaming.

De momento, las grandes compañías del sector -con gran parte de su producción rodada en el extranjero- ya resienten el impacto: las acciones de The Walt Disney Company perdieron un 1,32%; las de Netflix, un 3,10%; y las de Warner Bros Discovery, un 3,34%. Con respecto a los aranceles generales, Trump generó nuevas incertidumbres, al afirmar que a pesar del desarrollo de negociaciones comerciales con numerosos países, “al final del todo, yo establezco los acuerdos, y no ellos”.

Esta semana se prevé una nueva reunión de la Reserva Federal (Fed) para decidir sobre los tipos de interés, en medio de crecientes presiones de Trump para que estos sean reducidos, a pesar de que el presidente de la institución financiera, Jerome Powell, permanece reacio al respecto, al enfatizar que goza de un grado de independencia respecto al Poder Ejecutivo.

F/Medios internacionales
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Memorias de un caracol: filme animado que muestra la luz desde la oscuridad

Solo un verdadero artista es capaz de articular un mensaje hermoso, potente, conmovedor y aleccionador sobre la resiliencia, la esperanza, la autoaceptación y las ganas de seguir adelante, a partir de los elementos más oscuros y pútridos de la realidad contemporánea. Así lo hizo el cineasta australiano, Adam Elliot, ganador en 2004 del premio Oscar al mejor cortometraje animado,  con la joya llamada Memorias de un caracol, film animado que estuvo nominado al Oscar y se ofrece en las carteleras de los circuitos comerciales de nuestro país.

Las autoridades cinematográficas venezolanas la clasificaron como clase B, para mayores de 12 años y esta vez no se les fue la mano, Memorias de un caracol no es un animado para niños, pero quizás todos los padres deberían verla. Entre sus componente se consigue violencia, maltrato, alcohol, galletas de marihuana, dedos rotos y amputados, la muerte de un padre frente a sus hijos, incendios provocados, terapia de electroshoks para “curar la homosexualidad”, intentos de suicido, sexo, un juez que se masturba en público, lenguaje soez, etcétera.

Y como un alquimista, o tal vez como un poeta maldito que consigue la métrica perfecta para componer piezas de estética deslumbrante, Adam Elliot moldeó todos estos elementos para crear una historia que ilumina desde la oscuridad, un filme que toma a la audiencia por el cuello y cuando está al borde del llanto, le hace cosquillas con chistes ácidos y oscuros.

Memorias de un caracol, contada en primera persona y en retrospectiva, comienza en Melbourne, Australia, en la década de los 70 del siglo pasado, donde Grace Pudel vive su infancia junto a su gemelo Gilbert y su padre Percy, un malabarista francés que pasó de ofrecer alegría en las calles, al alcoholismo, luego de quedar parapléjico. «Papá solía decir que la infancia era como estar borracho. Todos recuerdan lo que hiciste, excepto tú», deja colar Grace en su narración.

Las desgracias de la protagonista comienzan desde el momento mismo de su nacimiento, al que su madre no pudo sobrevivir. Vio la luz antes que Gilbert, con labio leporino, condición que la hace blanco de las burlas por parte de los chicos malos del colegio que se enfrentan a su protector hermano.

En este contexto, Grace se refugia en la lectura y disfruta de los breves y modestos momentos de alegría, en el hogar, junto a su hermano y su padre que muere de una manera que podría ser graciosa si no fuera un hecho tan lamentable.

Y así ambos hermanos son remitidos a hogares de acogida equidistantes, Gilbert termina con una familia de fanáticos religiosos en Perth, al oeste de Australia, mientras Grace, con aparente mejor suerte, va a Canberra, en el sureste, con una familia que si bien no la trata mal, tampoco le dan cariño. «Perder a un gemelo es como perder un ojo: nunca vuelves a ver el mundo de la misma manera». No obstante, es una parte fundamental del filme la comunicación que mantienen ambos hermanos en tiempos de correo físico.

Grace busca refugio a esta soledad en la colección compulsiva de caracoles y objetos relacionados con estos animalitos que son una metáfora de la coraza que se pone para enfrentar el mundo. «Las peores jaulas son las que creamos nosotros mismos».

Desde ahí va contando desgracia tras desgracia, intercalada por momentos de un humor cáustico que transcurren entre los 80 y 90, cuando Grace conoce a Pinky, una excéntrica, divertida y alocada anciana que vivió sin ningún temor ni límites para la felicidad y ayuda a Grace a encontrar la luz que hay en ella, a soltar sus amarras, a quitarse la coraza y a esperar lo que venga de la vida con esperanza.»La vida es un tapiz hermoso que necesita ser experimentado», dice la protagonista, pero la frase clave de la historia, que además se asoma en el póster, dice que «La vida solo puede entenderse mirando hacia atrás, pero debe vivirse hacia adelante». En ese momento, hasta al espectador más insensible, al menos se le relajan las glándulas lagrimales.

Para este conmovedor homenaje a la vida, a la esperanza y a las personas “distintas”, Adam Elliott demoró unos ocho años entre dibujar miles de veces, y a mano, a los personajes, para luego modelarlos, tanto psicológicamente como físicamente, en  arcilla, y finalmente darles vida por medio de la clásica técnica del stop-motion.

Sin color pero con mucha luz

Nos parece acertada la comparación que hace el crítico de cine, Lalo Ortega, en el portal web especializado, La Estatuilla, de esta propuesta australiana con el éxito de Pixar, Intensa-Mente que, considera como la antítesis de la obra de Elliot.

No todos los niños tienen el respaldo familiar o estructural necesario para navegar con seguridad los grandes cambios de la vida, apunta Ortega. En consecuencia, el interior de sus mentes no siempre es tan vibrante o colorido como el de Riley.

Sin embargo, continúa el crítico,  la película de Elliot comparte con la de Pixar un reflejo de situaciones cotidianas y mundanas, sin perder el sentido del humor. A diferencia de los avatares emocionales coloridos que representan sentimientos abstractos en Intensa-Mente, aquí es la propia Grace, ya adulta y con la perspectiva que le da el tiempo, quien relata los impactos psicológicos de su distanciamiento con su hermano, la negligencia de sus padres y las pequeñas esperanzas que surgen de los gestos amables de extraños.

En resumen, Memorias de un caracol es una de esas películas entrañables, con todos los méritos para incluirse entre las favoritas de cualquier cinéfilo o cualquier aficionado al séptimo arte.

T/Luis Jesús González Cova
F/Cortesía
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El cine venezolano sumará una nueva obra de ciencia ficción a su catálogo

El realizador venezolano Edgar Rocca, director de El peor hombre del mundo (2016), Infieles (2019), Tres son multitud, cuatro es un desastre (2022) y el documental Cine invisible (2023) alista dos nuevos largometrajes de ficción, ambos de bajo presupuesto, que espera estrenar durante el último trimestre de este 2025. La historia de Seres, uno de estos títulos, tiene la “novedad” de que cuenta con los códigos de un género muy poco abordado dentro de la cinematografía venezolana, como es la ciencia ficción, una historia sobre extraterrestres enriquecida además con algo de terror y suspenso.

De acuerdo a las convenciones establecidas, especialmente por la gran industria cinematográfica hollywoodense, el género de la ciencia ficción parece incompatible con un bajo presupuesto. En este orden de ideas, Rocca aclaró, vía telemática, al Correo del Orinoco, que no se trata de una película cargada de efectos especiales, ni seres de otro planeta con figuras y apariencias rebuscadas que bajan de un platillo volador.

En Seres la invasión extraterrestre se cuenta desde la perspectiva de dos parejas comunes y corrientes que viven en un país latinoamericano no identificado.

A nuestra manera

El argumento, precisó el director, es que llegan extraterrestres para emprender una colonización de este país indefinido. “Eso es visto desde la mirada interna de ciudadanos comunes, lo que hace que la historia no sea, ni busque ser, una película espectacular, artificiosa como las de Hollywood, no tiene el presupuesto además para eso. Entonces, con los recursos que teníamos, la búsqueda fue racionalizarla” y tratar de imaginar “cómo lo viviríamos nosotros en nuestras casas, cómo lo vivirían dos parejas que salen de la ciudad en medio de una situación en la que empieza un caos”.

Por juegos del destino, en medio de la escritura del guion para esta nueva aventura cinematográfica, Edar Rocca vivió la experiencia caótica que generó el apagón nacional a comienzos de marzo de 2019, una situación obviamente desagradable para toda la población, pero que en su caso, mientras escribía en el aislamiento forzoso, lo ayudó en el proceso creativo y le permitió abrevar de esas noches que nos mostraron, al menos a quienes vivimos en la ciudad, la oscuridad profunda y el silencio perturbador de las madrugadas, justamente los elementos característicos de la atmósfera que pretendía plasmar.

No obstante, advirtió Rocca, el filme no estará exento de efectos especiales que se emplearán, efectivamente, en unos tres momentos puntuales de la historia. “No va a necesitar tener grandes efectos, como una nave que da vueltas, no hay nada como eso, vamos a llevarlo más a cómo lo vives sin llegar a recurrir a ese tipo de elementos que complicarían la historia Y racionalizar al extraterrestre o la figura del extraterrestre, porque en la película no son los alienígenas verdes que no hablan, sino son seres humanos y hay una explicación para eso”, insistió el director.

Reto personal

Con esta propuesta, una de las tantas intencionalidades artísticas del realizador es reforzar la idea de que nuestro cine no debería buscar competir con la gran industria, sino ser una alternativa con sus propias características, tanto en las formas de producción como en sus narrativas.

Por otra parte, con Seres, Edgar Rocca busca demostrarse a sí mismo que puede experimentar diversos géneros y, al mismo tiempo, alejarse del riesgo de ser encasillado como un autor exclusivo de comedias románticas, género al que recurrió en sus tres primeros largometrajes, con la intención de conectar con un público numeroso y con la taquilla, todo en función de demostrar que el cine venezolano en particular y la llamada economía naranja en general, pueden contribuir al desarrollo económico del país.

A Cannes

Justamente, Rocca, un conocedor de la taquilla cinematográfica nacional y con experiencia en la distribución de materiales audiovisuales, tiene previsto llevar, tanto a Seres como a su otro nuevo proyecto El otro hombre, al mercado de cine del próximo festival de Cannes, donde asistió por primera vez el año pasado.

Desde esa visita “entendí un poco cómo movernos allí (en Cannes). Fue mi primera vez presencial, yo tenía años haciendo online el trabajo de distribuidor, acá me tocó ser cronista, escribí unos artículos para un portal web en Venezuela, ser productor, llevé un proyecto que me pagaron para que lo mostrará en el Marché du Films, y ahí entendí que es posible hacerles estreno a nuestras películas dentro del marco del festival, mostrarlas, no necesariamente compitiendo, porque eso ya amerita otro trabajo que no hemos hecho. Pero sí podemos mostrar las películas en Cannes y conseguirle posibilidades de venta. Entonces esa es mi misión con las películas, terminarlas, mostrarlas allí en el mercado y después pasar al estreno comercial en Venezuela, que es el primer camino, y el canal regular natural que tiene, y después en Europa, principalmente en España, que es donde estoy ahora desde los últimos cinco meses”, explicó el realizador.

Carrera de obstáculos

Sin embargo, al menos en el caso de Seres, filme al que Rocca considera su Apocalipsis Now personal, aún debe superar algunos obstáculos para terminarla completamente. Inclusive, lo reconoce como el rodaje más difícil que ha tenido hasta ahora, en cuanto a las condiciones,y especialmente en cuanto al presupuesto. Hasta debió parar a los pocos días de comenzar la producción por falta de dinero. “Eso nunca me había pasado en una película, porque el tema de patrocinio no se dio”, reveló.

Ante la dificultad, apeló a su experiencia y buscó otras maneras de sacar adelante la película, a partir de intercambios, ayudas y un adelanto de distribución, “que es una figura que no usaba y no se usa en Venezuela desde hace mucho tiempo” que consiste en ceder derechos de la obra a una distribuidora, “cosa que yo tenía años sin hacer porque distribuyo mis propias películas desde el 2019”, recordó.

Así la producción terminó con una cantidad de deuda que lo llevó a hacer una serie de malabares para lograr sanearla económicamente. Además, como buen pupilo de Román Chalbaud, Rocca es de los que procura terminar el rodaje con un primer corte ya listo y agilizar así la posproducción. Esta vez eso no se logró, entre otras razones, por la misma cuestión del dinero.

Y a diferencia de Otro hombre, que ya tenía su primer corte,  con Seres tuvo que empezar de cero toda la postproducción y no fue sino hasta el mes de octubre de 2024 (se comenzó a rodar casi un año antes) se pudo destrabar el tema de la postproducción, de nuevo recurriendo a acuerdos de pagos posteriores.

Y cuando el editor, Manuel Barrios, que ya había trabajado con él como director de fotografía y operador de cámara en El otro hombre, le entrega el primer corte, al día siguiente, este editor sufrió un accidente de tránsito. Así se sumó el tiempo de recuperación de una fractura de clavícula para llegar a un segundo corte de la película.

“Lo que me mantiene viva la esperanza y seguir avanzando es que el primer corte ha sido el más feliz que he tenido porque, poder verla después de un tiempo, yo digo que el 60% de lo que vi va a quedar hasta el final de la película. Quería demostrarme a mí mismo que podía trabajar otro género, que no era solamente la comedia romántica, que fueron mis primeras tres ficciones y el documental, que es una cosa intelectual sobre el cine venezolano. Esta, en cambio, es una película de ciencia ficción, es una película que busca racionalizar toda la dinámica de ovnis y de extraterrestres que nosotros conocemos tradicionalmente”, reiteró Rocca. Lo que resta es sumar a unos nuevos socios para cubrir el costo de la posproducción.De cualquier manera, está previsto que el filme llegue a las carteleras este mismo año.

T/CO – Luis Jesús González Cova
F/Cortesía E. R.
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Festival Venezuela im Film – Qué chévere abre una ventana en Alemania a la cultura de nuestro país

Ute Evers estudió Letras en su Alemania natal. Actualmente trabaja en una agencia literaria dedicada, principalmente, a la literatura de habla española y portuguesa. Además, desarrolla proyectos en la feria del libro de Fráncfort y ejerce la crítica cultural, labor que ejerce de manera independiente y publica en varios medios de comunicación, incluidos algunos de Cuba.

Hace unos meses estuvo de visita en nuestro país, pero no por motivos relacionados con los libros, sino para asistir al Festival de Cine Venezolano, que este año se realizó por primera vez en Margarita. No se trataba, simplemente, de turismo cultural. Evers ya tiene una larga relación con la cinematografía de nuestro país, más intensamente desde hace 18 años cuando comenzó a organizar el Venezuela im Film – Qué chévere, en Fráncfort, una muestra que sirve como vitrina para dufundir la cultura de nuestro país a través del prisma del séptimo arte.

Un grato acompañante

“El cine siempre fue un acompañante durante mis estudios de Letras y mis trabajos posteriores”, reveló la alemana al Correo del Orinoco. Incluso antes de que naciera la muestra audiovisual venezolana francfortesa, Evers participó en la preparación de un Festival de Cine Cubano, que también se celebra en Fráncfort, lo que le sirvió de preparación para su experiencia posterior en la exhibición de nuestra cinematografía.

Además, en 2007 estuvo en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), en Caracas. En esa pasantía profundizó sus conocimientos sobre la cinematografía en general y comprendió la configuración de la infraestructura institucional de la plataforma del cine y el audiovisual de nuestro país.

“Y vi muchísimas películas gracias al gran empeño de la entonces vicepresidenta (dec CNAC) Alizar Dahdah. Gracias a ella conocí no solo el funcionamiento del CNAC, sino también la recién inaugurada Villa del Cine, la Cinemateca, de la cual guardo gratos recuerdos, de Nancy de Miranda (reconocida investigadora), quien me regaló con el Panorama histórico del cine en Venezuela, de la Fundación Cinemateca Nacional, un libro que no dejo de consultar”, recordó la crítica literaria.

La promotora cultural también se nutrió “de uno de los más importantes directores de salas de cine de Fráncfort, Klaus-Peter Roth, gran admirador de la obra de Diego Rísquez, aunque el aprendizaje sigue con cada festival, incluyendo el pasado Festival de Cine Venezolano en Margarita, cuando, por ejemplo, Lamata, al que, entre otros, fue dedicado el festival, pronunció una de las frases claves (para mí) en su discurso en el marco de los homenajeados del festival: ‘Aquí cabemos todos’.Y esta idea me la traje de este festival”, confesó.

Con una pequeña ayuda de los amigos

La muestra audiovisual venezolana en Fráncfort se realizó por primera vez en 2005, cuando el cónsul general de Venezuela de entonces, César Méndez, convocó a Ute Evers, entre otras cosas, para crear un festival de cine.

Desde entonces se estableció una alianza, que perdura hasta hoy, con el cine comunal Filmforum-Höchst. El evento evolucionó en 2018, cuando se independizó del consulado. A partir del año siguiente la muestra se mantuvo gracias al trabajo de un equipo mínimo de tres personas, Evers incluida, como iniciativa sin fines de lucro, junto a la sala de cine comunal Filmforum-Höchst, en Fráncfort del Meno, durante el mes de abril.

El espacio, contó Evers, tiene una tradición de más de 40 años dedicada al cine de autor y desde hace casi dos décadas y media alberga festivales de distintas regiones, como África, Cuba, Irán, Kurdistán, Turquía, o países europeos como Italia o Francia.

“Los llamados cine-foros municipales nacieron en los años sesenta y setenta del siglo pasado con el objetivo de ofrecer una formación cultural (y con los años también multicultural) a través del cine, y de un cine de autor. El Filmforum Höchst se fundó en 1975 bajo el lema ‘Cultura para todos’, bajo el techo de la universidad popular (Volkshochschule, VHS)”, amplió la crítica literaria.

Ese año 2018 la muestra de cine venezolano rindió homenaje a Diego Rísquez, quien murió en enero de ese año, con una retrospectiva que se preparó en colaboración con Amapola Rísquez, hija del autor, y con Jorge Mirada, productor de algunas de sus películas.

El evento cuenta con el apoyo financiero de instituciones de la localidad, como la Oficina de Cultura (Kulturamt), la institución cinematográfica HessenFilm und Medien y la Oficina de asuntos multiculturales (Amt für multikulturelle Angelegenheiten).

Además, desde Venezuela, la iniciativa cuenta con la colaboración de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela (ACACV), el CNAC, Amazonia Films, la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC), “y la imprescindible y valiosa ayuda de amigas y amigos cineastas venezolanos”, reconoció la organizadora.

De todo y para todos

Una de las premisas del festival es proyectar producciones actuales, variadas en temáticas, géneros y formatos. También incluyen en la programación algunas producciones de larga data que respondan a un tema en específico, bien sea histórico o contemporáneo.

“Por ejemplo, de ‘El cine y el arte’ en 2013, cuando Diego Rísquez presentó su película Reverón, agregamos al programa el documental sobre este artista, de Juan Andrés Bello, y montamos una exposición de afiches sobre la obra de Reverón. O un año después, con ‘Cine e historia’, en presencia del director Luis Alberto Lamata, con Bolívar, el hombre de las dificultades, preparamos una exposición paralela de las distintas representaciones del rostro de Simón Bolívar en el arte venezolano, y antes de la proyección de la película, Lamata dio una charla en la Universidad de Goethe sobre el tema. Y, en el 2017, tuvimos un especial, ‘120 años de cine venezolano’, y ahí proyectamos los inicios del cine venezolano desde Don Leandro el inefable, de Lucas Manzano, La Venus de Nácar, de Efraín Gómez, hasta Taboga y hacia el Calvario, de Rafael Rivero, aparte de dos documentales de los Estudios Ávila”, rememoró Evers

Igualmente, en cada edición se procura contar con la intervención de al menos un invitado especial para establecer un diálogo directo entre el público alemán y representantes de nuestra cinematografía.

Si bien la audiencia usualmente tiene un perfil interesado en el cine latinoamericano y de autor, el festival se dirige a todo tipo de espectadores, de ahí la importancia de que las  películas tengan subtítulos en inglés.

Desde sus inicios, la muestra incluye en su programación una película clásica de nuestra cinematografía. “El año pasado, por ejemplo, el documental poético de Margot Benacerraf, Araya.

“Tuvimos el honor, además, de recibir unas palabras personales de ella (de la autora); en el 2009 proyectamos Oriana, de Fina Torres, y Aire libre, de Luis Armando Roche, en el 2011, solo para nombrar algunos títulos”.

El público premia

En la edición número 18, celebrada este año, se implementó como novedad un premio del público que resultó ex aequo entre Miguel Zamora, por El salto de los ángeles, y Carlos Malavé, por One way.

“Fue una experiencia muy grata. Se veía al público más involucrado y muy animado por dar su voto.  Dedicamos el festival a Andrés Augustí, presentamos Tisure, y a Román Chalbaud, de quien volvimos a proyectar su clásico El pez que fuma, por lo que inauguramos el festival con el excelente documental Un país llamado ‘El pez que fuma’, de Alejandro Picó.

También este año se celebró en Fráncfort los 10 años del primer Goya venezolano para la mejor película iberoamericana, de manera que se proyectó, una vez más en la muestra, Azul y no tan rosa, en presencia de su autor, Miguel Ferrari, quien, además, ofreció una charla sobre El cine venezolano en la diáspora.

Luego de una trayectoria de casi dos décadas, el Venezuela im Film – Qué chévere ya es parte de un programa fijo, esperado cada año, en la agenda cultural de una ciudad con una movida cinematográfica enriquecida con una amplia variedad de muestras audiovisuales internacionales, en los que se exhibe el séptimo arte japonés, turco, Irní, kurdo, cubano brasileño, etc. A lo largo de este tiempo el evento ha mostrado la cultura venezolana por medio de más de cien largometrajes y casi 50 cortometrajes.

Consideraciones sobre nuestro Arte

  —¿Cuál ha sido la clave para mantener este festival durante 18 años? 

—Estoy convencida de que una de las claves es tanto nuestra pasión como nuestra seriedad. Esto lo percibe el público ya con el primer envío de save the date que recibe meses antes del comienzo del festival. También recibimos del público (tanto de aficionados como de profesionales del cine) muy buena recepción, muchas veces por la variedad de las películas y la cantidad de información alrededor de las películas, pero, claro está, también críticas, con las que crecemos y nos ayudan a mejorar.

Quizás habría que agregar también este detalle: una gran y excepcional ayuda es el apoyo solidario y los consejos del cineasta Luis Alberto Lamata. Él, entre tantas otras cosas en relación con nuestro evento, nos ha enseñado que nuestro festival tiene la gran ventaja de estar siempre por encima de los debates ideológicos. Y creemos que esta sana percepción del arte llegó y convenció también a nuestro público.

  —¿Cómo describiría la cinematografía venezolana? ¿Cuáles cree que son sus fortalezas y cuáles sus debilidades?

—Bueno, para poder contestar a esta pregunta, creo que necesitaría horas y horas y páginas y páginas, si es que quiero contestar con honestidad. Pero trato de compartir algunas ideas que me vienen a la cabeza. Una de las fuerzas del cine venezolano contemporáneo radica en su diversidad, diversidad de historias, de género, de lenguajes, montajes casi experimentales/surrealistas. También me parece que el cine venezolano destaca por unos muy buenos fotógrafos.

E igualmente, me parece que ha sabido no solo concentrar sus historias contemporáneas en los centros urbanos (que es, sin dudas, imprescindible), sino llevar la cámara también a otras partes de Venezuela, aunque la mayoría sí que se mueve en ambientes urbanos. Y, en las más actuales se ve que el tema de la diáspora también se ve cada vez más reflejado, como también temas de géneros (tanto en las películas de ficción como en los documentales), lo que me parecen componentes muy interesantes e importantes.

Si nos quedamos un momentico más con los temas actuales creo que logra estar al tanto de lo que le preocupa a la sociedad y no duda, si es necesario, en meter el dedo en la llaga. Aunque, y ahí sí me atrevo a mencionar una tendencia más que debilidad que creo percibir: noto una necesidad exagerada de dejar muy clara la posición política, aunque la película lo transmite sin dudas.

Otro característica que percibo es la creación de memoria a través del cine, que a mí personalmente, que empecé a conocer la historia de América Latina con la llamada conquista de América por Cristóbal Colón, me parece un aspecto importante. La historia contada desde dentro, y desde muchos puntos de vista diferentes, si pensamos tan solo en las diferentes películas sobre el libertador Simón Bolívar, desde la manera experimental hasta incluso la comedia. Esta diversidad artística e intelectual muestra la gran capacidad del cine (y su responsabilidad) del que no dispone la historia oficial.

Quizás, esto sí, extrañamos la cinematografía sobre y hecha por talentos de los pueblos originarios, que llevamos años buscando para incluirla también en nuestro festival. Este año, proyectamos el poema visual El silencio de las semillas, de Elizabeth Pirela. Por lo menos un filme hecho por una cineasta wayuu, representante de una región que abarca tanto Colombia como Venezuela.

Faltaría hablar de mucho más, quizás de los talentos en el género documental. Los que logran salir de la mera descripción, del concepto de “talking heads”, y se convierten, fiel al ideal de Araya, en una prosa documentada, o de los cortometrajes que hemos incluido desde el principio en nuestro festival, que sobresalen por su historia precisa, buena fotografía, escenografía y actuación. Una de mis favoritas es, por ejemplo, PB, de Pedro Uribe Blanco, en seis minutos te lo cuenta todo, o Chaplin que estás en el cielo, de Ángel Palacios, aunque ya al límite con sus 17 minutos.

Las favoritas

  —¿Hay algún autor que, en su opinión, se destaque por sobre los demás? 

—Es difícil de contestar. Uno de los grandes maestros es, sin dudas, Diego Rísquez, cuya cinematografía, dicho sea de paso, admiro desde la primera película que presentamos en el festival (Orinoko, Nuevo Mundo). Entre los y las grandes del cine contemporáneo están Claudia Pinto, quien demostró su gran talento ya con su ópera prima, La distancia más larga; Patrícia Ortega, de su generación, sin dudarlo dos veces, la mejor directora; Marité Ugás y Mariana Rondón, a quienes empecé a admirar desde Postales de Leningrado; Luis Alberto Lamata, cuyas películas Jericó y El enemigo son inolvidables; Alberto Arvelo, un maestro tanto en las películas de ficción como en sus documentales; los hermanos Luis y Andrés Rodríguez, que afortunadamente siempre incluyen en sus películas elementos experimentales; Alejandro Bellame con El tinte de la fama o Dirección opuesta… son muchos y muchas más que hacen que el cine venezolano haya tomado un carácter propio, y de competencia, en la cinematografía de América Latina o, si se quiere, internacional. Y no se han mencionado a los actores y a las actrices, productores y productoras, y otros que contribuyen con su trabajo al éxito de una película.

  —¿Cuáles han sido las películas más exitosas, las más vistas y aplaudidas en el festival? 

—Recordando ahora el festival de este año, fue Miguel Ferrari quien, con su, sin dudas, muy importante película, Azul y no tan rosa, recibió su merecido aplauso del público.

Pensándolo un poco más, incluiría también otros momentos distintos, de silencio, después de terminar los créditos de las películas, cuando la gente no se levanta inmediatamente y se queda en su butaca como hipnotizada… Esto fue el caso de Un destello interior, de los hermanos Rodríguez y, el año pasado, Araya, la gente se quedó en silencio y luego aplaudió. Ah, y claro, los ganadores del primer Premio del Público, Carlos Malavé y José Zamora, por supuesto, también recibieron su aplauso. Y así haciendo más memoria, seguro que se me ocurrirán algunos ejemplos más.

T/Luis Jesús González Cova
F/Archivo CO
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Documental «Mariposa de papel» se llevó el Gran Premio ELCO en su edición 2024

Una repartición equitativa de premios caracterizó la ceremonia de cierre del Festival de Cine Entre Largos y Cortos de Oriente (ELCO 2024), una plataforma que promueve y celebra el séptimo arte venezolano desde hace 12 ediciones, con enclave en el noreste de nuestro país.
En esta oportunidad los premios Margot Benacerraf, asignados a los largometrajes de ficción, recayeron en las obras _Vuelve a la vida_ , de los hermanos Luis y Alfredo Hueck, Visceral, de César Manzano; Tarkari de chivo, la cena del crimen, de Daniel Yegres y Francisco Denis; Hambre, de Joanna Nelson; Un actor se prepara de Inti Torres y Camilo Pineda;  Azotes de barrio 2,de Jackson Gutiérrez y Tango bar, de Gibelys Coronado.
La de los hermanos Hueck mereció los lauros a mejor póster, edición, sonido mejor actor principal, por el trabajo de José Ramón Barreto (compartido con su propia actuación en Visceral), producción y mejor película, Entre tanto Visceral se llevó los reconocimientos a mejor actor principal (compartido), actriz principal para Irene Esser), actor secundario por la interpretación de Vicente Peña, guion y dirección.
Por su parte, Tarkari de chivo, la cena del crimen fue seleccionada por el equipo evaluador para otorgarle los premios a mejor tráiler, maquillaje, vestuario, dirección de arte y ópera prima. Tango Bar y Azotes de Barrio 2 compartieron el premio a la mejor actriz secundaria por la labor de una sola actriz en ambas obras, Jeska Lee Ruíz. El renglón restante, mejor dirección de fotografía, se lo llevó Un actor se prepara.
En la parte de largometrajes documentales el premio a la mejor película fue para Mariposas de papel, obra de  Rafael Medina Adalfio que también se llevó el galardón principal del certamen, el Gran Premio ELCO Maite Galán. “por su propuesta estética y el atinado uso del lenguaje cinematográfico para convertir la cotidianidad de la faena en una obra conmovedora y cercana”, dice el veredicto firmado por Ninoska Dávila, Jorge Jacko, Isaac González, Humberto Sánchez Amaya y Luis Jesús González Cova.
El ganador como Mejor cortometraje de ficción Premio Román Chalbaud fue  Ritorno de María Alejandra Martín y el destacado fue Danzando de Robinson Alana. El premio al mejor cortometraje de animación recayó en Un giro inesperado de José Márquez y el de mejor ficción universitaria fue para Inmarcesible de Verónica Dos Santos. El corta duración Jevita, de Víctor Piña obtuvo en esa categoría una mención especial
Por su parte en la categoría de Nuevos realizadores, el lauro principal fue entregado a  El sabor de la arepa, de Andrés Aguirre Guerra y una mención especial para Bachiller Negrete, realizado por Ángel Eduardo Marín.. Como  mejor cortometraje de venezolanos en el exterior los ganadores fueron Ungida de Argenis Herrera Sánchez y mención especial para Nada que Decirnos de Javier Beltrán, entre otros galardonados por un jurado conformado por Maite Galán, Carlos Daniel Alvarado y Rosemilia Jacko.

No es Hollywood: Es Lechería

Casa Dúo, un espacio íntimo y acogedor dedicado al arte latinoamericano, fue el escenario para una ceremonia de premiación sencilla, sobria, emotiva y original, sin grandilocuencias ni extravagancias, que se alejó de los intentos de imitación de las galas tipo Oscar, para buscar su propio tono de solemnidad, más acorde con la familiaridad y camaradería del sector cinematográfico del país.
“Hemos aprendido, en estos 12 años, que no se tiene que hacer un gran festival para ser un buen festival”, reflexionó Hernán Troconis, director general del evento que en esta oportunidad contó con un cartel de 11 largometrajes de ficción y cinco documentales y más de 60 producciones de corta duración.

Más que una guía

El cierre de esta fiesta venezolana del séptimo arte sirvió como lanzamiento de la nueva versión del portal Visor.com.ve , una versión digital actualizada de una valiosa herramienta que más allá de ser una guía profesional de medios audiovisuales de nuestro país es un pormenorizado registro de la realización cinematográfica nacional.
Este trabajo ha requerido un esfuerzo de casi 50 años desde que fue publicado por primera vez en 1976, por el cineasta español Fernando Campos junto a la productora Maite Galán, responsable de mantener este importante trabajo desde la edición número cuatro hasta nuestros días.
El portal recoge parte de nuestra memoria audiovisual con un resumen de la producción cinematográfica desde  1897.

Desde la eternidad

Esta entrega del festival de oriente se realizó en homenaje a la guionista, investigadora, crítica y docente, recientemente fallecida, Patria Kaiser, una consecuente aliada de esta vitrina orinetal del séptimo arte venezolano.
ELCO 2024 no solamente empleó unas articulares fotos de Kaiser para su paquete gráfico, además, en el acto de clausura y premiación, se publicaron unos mensajes de voz que el año pasado la docente envió al director del evento, en el que lo conminaba a no decaer y darle continuidad, a como diera lugar, este festival “aunque yo no esté…”, este festival tiene que continuar, dice el mensaje que de alguna lamentable manera se convirtió en premonitorio.
Kaiser murió a comienzos de año, específicamente en marzo, a causa de un infarto. Ejerció la dirección ejecutiva de la Fundación Cinemateca Nacional, fue docente de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y de la Universidad Nacional Experimental de las Artes. También estuvo a cargo de Fonprocine y del Laboratorio del Cine y el Audiovisual, ambas instancias adscritas al Centro Nacional Autónomo de Cinematografía.
T/Luis Jesús González Cova
F/Archivo CO