El 18 de mayo de 1977 llegó a las salas comerciales el filme El pez que fuma, la décima película de Román Chalbaud. Aunque hay opiniones encontradas que complican la selección de la mejor obra del maestro, esta es el blasón indiscutible de su filmografía.
La revista Imagen le otorgó, en 1987, el título de “Mejor película venezolana de todos los tiempos”, luego de una encuesta aplicada entre expertos seleccionados, y fue incluida por la Unesco dentro de los 15 títulos etiquetados como “patrimonio cinematográfico de Venezuela”, lista que completan obras como La oveja negra (1987), también de Chalbaud, Jericó (1991), de Luis Alberto Lamata, Domingo de resurrección (1982), de César Bolívar y Macu, la mujer del policía (1987), de Solveig Hoogesteijn, entre otras.
De manera que si una cinta con sello venezolano merece un remake, reboot, midquel, spin-off, sidequel o cualquier versión es El pez que fuma.
A NADAR EN MAR DEL PLATA
No obstante, El nuevo pez que fuma, de Luis Fernández, que ya se estrenó en los circuitos comerciales de nuestro país desde el pasado 15 de octubre, se postuló por Venezuela para tener una opción dentro de los Premios Goya y acaba de entrar en la competencia oficial del Festival de Mar del Plata, en Argentina, plantea algo distinto a esos términos ya mencionados y otros más que se les parecen.
Esta nueva obra, que rinde un particular homenaje al cine venezolano, descrita por el propio director como “una carta de amor a Román Chalbaud”, desde el punto de vista conceptual o más bien desde el formato narrativo, rompe con las convenciones del cine venezolano e incluso entra en un terreno no demasiado explorado en el séptimo arte universal.
Para clasificar una obra de esta naturaleza dentro de la terminología cinematográfica actual, podría definirse, como ya lo han hecho en la prensa nacional, como una metaficción que combina elementos autorreferenciales al punto de rozar muy levemente el género del biopic, en este caso sobre Mimí Lazo y también, con más distancia, sobre el propio director y el origen de la relación amorosa entre ambos.
LA REALIDAD EN EL ESPEJO DE LA FICCIÓN
Esta ópera prima de Luis Fernández juega a que los dilemas del rodaje de El pez que fuma permeen y repliquen la vida personal de Mimí Lazo en el plano real/ficticio. Más aún: la hibridación genérica llega al paroxismo cuando se introduce un fragmento de una entrevista real a Román Chalbaud y lo combina con un testimonio de Mimí Lazo que es real, pero se incrusta de manera muy hábil dentro de la ficción.
Con esta fórmula se inyecta una dosis adicional de verdad documental a la ficción dramática. Se inserta una suerte de docuficción a la inversa que le da un efecto de verosimilitud cruzada. Las palabras reales de Chalbaud lanzan un cable a la realidad que legitima el universo ficticio del filme y pulen el prisma que descompone la realidad para crear un espejo de lo que ocurrió o pudo ocurrir tras bastidores.
Y aquí entra un elemento que le da un toque aún más interesante a la película de Luis Fernández, porque ese prisma-espejo que conjuga la verdad con la mentira, refleja y ficciona no solamente la película de 1977, sino además la adaptación teatral, específicamente en el montaje de 1995, dirigido por José Ignacio Cabrujas, y en el que Mimí Lazo interpreta, por primera vez, a La Garza, papel de Hilda Vera en el filme original, y Luis Fernández a Jairo, rol encarnado por Orlando Urdaneta en el celuloide.
En El nuevo pez que fuma no se establece un diálogo entre la ficción y la realidad en torno a la película de Chalbaud. La nueva cinta entabla un trílogo entre la realidad, la ficción del célebre filme que marcó un antes y un después, en el cine venezolano en general y en la vida de Mimí Lazo en particular, y la mentira dramática del montaje teatral de 1995 donde se inició la relación de la pareja Fernández Lazo.
UN DESNUDO QUE CAMBIÓ VIDAS
En aquel filme de 1977 una debutante Mimí Lazo, en un rol secundario, realizó uno de los desnudos más sonados del cine nacional. El personaje de ella misma, en uno de los tantos instantes en que atraviesa la línea de la ficción a la realidad en El nuevo pez que fuma, aclara una confusión muy extendida: esa no fue la primera vez que una actriz se quitó la ropa en una película venezolana. No se detalla quién rompió el celofán en ese campo. Algunas fuentes mencionan el encuerado de Haydee Balza en 1973, en la película Cuando quiero llorar no lloro, de Mauricio Walerstein.
Ese desnudo en El pez que fuma trastocó la vida de Lazo. Le generó problemas familiares y hasta tomó la decisión de salir del país. En ese interín estudió en Roma y posteriormente en el prestigioso Actors Studio de Nueva York.
Más tarde, en 1995, la actriz regresó a El pez que fuma en su versión teatral, pero en el rol protagónico, bajo la dirección de Cabrujas, con quien mantuvo una relación sentimental hasta que se enamoró, en esa misma obra, de Luis Fernández.
El nuevo pez que fuma es un tributo a la vida, al destino y, al mismo tiempo, es un homenaje a esa historia de amor imbricada en una obra icónica del cine, y también del teatro, venezolano.
VENGANZA CONTRA LA PACATERÍA
La propuesta podría interpretarse también como una venganza a la pacatería del público venezolano de finales de la década de los setenta del siglo pasado y una lección para el aún conservador cine venezolano, tan resistente a los desnudos y las escenas de sexo. El mismo director declaró que su versión es atrevida e irrespetuosa.
Y a pesar de que el núcleo físico de la historia es un prostíbulo, lugar usualmente asociado al maltrato a la mujer, el filme pone sobre relieve a las damas como figuras de poder, con personajes femeninos que imponen sus condiciones.
El filme que se puede ver en 27 salas de cine del país y ya convocó a más de 3 mil espectadores en sus primeros cinco días, es el resultado del esfuerzo de más de 150 profesionales del cine.
El elenco encabezado por Mimí Lazo en el doble rol de ella misma y La Garza, lo completan el español Fran Berenguer como Jairo y Jorge Reyes en el rol de Dimas. También actúan Claudia Rojas, Rafael Romero, Karina Velázquez, Alejandra Sandoval, Carlota Sosa, Francis Rueda, Angélica Vitanza, Antonio Cuevas y Andrés Lazo, además de las actuaciones especiales de las leyendas Estelita Del Llano, Hugo Carregal y José Torres, quien cumplió 102 años durante el rodaje.
