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Semillas de Soberanía por José Alfredo Ureña

VENEZUELA DEBE INVERTIR EN EL CAMPO: EL DOBLE DESAFÍO DE LA SEGURIDAD SÍSMICA Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

Los recientes eventos sísmicos que afectaron la región centro-norte costera de Venezuela deben ser interpretados como una advertencia de la naturaleza y una oportunidad para replantear el modelo histórico de ocupación del territorio nacional. Más allá de la atención inmediata de la emergencia y de la reconstrucción de las zonas afectadas, el país necesita asumir una visión estratégica de largo plazo que integre la gestión del riesgo sísmico con la planificación territorial y el desarrollo agroproductivo, que garantice la seguridad y la soberanía alimentaria

La historia sísmica de Venezuela demuestra que los terremotos más destructivos se han concentrado en el eje centro-norte costero, donde están las fallas de Boconó, San Sebastián, Morón, Oca – Ancón y El Pilar. Desde la época colonial hasta nuestros días, ciudades como Caracas, La Guaira, Cumaná, Mérida, El Tocuyo y otras poblaciones han sufrido terremotos que evidencian que esta región forma parte de la zona de mayor amenaza sísmica del país

Paradójicamente, durante décadas Venezuela ha continuado concentrando su crecimiento urbano precisamente en esa franja territorial de mayor vulnerabilidad. Diversos análisis de ordenamiento territorial estiman que alrededor del 80 % de la población venezolana se encuentra asentada en aproximadamente el 20 % del territorio nacional, representado en el eje centro-norte costero. En contraste, el 80 % restante del territorio, donde se localizan extensas reservas de agua dulce, tierras agrícolas, bosques, biodiversidad y recursos estratégicos para la producción de alimentos, permanece escasamente poblado

La respuesta del Estado no puede limitarse a reconstruir donde existe el riesgo y el peligro es inminente. La verdadera solución consiste en iniciar una política nacional de desconcentración territorial, promoviendo el desarrollo equilibrado del interior del país y reduciendo progresivamente la presión demográfica sobre las áreas de mayor riesgo sísmico

Esta estrategia coincide, además, con uno de los mayores desafíos nacionales: alcanzar la soberanía alimentaria. Venezuela dispone de millones de hectáreas con alto potencial agroecológico, abundantes recursos hídricos y una extraordinaria diversidad biológica; sin embargo, la población rural representa cerca del 11% de la población total nacional, lo que limita el aprovechamiento sostenible de ese enorme patrimonio territorial

El fortalecimiento de la ruralidad debe dejar de verse únicamente como una política agrícola y convertirse en una política de seguridad de Estado, de ordenamiento territorial y de reducción del riesgo de desastres

Los recientes eventos sísmicos deben convertirse en un punto de inflexión. Venezuela tiene la oportunidad de corregir un modelo de ocupación territorial que ha concentrado población, infraestructura y actividad económica en la región de mayor amenaza geológica, mientras amplias zonas del país con extraordinarias condiciones para la producción agroalimentaria permanecen subutilizadas. Proteger la vida de los venezolanos, garantizar la soberanía alimentaria y construir un desarrollo territorial equilibrado no son objetivos separados; forman parte de una misma visión de Estado que debe orientar las decisiones públicas durante las próximas décadas

En este contexto, se proponen las siguientes acciones prioritarias para el Gobierno Nacional:

  1. Elaborar la microzonificación sísmica de La Guaira y de todas las ciudades ubicadas en el eje centro-norte costero antes de autorizar nuevos desarrollos urbanísticos
  2. Actualizar y hacer cumplir estrictamente las normas venezolanas de construcción sismorresistente, fortaleciendo la inspección técnica durante la ejecución de las obras
  3. Diseñar un programa progresivo de reubicación de familias asentadas en zonas de riesgo no mitigable, garantizando viviendas seguras, servicios públicos y oportunidades de desarrollo construyendo las ciudades agroproductivas
  4. Impulsar un Plan Nacional de Desarrollo del Interior, orientado a consolidar ciudades agroproductivas, parques agroindustriales y nuevos asentamientos planificados en regiones con menor amenaza sísmica y mayor potencial productivo
  5. Crear la Gran Misión Vuelta al Campo para incentivar la migración productiva hacia el medio rural mediante programas de producción agropecuarios, créditos, infraestructura, sistemas de riego, conectividad digital, educación, salud y servicios en general, programas de apoyo a jóvenes productores, con el propósito de incrementar la población rural y fortalecer la producción nacional de alimentos
  6. Integrar la planificación territorial, la política de vivienda, la seguridad alimentaria y la gestión del riesgo dentro de una misma estrategia nacional de desarrollo sostenible

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