La construcción y uso de la pregunta como método y herramienta existencial para la investigación periodística sintetiza y expresa, de manera inexorable, la esencia e intencionalidad política y comunicacional del periodista y del medio de comunicación para el cual trabaja, de ser el caso.
En la matemática subyacente que determina y articula los algoritmos de las redes sociales, cualquier mínima variante en la formulación numérica expresada en esa ecuación digital denominada Pregunta, arroja unívocas respuestas que responden solo, precisamente, a la indagatoria formulada; no a otra.
Los párrafos escritos revelan, entonces, desde dos ángulos epistémicos diferentes, que los presupuestos y sesgos éticos, políticos, culturales, sociales del periodista y del medio quedan plasmados y son delatados tan pronto los periodistas pronuncian sus preguntas como principales herramientas indagatorias.
Vemos entonces que intrínseco en esas preguntas se halla, tal como dice Gabriel García Márquez, la postura del periodista y del medio para el cual trabaja, de forma tal que los tratamientos ético políticos aplicados a los argumentos con los cuales reconstruyen las realidades quedan insertos en las preguntas.
Bastaría mencionar que dentro de las tantísimas conductas (anti)éticas empleadas se encuentra la contextomía, es decir, la falacia de citar fuera de contexto, que para los casos que nos inquietan es la de construir preguntas partiendo de realidades fragmentadas, carentes de antecedentes y de variables determinantes de la indagatoria que busca despejar.
Hagamos aplicación de esta teoría a las preguntas formuladas a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, durante la rueda de prensa del pasado 02 de julio, sobre las acciones de salvamento y reconstrucción de las personas y edificaciones afectadas por los dos terremotos del pasado 24 de junio, hechas por los periodistas María Martín, del medio español, El País; y Julio Vaqueiro, de la cadena de Miami, Telemundo.
Sin llamarla «Presidenta encargada» ni ofrecer otra muestra de cortesía que no sea las Buenas noches, la periodista Martín preguntó: “Ustedes hablan de una respuesta inmediata, pero la inmensa mayoría de las personas que hemos entrevistado en estos días, ellos cuentan que han estado abandonados al menos las primeras 72 horas. Esto lo hemos podido comprobar nosotros en el terreno, donde en esas primeras horas era bastante difícil encontrar funcionarios públicos implicados en los rescates y donde no había medios ni maquinaria ni siquiera papel o bolígrafo para apuntar los nombres de los cadáveres. Mi pregunta es: ¿Por qué el despliegue de la fuerza pública fue tan lento y descoordinado?”.
La periodista se queja de la ausencia de funcionarios públicos y de personas abandonadas en las primeras 72 horas posteriores a dos terremotos consecutivos superiores a 7 grados, obviando que esos mismos terremotos causaron la muerte de muchos de esos mismos funcionarios, fracturaron el aeropuerto así como muchas vías de acceso a las edificaciones derribadas, creando un cuadro de catástrofe que obstaculiza el envío de maquinaria y personal especializado.
Prologar la pregunta con la grave calamidad de no hallar bolígrafo ni libreta en tiendas de útiles escolares que, según su intencionado desentender, estaban cerradas por culpa y ausencia de funcionarios gubernamentales, y para nada tomar en cuenta la condición de país bloqueado e imposibilitado de disponer de suficientes equipos y maquinarias por estar impedido de acceder a sus cuentas y activos en el exterior, es hacer que la noticia no provenga de la respuesta, sino de la misma falacia construida con la pregunta.
El otro periodista, Vaqueiro, de Telemundo, pregunta: «Buenas noches. Gracias presidenta. Quiero insistir en el despliegue de la ayuda de la cual habla. Usted sostiene que fue inmediato pero hemos recorrido La Guaira. Hemos hablado con muchas personas y muy pocos, ninguno debo decir, coincide con eso. Hay muchos venezolanos hoy que se sienten olvidados y hay muchas críticas duras a la reacción de su gobierno. Se han visto militares con armas y no con palas. ¿Qué le dice hoy a esos venezolanos que, más allá de esos laboratorios mediáticos, se sienten despojados y olvidados por su gobierno?
Al discutible y poco comprensible uso del calificativo despojo, a la falacia de contextomio el periodista añade aquí la «Falacia de caso particular» , conocida también como la generalización apresurada o falacia de evidencia anecdótica, que ocurre cuando se saca una conclusión universal a partir de una muestra pequeña, un caso aislado o una experiencia personal. Al igual que Martín, Vaqueiro intenta hacer que la noticia no provenga de la respuesta, sino de la misma falacia construida con la pregunta.
A la fecha se han rescatado 6.462 personas y se han atentido 86.794, lo cual indica el contacto presencial y la ayuda brindada por los funcionarios del Estado y el personal rescatista internacional.
T / Werther Sandoval
F / Cortesía
