Las proyecciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas de Medio Plazo han encendido las alarmas al indicar un 98 por ciento de probabilidad de que El Niño se forme antes de agosto. Según los modelos climáticos, existe un 80 por ciento de posibilidad de que el evento sea fuerte y un preocupante 22 por ciento de que alcance la categoría de “Súper El Niño” por el calentamiento del Pacífico.
En Suramérica, un evento de esta magnitud golpearía con cambios extremos en los regímenes de lluvias y un aumento en la frecuencia de desastres naturales. En países como Brasil, se prevén veranos significativamente más calurosos e inviernos menos rigurosos debido a que el calentamiento oceánico dificulta el avance de los frentes fríos hacia el sur del continente.
El fenómeno El Niño forma parte del ciclo ENOS y se caracteriza por el debilitamiento de los vientos alisios que permite a las aguas cálidas emerger en la superficie. Aunque la atmósfera aún refleja la influencia de un episodio débil de La Niña, organismos como la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) prevén una transición hacia condiciones neutrales durante los próximos meses.
Una de las mayores preocupaciones de los expertos es el impacto que este calentamiento tendrá sobre la temperatura media global al sumarse al efecto del cambio climático actual. Un evento de categoría “Súper” podría impulsar la aparición de nuevos récords de calor a escala planetaria, afectando gravemente a ecosistemas sensibles como los arrecifes de coral del Caribe.
A pesar de la solidez de los datos, los meteorólogos advierten sobre la barrera de predicción de primavera que genera altos niveles de incertidumbre en los modelos actuales. Los especialistas comparan el pronóstico con intentar ver a través de la niebla, esperando que hacia el mes de junio las tendencias se consoliden con mayor nitidez científica.
Ante la situación, se mantiene un monitoreo constante sobre el Pacífico tropical para anticipar cualquier aceleración en el fortalecimiento del fenómeno hacia finales del otoño. De materializarse las simulaciones más intensas, el 2026 podría ser recordado como un año de transformaciones meteorológicas sin precedentes que pondrán a prueba la resiliencia de todas las naciones.
