Han pasado más de 20 días y el Gobierno Bolivariano sigue gobernando. Se están haciendo los preparativos para conmemorar el Bicentenario del Congreso de Panamá y la II edición de la Olimpiada Venezolana de Astronomía, la selección nacional de voleibol masculino sub-17 clasificó, por primera vez en su historia, al Campeonato Mundial y Venezuela participa en la 46.ª edición de la Feria Internacional de Turismo en Madrid.
Es decir, la vida continúa, pero hay algo distinto en el aire. Hay un proceso de reuniones, negociaciones y acuerdos con el país que ha marcado el pulso y el accionar de la oposición venezolana durante más de dos décadas. Y ese proceso lo lleva adelante el Gobierno Bolivariano, liderado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y lo está llevando a cabo sin que el país éste viviendo una convulsión social. Se han continuado realizando las excarcelaciones en pro de la reconciliación nacional, se llevará a cabo la primera Consulta Popular Nacional el 8 de marzo y no han parado las manifestaciones populares por la libertad y retorno del Presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Muy interesante que fue el propio EEUU quien fulminó a la principal representante de la derecha extrema que ellos mismos crearon, estamos hablando de María Corina Machado. Lo que ocurrió el 3 de enero fue un nuevo capítulo en el pulso de fuerza entre la voluntad del pueblo venezolano en decidir su destino y la nueva versión de la doctrina Monroe, ahora llamada “Donroe 2.0”.
Donald Trump, que conoce muy bien la dinámica mediática, declara constantemente, que él decide prácticamente todo en Venezuela. Pero, ¿realmente es así?
Trump, acostumbrado a reuniones de negocios, de pactos cerrados, de “tirar la piedra y esconder la mano”, y según los medios de comunicación de su propio país, de mentir, mentir y mentir, no puede comprender la variable del “ser venezolano”.
Todos los consejos comunales, comunas, todo lo fomentado en más de 25 años de Revolución Bolivariana en organización popular, en vivir lo posible (con todos los problemas con los que nos hemos enfrentado) late en el país. Late con fuerza.
En cada encuentro, cada conversa, cada vez que nos apoyamos y compartimos, construimos, no solo políticas desde nuestras propias realidades, sino lo más importante: lazos de afecto y de compañerismo.
Es que como pueblo no vivimos con miedo, si algo, tendemos a estar pendientes unos de otros y eso es algo que Trump no está en condiciones de asimilar. Él no funciona así, tiene otra lógica, la del más fuerte, la de hacer valer que son una potencia, que los EEUU no tiene que regirse por marcos jurídicos internacionales, y que prácticamente puede hacer lo que quiere. Pero el país, nuestro país, sigue aquí.
Entonces, así como durante cinco meses de asedio, continuamos con nuestra vida, no estábamos temblando, ni escondidos, ni mucho menos dejando de vivir, sigamos, porque la geopolítica se mueve, se está reconfigurando y aquí, no ha culminado nada.
Ana Maneiro Brumlik
