No hay duda en este punto que la entereza y valentía del pueblo venezolano y de todas sus instituciones, públicas y privadas, tangibles e intangibles, para atender las consecuencias del doble terremoto que nos azotó el pasado 24 de junio enmarcan ese alma nacional que nos caracteriza, que nos aleja por completo de ser un nefasto «estado 51», y si en cambio una Nación libre, independiente y soberana, proclamando aquello que Bolívar le expresó a Sucre: «La gloria está en ser grande y ser útil».
Sin embargo no falta quien trate de echar por tierra el inmenso esfuerzo de toda una Nación para recuperarse de esta tragedia nacional, tratando de sacar provecho político de algo tan doloroso, e incluso desviando el camino del centro estratégico del accionar nacional, centrado en lo humano, en atender en especial a nuestra gente del Estado La Guaira.
Por ende toca hacer un pequeño paréntesis en la atención de los efectos de esta tragedia, para visualizar dos temas vinculados a la política, que están siendo abiertamente manipulados por politiqueros de todo tipo.
Uno de esos asuntos tiene que ver con el inicio de la hoja de ruta, a partir del 1ero de agosto, entre la delegación del Gobierno Bolivariano, encabezada por el Presidente de la Asamblea Nacional, Diputado Jorge Rodríguez, y una delegación de ex diputados de la Asamblea Nacional, período constitucional 2015 – 2021, encabezada por Dinorah Figuera; tema del cual se ha dicho toda clase de medias verdades, mentiras abiertas y manipulaciones interesadas.
La realidad concreta es que estamos ante un nuevo intento de diálogo, que por cierto tratará de nacionalizar la búsqueda de soluciones al conflicto político venezolano, dentro de un proceso donde de manera ineludible deben ser incorporadas las acciones posibles para seguir avanzando en las etapas de atención de la tragedia causada por el doble terremoto.
Cualquier otro tema de la complejidad de asuntos político – institucionales que deban abordarse en dicha instancia responderán a la consecución de consensos y acuerdos que vuelvan agonal la confrontación política, es decir sujeta a reglas acordadas por todos y apegadas a la Constitución Nacional, y debiendo todos y todas con racionalidad, inteligencia y sobre todo compromiso asumir las conductas que ello nos impone.
El resto son visiones interesadas y bastante divorciadas de la realidad política actual, especialmente por parte de un extremismo desesperado que debe alistarse a pedir perdón a todo el país por su accionar antinacional, irresponsable políticamente y abiertamente antidemocrático, tema que les tocará asumir por mucho que busquen sacarle el cuerpo.
El segundo asunto es bastante risible. Ya que un informe de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU, CIA por sus siglas en inglés, viene a confirmar que el sistema electoral de Venezuela es tan sólido e invulnerable que al hacer seguimiento durante década y media no consiguieron nada, ni una incidencia.
Con razón el «célebre» dirigente de un Partido Político opositor que a los cuatro vientos dijo que el 15 de agosto de 2004 hubo fraude electoral en nuestro país, aún no consigue las pruebas del mismo.
Si la inteligencia de EEUU no consigue nada tal vez él diga: «sigo buscando».
