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  • Delcy Rodríguez ratificó en la ONU compromiso de Venezuela con la paz 

    Delcy Rodríguez ratificó en la ONU compromiso de Venezuela con la paz 

    Durante su participación en el 81.° periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la presidenta de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, expresó ayer la voluntad del país de construir un futuro de paz, estabilidad y desarrollo que beneficie a los pueblos del mundo.

    La Jefa de Estado reflexionó sobre los principales desafíos que enfrenta la humanidad, entre los que destacan la consolidación de la paz, la igualdad, la seguridad energética, la crisis climática, el libre comercio, el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial. “Venezuela ha mantenido y mantiene un firme apego a la paz y al rechazo absoluto a la violencia. Que sean el entendimiento y el diálogo los mecanismos que prevalezcan sobre el conflicto”, enfatizó.

    En ese sentido, la presidenta Rodríguez expresó la solidaridad de Venezuela con los pueblos que sufren las consecuencias de los conflictos armados globales, al reafirmar que una paz justa y duradera “no es una aspiración ingenua, sino la única salida verdaderamente humana”.

    A continuación, el texto íntegro del discurso de la presidenta Delcy Rodríguez en el 81.° periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de la ONU:

     

    Secretario General Antonio Guterres,

    Sr. Presidente de la 81 Asamblea General ONU,

    Distinguidos jefes de estado, jefes de gobierno y de delegaciones,

     

    He estado en este estrado en diferentes momentos de mi vida como funcionaria. Primero como Canciller, luego como Vicepresidenta Ejecutiva y ahora como Presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela.

    En todos esos momentos han sido motivo de reflexión los grandes temas, aspiraciones y preocupaciones de la humanidad: la paz, el desarrollo, la igualdad, la crisis climática, el libre comercio, la seguridad energética; y más recientemente, la Inteligencia Artificial.

    Sobre estos desafíos Venezuela ha mantenido y mantiene líneas muy claras:

    1. Su apego a la paz y el rechazo a la violencia, el entendimiento y el diálogo sobre el conflicto. Creemos firmemente en el poder del entendimiento y el diálogo.

    Venezuela, que hoy sabe lo que es levantar a sus hijos de entre los escombros, extiende su solidaridad más profunda a todos los pueblos que sufren la guerra, y reafirma, sin ambigüedades, que la paz —una paz justa, duradera, con dignidad para todas las partes— no es una aspiración ingenua, sino la única salida verdaderamente humana.

    2. El desarrollo inclusivo con justicia social para mitigar la pobreza y aliviar el sufrimiento de cientos de millones de personas concentradas principalmente en el sur global.

    Sabemos que las sanciones socavan las libertades económicas, financieras y retardan el desarrollo humano.

    3. Creemos en el respeto a los derechos de la naturaleza como única vía de consagración de la vida humana.

    4. De igual forma, el fracaso institucional del comercio global es evidente porque ninguna Nación puede prosperar bajo esquemas supranacionales que no promuevan la industria nacional y premien la deslocalización;

    5. Por otro lado, la estabilidad internacional exige resolver el trilema energético: garantizar simultáneamente la seguridad del suministro, precios asequibles para el desarrollo y sostenibilidad ambiental. Promover cronogramas de descarbonización forzados es una amenaza directa a la seguridad alimentaria, el empleo, la producción. Debemos evitar colapsos industriales, quiebres productivos y costos energéticos insoportables.

    La seguridad energética se hace imprescindible para el sostenimiento de la economía internacional y el desarrollo. Sin duda alguna Venezuela juega y jugará un papel muy importante en esta fórmula internacional.

    Resalto el recién acuerdo binacional EEUU-Venezuela como uno de los mas grandes jamás suscrito y que contribuirá al equilibrio energético del hemisferio.

    6. Mención aparte, la Inteligencia Artificial, que supone una verdadera revolución tecnológica. Estamos en presencia de un hito de transformación de la humanidad, que bien empleada significará un desarrollo sin precedentes en la salud, ambiente, los procesos productivos y la vida en general. Los gobiernos, el sector tecnológico, la comunidad científica tienen la inmensa responsabilidad de no desviar el propósito constructivo y vital de la IA para beneficio de los ciudadanos, así como de no profundizar la brecha y la desigualdad digital en el mundo.

    7. No puedo dejar de mencionar en este espacio, sede de la legalidad internacional, nuestra reafirmación de los históricos derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba, y el llamado a la República Cooperativa de Guyana a volver a las negociaciones tal como lo ordena el Acuerdo de Ginebra. Los acuerdos que más perduran son los que provienen de negociaciones bilaterales por encima de organismos externos.

    Para quienes se preguntan de qué lado esta Venezuela, allí están nuestras líneas y referentes. Nuestro bando es el de los ciudadanos del mundo que procuran su felicidad, su desarrollo y su libertad.

    Mucho se dice sobre Venezuela. Muchos opinan sobre Venezuela. Algunos intentan interferir en los asuntos de Venezuela.

    Vengo a hablarles de una Venezuela cuya vida nacional, ha estado afectada por una crisis de convivencia política que perturbó la vida nacional y nuestra interacción con el mundo. Se impusieron intereses ajenos al bien común de los venezolanos.

    En 2026, Venezuela ha vivido dos grandes y dolorosas pruebas en su vida como nación: una derivada del estrangulamiento de la política interna y la confrontación agudizada con los Estados Unidos de América. Otra, proveniente de la fiereza de la naturaleza: el doble terremoto del 24 de junio.

    A pesar de estos “golpes de la vida tan fuertes” como diría el poeta César Vallejo, para los venezolanos y venezolanas hoy “Venezuela renace”.

    Venezuela Renace resume la actitud que nuestro pueblo ha asumido frente a estos dos acontecimientos.

    La transformación de una relación política fundamentada en el diálogo, la negociación y la diplomacia.

    Por eso hoy, Venezuela aspira con Estados Unidos, con sus vecinos, con todos los países de nuestro continente y con la comunidad internacional reconstruir y sostener relaciones de respeto e igualdad.

    Quiero en esta 81 Asamblea General de la ONU, agradecer al Presidente Donald Trump y a su Gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela. La última vez que dos presidentes de Venezuela y los EEUU se reunieron fue en el año 2009.

    Hoy trabajamos seriamente para dirimir a través del diálogo las diferencias existentes y, abonar los caminos para el relacionamiento energético, la promoción de seguridad, la lucha contra el crimen transnacional y la cooperación económica en beneficio de ambos pueblos y de nuestro continente.

    Por otro lado, la reconstrucción material, moral y espiritual de nuestra patria azotada por una devastadora tragedia natural.

    Quiero agradecer a todos los países de América, Europa, Asia, África, Medio Oriente, así como a todo el sistema de las Naciones Unidas que brindaron su solidaridad y apoyo al pueblo venezolano durante las horas más oscuras causadas por el doble terremoto. En Venezuela sentimos el verdadero espíritu que inspiró la creación de esta organización.

    Hay momentos en la historia de los pueblos en que la tragedia, paradójicamente, se convierte en el punto de quiebre hacia algo nuevo. No porque el dolor sea deseable, sino porque nos obliga a mirar de frente lo esencial y a dejar atrás lo que ya no nos sirve. Venezuela vive hoy uno de esos momentos.

    Vengo a esta Asamblea como una hija más de Venezuela a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos que cerraron sus espacios para que las distintas corrientes encontraran un lugar para dirimir sus diferencias y en medio de un duro bloqueo económico que dio al traste con el modelo de desarrollo de inclusión e igualdad.

    Durante demasiado tiempo fuimos un país dividido entre trincheras, donde el color de una bandera partidista pesaba más que el apellido común que todos compartimos: venezolanos.

    Esa etapa debe cerrarse, para iniciar un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia adelante juntos, y encontrar en el diálogo político respetuoso un espacio genuino para dirimir las diferencias que como venezolanos tenemos. Buscando siempre un horizonte a favor del país.

    Me complace anunciar que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su Renacer. Un proceso ordenado, institucional y verificable, para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo. Un proceso de cambio político, económico y espiritual de reformas estructurales para el Renacer de Venezuela. Para el renacer de nuestra nación.

    Para el renacer de nuestro pueblo. Se trata de construir un país donde nadie tenga que ganar desconociendo al otro, porque todos —, especialmente los jóvenes que apenas empiezan su socialización política— somos Venezuela.

    Tenemos que aspirar a una Venezuela cuya clase política esté íntimamente comprometida con los intereses nacionales por encima de cualquier cosa, y no esté secuestrada por algoritmos mediáticos.

    Conozco muy bien a Venezuela, agradezco a Dios la oportunidad que me ha brindado para conocer los espacios institucionales en distintos sectores de la vida pública. Se donde están las puertas que se deben abrir para la transformación profunda de Venezuela, y para la edificación de las nuevas bases para una economía al servicio del desarrollo nacional, de una justicia cabal para todos sin distingo de clase social o política, y de consolidar un sistema de justicia e igualdad social como lo concibió nuestro padre libertador Simón Bolívar en Angostura.

    Quiero que de los escombros de la división levantemos los cimientos de una República nueva, plural, profundamente espiritual y en paz consigo misma. Pero también en paz con un mundo lamentablemente cada día mas polarizado.

    La historia nos ha enseñado que algunas de las transiciones democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura, sino de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones.

    Esa es la inspiración. No la reproducción de una historia ajena, sino el aprendizaje de una idea universal: la legalidad puede ser el camino hacia una legalidad mejor.

    Una nación no renace solamente reconstruyendo edificios. Renace cuando reconstruye la confianza en sus instituciones. Por eso quiero anunciar y reafirmar, con precisión, ante ustedes los pilares de este proceso:

    Primero, una reforma jurídica ordenada. Venezuela ha emprendido un proceso de revisión institucional para fortalecer el funcionamiento del Estado y pueda brindar la seguridad jurídica, que no solo los inversionistas necesitan, sino también nuestros ciudadanos, que no se sientan atropellados por un poder arbitrario, sino que esté a su servicio.

    Segundo, la apertura política plena. Venezuela garantizará condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas del país. La democracia no se mide por la existencia de elecciones, sino por la calidad de la competencia que las precede. Una elección debe convertirse en una solución, no en un generador de conflictos irreconciliables.

    Quiero decirlo muy claro. En Venezuela habrá elecciones.

    Ya hemos iniciado un diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones para todos. El pueblo venezolano con su sabiduría ancestral determinará el momento correcto, y sus instituciones estarán preparadas para garantizar ese proceso inclusivo y transparente.

    Un país que no esté sometido a restricciones económicas de ningún tipo para que se garantice su derecho al desarrollo.

    El resto y las reacciones espasmódicas de adentro y de afuera forman parte del espectáculo que ya no quieren ver los venezolanos.

    Venezuela debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica.

    Y allí pido el acompañamiento internacional, para que respalden de buena voluntad los cambios que Venezuela necesita, desde el respeto a la autodeterminación de mi pueblo. Venezuela quiere respirar libre, ejercer sus derechos como Nación soberana, sin ningún tipo de intromisión. Venezuela quiere y debe ser respetada.

    Vengo a asumir, hacia adelante, una responsabilidad histórica: la de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena, reconocida por su propio pueblo y por el mundo. Una nueva etapa de bienestar para el renacer de Venezuela.

    A mi pueblo le digo: este no es el final de un discurso, es el comienzo de un compromiso. A la comunidad internacional le digo: Venezuela está lista para caminar de la mano de quienes crean en el relacionamiento internacional respetuoso, sin intromisiones ni prejuzgamientos.

    A los jóvenes, que han crecido viendo un país fracturado y que muchas veces decidieron partir buscando lo que aquí no encontraban: les digo que vale la pena creer de nuevo. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar, y no solamente aquel del que muchos quisieron huir.

    Y a cada venezolano que hoy, en medio de la pérdida material o humana que dejó el terremoto, se pregunta si vale la pena seguir de pie: les respondo que sí. Que la fuerza de este pueblo no se mide en los momentos fáciles, sino precisamente en los momentos como éste. Que de cada catástrofe que hemos vivido como nación, siempre hemos salido más unidos de lo que estábamos antes de que ocurriera.

    Venezolanos: No les prometo un camino fácil. La recuperación del país tomará un tiempo; la reconstrucción del alma nacional será nuestra prioridad. Caminaremos unidos como una sola nación que decidió, después del dolor, elegir la esperanza.

    Que este momento político y geopolítico quede en la historia como el día en que decidimos levantarnos, todos juntos, para construir el renacer de la República.

    El 16 de diciembre se cumplirán 200 años del llamado angustiado del Libertador Simón Bolívar al pueblo de Venezuela para salvarlo de la disolución, la división y la guerra civil. Dijo: «Venezolanos!.. Seréis consultados para que digáis cuándo, dónde y en qué términos queréis celebrar la Gran Convención Nacional. Allí el pueblo ejercerá libremente su omnipotencia, allí decretará sus leyes fundamentales. Tan sólo él conoce su bien y es dueño de su suerte; pero no un poderoso, ni un partido, ni una fracción. Nadie sino el pueblo es soberano».

    Ni un poderoso. Ni un partido, ni una facción: todos juntos arrimemos nuestro esfuerzo para el renacimiento de la Patria próspera que merecen nuestras hijas y nuestros hijos

    Que Dios bendiga a Venezuela, y que la unión de su pueblo sea, de ahora en adelante, nuestra bandera más grande. Vamos juntos a construir el renacimiento de Venezuela.

    Muchas gracias.

     

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