En el marco del segmento de alto nivel de la octogésima primera sesión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, el secretario general, António Guterres, expuso un balance crítico sobre el escenario internacional aunque evitó aludir directamente a los responsables de los problemas que advirtió a la sala.
Durante su alocución, el funcionario advirtió que la redefinición del poder en el siglo XXI se ejerce al margen del derecho internacional, desencadenando conflictos devastadores, impunidad violenta y el incremento de la brecha económica y tecnológica entre las potencias y el Sur Global.
Guterres precisó que el escenario internacional enfrenta agresiones sistemáticas contra los pueblos y violaciones flagrantes a la Carta fundacional de las Naciones Unidas.
Al referirse al conflicto en Ucrania, denunció que la agresión militar cobró la vida de civiles tanto en suelo ucraniano como en ciertas partes de Rusia, afectando la infraestructura energética y desestabilizando la cadena de suministros de alimentos a escala planetaria.
De igual forma, señaló la crisis en Sudán, impulsada por actores externos donde los drones atacan hospitales y viviendas, causando desplazamientos masivos e inseguridad alimentaria, así como la situación en Myanmar, otra crisis que calificó al borde del olvido institucional.
Estructuras desfasadas e inoperancia del Consejo de Seguridad
El máximo representante de la ONU afirmó que estas crisis atestiguan lo que ocurre cuando el poder escapa a todo control y la fuerza se sitúa por encima de la diplomacia.
Exigió que la protección de los civiles se aplique sin excepción y sin doble moral, al tiempo que emplazó a reformar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por no reflejar la realidad del mundo actual, cuya configuración responde a los intereses de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.
Guterres remarcó que el ejemplo más flagrante de esta arquitectura desfasada recae sobre el continente africano. «Cuando se fundaron las Naciones Unidas, la mayor parte de África todavía se encontraba bajo dominio colonial. Hoy, África sigue sin tener representación permanente en el Consejo. Que no haya puestos africanos permanentes en el Consejo de Seguridad en el siglo XXI es injusto e indefendible», aseveró.
Desigualdad estructural y la brecha financiera del Sur Global
En su análisis de las pruebas del poder mundial, el diplomático enfatizó que la desigualdad es un problema de decisión política sobre quién accede a las oportunidades. Denunció que mientras la globalización prometió ampliar horizontes, su aplicación práctica generó la exclusión de miles de millones de personas privadas de alimentos, agua potable, salud y empleo digno.
Frente al endeudamiento de los países en desarrollo, exhortó a la reestructuración de la arquitectura financiera internacional para garantizar el alivio de las deudas a tiempo y la asignación de Derechos Especiales de Giro a las naciones más vulnerables.
Asimismo, catalogó la discriminación contra las mujeres como un atropello y señaló que se hace de su cuerpo un campo de batalla. Tras destacar la paridad de género alcanzada en la cúpula directiva de la ONU como un hito histórico, declaró que «la igualdad no es un sueño, es una decisión».
Crisis climática y saqueo corporativo
Al abordar la tercera prueba del poder, la crisis climática, Guterres recordó las advertencias formuladas hace tres años sobre el derretimiento de los glaciares en Nepal y confirmó que la temperatura media global sobrepasará el límite de 1.5 grados.
Afirmó que «el sol no le pertenece a nadie, el viento no se puede embargar», situando en las energías limpias una oportunidad para descentralizar la hegemonía energética. Sin embargo, apuntó directamente contra las grandes corporaciones petroleras por tratar a la atmósfera como una cloaca a cielo abierto.
Reveló que desde el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania, cinco multinacionales petroleras se adjudicaron casi medio billón de dólares en beneficios, cifra contrapuesta a los 34.000 millones de dólares asignados a los países en desarrollo para la adaptación.
Bajo la premisa de que «quien contamina, paga», instó a que el Fondo de Respuesta para Pérdidas y Daños opere con financiamiento real y exigió poner fin al extractivismo en el Sur Global: «Basta ya de saqueo, basta ya de explotación».
Inteligencia Artificial y desregulación tecnológica
En cuanto a la cuarta prueba del poder, la inteligencia artificial, Guterres alertó que el peligro radica en la tecnología sin rendición de cuentas, avanzando a velocidades que desafían la gobernanza estatal. Comparó el riesgo de la inteligencia artificial descontrolada con el peligro del armamento nuclear durante la Guerra Fría y urgió a establecer un marco de coordinación multilateral respaldado por la ONU.
El titular del organismo enfatizó que los niños no deben convertirse en conejillos de indias de sistemas no regulados y exigió la prohibición absoluta del uso de la tecnología autónoma para la guerra: «Los robots letales no deben tener cabida en nuestro futuro».
Balance institucional y pasividad histórica de la ONU
En la fase final de su alocución, el funcionario resaltó que las Naciones Unidas fueron creadas como un acto de rebeldía colectiva frente a la idea de que la fuerza da la razón. Recordando que restan solo 100 días para culminar su mandato al frente de la Secretaría General, Guterres manifestó: «El mayor poder no es el de dominar, sino el de construir un futuro que funcione para todos».
A pesar del llamado a la conciencia formulado por António Guterres en el cierre de su gestión, el balance de su decenio refleja la inacción de la Secretaría General ante las continuas violaciones al derecho internacional, agresiones militares y medidas coercitivas unilaterales perpetradas por Estados Unidos y sus aliados occidentales.
El discurso omitió señalar explícitamente a las potencias hegemónicas responsables de la desestabilización global y la imposición de bloqueos económicos, manteniendo una posición pasiva que evitó responsabilizar a los centros de poder que instrumentalizan el organismo multilateral para perpetuar la impunidad.
El ejercicio del poder internacional debe someterse al derecho multilateral y a la Carta fundacional de las Naciones Unidas, sobre la premisa de que no existe paz sin desarrollo ni desarrollo sin el pleno respeto a la soberanía de los pueblos.
F/Telesur
