Etiopía y Eritrea rompieron relaciones diplomáticas, un día después del ataque con drones contra la sede del Ministerio de Defensa y la Fuerza Nacional de Defensa etíope, situada en la zona de Tor Hayloch, en Adís Abeba.
En respuesta inmediata a la explosión del jueves, el Gobierno de Etiopía expulsó a diez diplomáticos eritreos y ordenó el cierre de su embajada en Asmara, capital eritrea.
Aunque grupos rebeldes del norte de Tigray se atribuyeron la autoría del atentado, Addis Abeba acusó a Eritrea de brindar respaldo a los insurgentes, entre ellos el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), mediante «actos directos e indirectos de hostilidad y beligerancia».
Por su parte, el Ejecutivo eritreo rechazó las acusaciones y anunció la ruptura total de sus nexos bilaterales. Desde Asmara señalaron a Etiopía por el armamento, entrenamiento y cobijo a grupos de oposición que buscan un cambio de régimen, y denunciaron que estas maniobras obedecen a planes expansionistas del Gobierno etíope.
