El camino hacia la Copa del Mundo 2026 enfrenta una nueva tormenta. Joseph Blatter, Expresidente de la FIFA, cuestionó la idoneidad de Estados Unidos como sede principal del torneo mundial.
A pesar de su inhabilitación vigente hasta 2027 por el caso «FIFA Gate», el exdirigente suizo ha lanzado duras críticas basadas en la actual coyuntura sociopolítica entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
Blatter sostiene que el espíritu de paz y unión que debe caracterizar al Mundial se ha visto erosionado por el clima de incertidumbre que impera bajo la administración de Donald Trump.
La intensificación de las redadas del ICE y la implementación de leyes migratorias restrictivas no solo afectan la movilidad, sino que a juicio del exdirigente, fracturan la hospitalidad necesaria para recibir al mundo.
Estas tensiones se ven agravadas por una diplomacia volátil, donde las amenazas de represalias arancelarias contra socios europeos derivadas de la intención de anexar Groenlandia han puesto en entredicho la seguridad jurídica que la FIFA exige a sus anfitriones.
A estas preocupaciones se suman las recientes fracturas diplomáticas. Las amenazas de represalias arancelarias contra aliados europeos han sembrado dudas sobre la seguridad jurídica y la hospitalidad que Estados Unidos puede ofrecer a las delegaciones y aficionados internacionales, un compromiso esencial para cualquier nación anfitriona de la FIFA.
La tesis del «Estado Rebelde» de Mark Pieth
La postura de Blatter encuentra un respaldo técnico en el análisis de Mark Pieth, experto en gobernanza y exasesor de reformas del organismo rector, Pieth sostiene que la nación atraviesa un estado de «tremenda agitación» caracterizado por la marginación de opositores políticos y abusos migratorios.
Bajo este contexto, el jurista introduce dos conceptos críticos que ponen en jaque la organización: Incumplimiento de Estatutos, Pieth define a la sede como un «Estado Rebelde», una categoría que, según el Código de Derechos Humanos y los estatutos de gobernanza de la propia FIFA, debería invalidar su capacidad para organizar el certamen y un precedente ético donde la denuncia sugiere que la ética institucional ha sido sacrificada en favor de intereses comerciales.
Pieth advierte que este patrón de permitir sedes en entornos conflictivos se agrava con la futura adjudicación del Mundial 2034 a Arabia Saudita, considerada el punto más crítico en términos de estándares humanitarios.
F/Telesur
F/EFE
